En vivo
Buscar

Todo lo que debes saber de 'El diablo viste de Prada 2'

La secuela recupera a Streep, Hathaway y Blunt para explorar la crisis de las revistas impresas frente al poder digital.

Por Carlos García·domingo, 26 de abril de 2026Actualizado hace 21 min·6 min lectura·3 vistas
Ilustración: Todo lo que debes saber de 'El diablo viste de Prada 2' · El Diario Joven

Casi dos décadas después de que Miranda Priestly convirtiera en tendencia el miedo escénico entre los asistentes editoriales, la directora de Runway regresa a las pantallas. 'El diablo viste de Prada 2' no tiene fecha de estreno oficial confirmada en el momento de publicar este artículo, pero ya genera una expectación que pocas secuelas tardías logran en la industria. Y lo hace sin haber proyectado un solo fotograma en salas comerciales.

El fenómeno tiene una explicación bastante clara: la película original de 2006, dirigida por David Frankel y basada en la novela de Lauren Weisberger, dejó una huella cultural que va mucho más allá de la taquilla. Transformó la percepción pública del periodismo de moda, popularizó expresiones que siguen circulando en internet y consolidó a Meryl Streep en un registro que muchos consideran uno de sus mejores trabajos. Esa base es el combustible de la anticipación actual.

El elenco que lo cambia todo

La confirmación más importante es la del regreso de las tres protagonistas principales. Meryl Streep vuelve como Miranda Priestly, Anne Hathaway retoma a Andy Sachs y Emily Blunt regresa como Emily Charlton. Que las tres actrices hayan accedido a repetir no es un detalle menor: significa que el guion les ofreció algo con sustancia real, no un simple ejercicio de nostalgia comercial.

La dinámica entre estos tres personajes era el verdadero motor dramático de la primera entrega, y la secuela apuesta por invertirla. Emily Charlton, que en 2006 era la asistente veterana obsesionada con mantenerse en el favor de Miranda, aparece ahora como alta ejecutiva de un gran conglomerado de lujo al estilo de LVMH. Miranda, por su parte, necesita los contratos publicitarios que Emily controla. La perseguida se convierte en la perseguidora. Es un giro que tiene tanto de comedia ácida como de comentario sobre cómo cambian las jerarquías en el mundo corporativo.

Andy Sachs también presenta una evolución significativa. Si la primera película terminaba con ella abandonando el teléfono móvil de Miranda en una fuente de París para construir una carrera periodística propia, la secuela la devuelve a la industria de la moda, pero desde una posición radicalmente distinta. Ya no es la becaria intimidada: es una editora de reportajes con criterio propio y un historial profesional consolidado. Vuelve a Runway no para servir a Miranda, sino para intentar salvar la revista de su declive.

La trama: Miranda contra el algoritmo

El argumento de la secuela se aleja deliberadamente de 'La venganza viste de Prada', el libro que Weisberger publicó en 2013 como continuación literaria. La película opta por una premisa original centrada en un conflicto que resulta muy reconocible en 2025: el hundimiento de las revistas impresas frente al dominio de las plataformas digitales.

Miranda Priestly, una figura que siempre operó desde la certeza de que su gusto era la última palabra en materia de tendencia, se enfrenta ahora a un ecosistema donde las métricas de engagement y los vídeos virales de TikTok dictan qué es relevante y qué no. Runway necesita anunciantes, y esos anunciantes responden a lógicas que Miranda nunca ha tenido que dominar. La película convierte esa tensión en el eje central del relato.

Este enfoque conecta directamente con una realidad que lleva años sacudiendo al sector editorial. Publicaciones históricas como Vogue o Harper's Bazaar han reducido frecuencias de publicación, recortado plantillas y apostado por plataformas digitales ante la caída sostenida de la difusión impresa. Situar a Miranda Priestly en ese contexto no es solo un recurso dramático: es un espejo bastante fiel de lo que ha ocurrido en las redacciones reales durante la última década.

Producción y escala

Detrás de las cámaras, el equipo creativo es en buena medida el mismo de la primera entrega. David Frankel dirige de nuevo, y Aline Brosh McKenna, responsable del guion original, ha vuelto a escribir el libreto. El rodaje se desarrolló en localizaciones como Nueva York, Milán y Newark, preservando la estética visual de alta gama que caracterizó a la franquicia.

El presupuesto estimado se sitúa entre los 100 y los 150 millones de dólares, una inversión que se traduce en vestuarios de firmas como Chanel, Valentino y Prada, además de una banda sonora con colaboraciones de artistas como Doechii. Para quienes siguieron la primera película tanto por sus diálogos como por sus looks, la propuesta visual parece estar a la altura de las expectativas.

La campaña de promoción también ha sido parte del espectáculo. Durante el rodaje, imágenes y vídeos filtrados convirtieron el proyecto en tema recurrente en redes sociales, generando conversación orgánica que pocas producciones de estudio logran sin invertir en publicidad directa. Esa capacidad para volverse viral encaja, no sin cierta ironía, con la temática central de la película.

Cameos: los confirmados y los que se rumoran

Uno de los elementos que más ha alimentado la anticipación es la lista de posibles apariciones especiales. La producción ha sido deliberadamente ambigua al respecto, lo que ha generado una cadena de especulaciones que por sí sola ha funcionado como estrategia de marketing.

Entre los nombres más citados figura Lady Gaga, vinculada al proyecto tras reportes de filmaciones en Milán que sugerían un papel relacionado con la alta costura europea. En el ámbito del modelaje, Heidi Klum, que ya apareció brevemente en la primera entrega, y figuras más recientes como Anok Yai han sido vistas en el entorno del rodaje neoyorquino. Diseñadores como Donatella Versace y Marc Jacobs también aparecen en las quinielas de cameos del sector de la moda.

Más llamativa resulta la posible presencia de figuras del periodismo y los medios, como la reportera tecnológica Kara Swisher o la exdirectora de Vanity Fair Tina Brown. Si se confirman, aportarían un nivel de realismo al conflicto sobre el declive editorial que muy pocas películas de ficción suelen alcanzar. También se han mencionado a Jon Batiste y Ashley Graham, aunque sin confirmación oficial.

Un detalle que sí ha trascendido con más solidez es que Sydney Sweeney rodó una escena para la película que finalmente fue eliminada por diferencias creativas. Y sobre el posible regreso de Gisele Bündchen en su papel de Serena, las señales son contradictorias: su agente ha hecho insinuaciones, pero no hay nada confirmado.

Lo que sí parece claro, a juzgar por los avances disponibles, es que la película integrará a representantes de la nueva generación de influencers y creadores digitales, completando así el cuadro de un sector mediático en plena transformación. Si la Miranda Priestly de 2006 podía ignorar internet, la de 2025 no tiene ese lujo.

Compartir:XFacebookWhatsAppEmail

Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

También te puede interesar