El Comité Técnico de Árbitros (CTA) ha designado a José María Sánchez Martínez para dirigir el partido que el Real Oviedo disputa este fin de semana en el Tartiere, un encuentro con implicaciones directas en la lucha por evitar el descenso a Segunda División. La decisión llama la atención porque se produce apenas días después de que el colegiado murciano fuera corregido en dos ocasiones por el videoarbitraje durante el último encuentro que dirigió, algo que, según la práctica habitual del organismo arbitral, suele conllevar un período de inactividad conocido informalmente como la 'nevera'.
Esa costumbre, no recogida en ningún reglamento oficial pero extendida en los últimos meses dentro del CTA, consistía en apartar temporalmente al árbitro principal cada vez que el VAR tenía que rectificar sus decisiones en dos ocasiones en el mismo partido. La lógica detrás de esta práctica era proteger la imagen del colegiado y preservar la credibilidad del arbitraje. Sin embargo, en el caso de Sánchez Martínez, esa norma informal no se ha aplicado, y el árbitro salta directamente a uno de los partidos más sensibles de la jornada.
Las dos correcciones del VAR que recibió el pasado jueves no fueron menores. En primer lugar, el videoarbitraje anuló un penalti que Sánchez Martínez había señalado a favor de Iván Romero, al entender que el contacto no era suficiente para justificar la pena máxima. Posteriormente, el árbitro asistente de vídeo volvió a intervenir para señalar unas manos de Pablo Martínez dentro del área del equipo levantino, una acción que el colegiado sobre el terreno de juego no había sancionado. Dos rectificaciones en el mismo partido, precisamente el umbral que activaba la costumbre de enviar al árbitro al banquillo durante algunas semanas.
La designación llega en un contexto especialmente delicado para el Real Oviedo, que arrastra también el malestar generado por el arbitraje de De Burgos Bengoetxea en el choque del jueves. El foco del descontento oviedista no recae tanto en el propio colegiado vasco como en las decisiones tomadas desde la sala VOR por Trujillo Suárez. En concreto, la afición y el club tienen en mente la anulación de un penalti detenido por el portero Aarón, que fue mandado repetir por una supuesta invasión del área por parte del jugador Ilyas Chaira. Una jugada que, en opinión de muchos seguidores, condicionó el resultado final y que sigue generando debate en los días posteriores.
El arbitraje en los partidos de descenso lleva años siendo uno de los focos de tensión más recurrentes en el fútbol profesional español. La Real Federación Española de Fútbol y el propio CTA han sido interpelados en múltiples ocasiones por clubes y aficiones que consideran que la gestión de las designaciones carece de transparencia suficiente. La ausencia de criterios públicos y verificables sobre cuándo un árbitro es apartado temporalmente o cuándo puede dirigir partidos de alta tensión es una de las quejas más repetidas por parte de los estamentos del fútbol de Segunda División.
Desde el punto de vista deportivo, el encuentro en el Tartiere tiene una relevancia enorme. El Oviedo se encuentra en una posición comprometida en la tabla y necesita sumar para alejarse de los puestos de descenso directo. En ese escenario, cualquier decisión arbitral que genere polémica adquiere una dimensión amplificada, tanto en el ambiente del estadio como en la percepción pública del partido. La presión sobre Sánchez Martínez será, por tanto, considerable desde el primer minuto.
El debate sobre la transparencia en las designaciones arbitrales no es exclusivo de este caso. Según los datos que maneja LaLiga en sus informes de seguimiento arbitral, la Segunda División concentra un porcentaje relevante de las quejas formales presentadas por los clubes al término de cada jornada, lo que refleja la importancia que los equipos implicados en la lucha por el ascenso y el descenso otorgan a cada decisión sobre el verde. La falta de comunicación oficial sobre los criterios de designación alimenta la percepción de arbitrariedad, independientemente de si las decisiones son correctas o no desde el punto de vista técnico.
Más allá de lo que ocurra dentro del campo, este episodio vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que el fútbol español lleva tiempo sin responder con claridad: ¿quién controla a los árbitros y con qué criterios? Mientras esa respuesta no sea pública y verificable, cada designación polémica seguirá alimentando la desconfianza de clubes, jugadores y aficionados.