Boston Celtics sigue siendo la máquina que arrasó la NBA la temporada pasada. En el cuarto partido de su eliminatoria de primera ronda ante los Philadelphia 76ers, los verdes se impusieron con una claridad aplastante: 96-128. El marcador no deja lugar a interpretaciones. Es el segundo partido de la serie en que los Celtics ganan por exactamente 32 puntos de diferencia, una señal inequívoca de quién manda aquí.
El gran protagonista de la noche fue Payton Pritchard, escolta reserva que firmó 32 puntos con seis triples, la segunda mayor anotación de un suplente en la historia de la franquicia en playoffs. Su triple a una pierna antes de que acabara el primer cuarto ya anticipó lo que vendría: un parcial de 18-34 que condenó a los locales a sufrir durante los tres cuartos restantes. Los Celtics terminaron el partido con un 24 de 53 en tiros de tres puntos, un porcentaje brutal que Filadelfia no tuvo forma de frenar.
Jayson Tatum, que regresó hace poco de una lesión en el tendón de Aquiles, volvió a moverse con la soltura de siempre. Acabó con 30 puntos, 11 asistencias y siete rebotes, rozando de nuevo el triple-doble en playoffs. Jaylen Brown sumó otros 20 puntos y el equipo dirigido por Joe Mazzulla llegó al descanso con una ventaja de 18 puntos (38-56) que no hizo más que crecer en la segunda mitad. Boston ganó los cuatro cuartos del partido, un detalle que resume la superioridad mostrada sobre la pista del Wells Fargo Center.
El rebote fue otro de los factores decisivos. Los Celtics capturaron 51 balones por solo 30 de los Sixers, una diferencia de 21 que impidió a Filadelfia generar segundas oportunidades. En este tipo de eliminatorias, ese dominio bajo los aros suele ser tan decisivo como el porcentaje en triples. Boston tuvo ambas cosas a su favor.
La vuelta de Embiid no fue suficiente
El gran interrogante antes del partido era el estado de Joel Embiid, que regresaba a la competición apenas 17 días después de ser operado de apendicitis. El pívot camerunés recibió el alta médica pocas horas antes del partido y saltó a la pista con un corsé de protección abdominal. Fue el mejor de su equipo, con 26 puntos, 10 rebotes y seis asistencias, estadísticas notables para alguien que no había jugado desde el 6 de abril. Sin embargo, su falta de ritmo fue evidente. Anotó los ocho primeros puntos de los Sixers, pero después encadenó siete tiros consecutivos fallados.
Su reaparición generó además un efecto secundario no deseado para Filadelfia: Tyrese Maxey, el mejor jugador de los Sixers esta temporada, quedó en un segundo plano. El base solo intentó tres tiros en la primera mitad mientras el protagonismo recaía sobre Embiid. Maxey acabó con 22 puntos, pero su influencia en el partido fue mucho menor de lo habitual. Meter en ritmo a uno supuso sacar al otro, y eso en un partido de playoffs ante los Celtics es un lujo que los Sixers no pueden permitirse.
Philadelphia necesita ganar los dos próximos partidos para evitar la eliminación. Para lograrlo van a necesitar a Embiid con más rodaje, a Maxey liberado de responsabilidades y, sobre todo, que Boston deje de anotar triples a voluntad. Tres condiciones que, a día de hoy, parecen muy difíciles de cumplir al mismo tiempo.
Hugo González, tres minutos en pista
La abultada diferencia en el marcador permitió que el base español Hugo González volviera a tener minutos. Fue un breve papel testimonial, apenas tres minutos en los que repartió dos asistencias y perdió un balón. No son cifras para el análisis, pero sí una señal de que el joven español sigue en la rotación cuando la situación lo permite.
Con el 3-1 en el bolsillo, los Celtics regresan ahora a Boston para disputar el quinto partido. Pueden cerrar la eliminatoria en casa ante su afición, algo que encajaría a la perfección con el guion de un equipo que aspira a repetir título. La NBA confirmó que el próximo encuentro se disputará en el TD Garden, donde Boston es prácticamente inexpugnable en postemporada.
Los Sixers, por su parte, afrontan una situación casi desesperada. Su temporada ha estado marcada por las lesiones de Embiid, que apenas ha podido jugar con regularidad, y por la incertidumbre sobre el futuro de la franquicia. Forzar el sexto partido requeriría un milagro en Boston. No es imposible, pero las estadísticas de la NBA dicen que los equipos que se ponen 3-1 en primera ronda eliminan a su rival en más del 96% de los casos.