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Los macacos de Gibraltar comen tierra para aguantar los Doritos de los turistas

Un estudio en Scientific Reports revela que estos primates se automedican con arcilla para contrarrestar la comida basura que les dan los visitantes.

Por Carlos García·viernes, 24 de abril de 2026Actualizado hace unos segundos·4 min lectura·3 vistas
Ilustración: Los macacos de Gibraltar comen tierra para aguantar los Dori · El Diario Joven

Los macacos de Berbería que habitan el Peñón de Gibraltar llevan años acaparando la atención de los visitantes por su costumbre de arrebatar snacks, sándwiches y refrescos a los turistas. Lo que parecía una anécdota pintoresca tiene, sin embargo, consecuencias mucho más serias para la salud de estos animales. Ahora, un equipo de investigadores ha documentado con rigor científico cómo estos primates han desarrollado un mecanismo para compensar el daño que les causa nuestra dieta: comer tierra.

El estudio, publicado en Scientific Reports, recoge numerosos episodios de geofagia, es decir, el consumo deliberado de suelo, entre los grupos de macacos que viven en el Peñón. Los animales ingieren principalmente un tipo de suelo rojizo conocido como terra rossa, aunque los investigadores también documentaron casos en los que la mezcla incluía alquitrán. No se trata de un comportamiento anecdótico ni aislado: los datos muestran una pauta clara y repetida que varía según la época del año.

Por qué la comida basura les sienta tan mal

El sistema digestivo de estos macacos no está diseñado para procesar los alimentos ultraprocesados que conforman buena parte de la dieta humana occidental. El exceso de sal, azúcar y grasas saturadas que contienen productos como las patatas fritas de bolsa o los dulces industriales provoca en estos animales un malestar gastrointestinal significativo. Su microbioma intestinal, adaptado a frutas, semillas, insectos y vegetales, no puede absorber ni neutralizar con facilidad este tipo de compuestos.

Ante ese escenario, la tierra funciona como una suerte de antiácido natural. Las arcillas presentes en el suelo tienen propiedades absorbentes que ayudan a capturar toxinas, amortiguar la acidez gástrica y aliviar la inflamación intestinal. Dicho de otro modo: los macacos de Gibraltar están usando la tierra como si fuera un protector de estómago, un omeprazol que encuentran directamente en el suelo. Además, los científicos señalan que algunos minerales presentes en esa tierra compensan, al menos parcialmente, las carencias nutricionales que genera una dieta basada en comida procesada.

El pico veraniego lo explica todo

Uno de los hallazgos más reveladores del estudio es la correlación temporal entre el consumo de comida basura y la frecuencia con la que los macacos ingieren tierra. La práctica se dispara durante los meses de verano, cuando el Peñón registra su mayor afluencia turística y, por tanto, hay más oportunidades para que los animales accedan a snacks y alimentos procesados. En invierno, cuando los visitantes escasean, el comportamiento decrece de forma notable.

Esta relación directa entre turismo, comida basura y geofagia descarta que se trate de un comportamiento instintivo vinculado a carencias minerales estacionales. La causa apunta directamente a la interferencia humana en la dieta de estos animales, algo que las autoridades de Gibraltar llevan años intentando frenar con carteles y normativas que prohíben dar comida a los macacos, aunque su aplicación práctica sigue siendo un reto.

Una tradición aprendida, no instintiva

Quizá el aspecto más llamativo de la investigación es que la geofagia no parece ser una respuesta puramente instintiva, sino un comportamiento aprendido que se transmite socialmente dentro de los grupos. Los investigadores observaron cómo los macacos más jóvenes imitan a los adultos al ingerir tierra tras consumir alimentos de procedencia humana. Esto convierte la práctica en lo que la ciencia denomina tradición cultural animal: un hábito que se aprende por observación y que se perpetúa en el grupo.

Lo más significativo, desde el punto de vista científico, es que este comportamiento cultural no existía de forma natural en la especie, sino que ha emergido como respuesta a una alteración provocada directamente por el ser humano. Es, en definitiva, un ejemplo de automedicación inducida antropogénicamente: los animales han generado una respuesta adaptativa colectiva ante un problema que nosotros mismos hemos creado.

Esta capacidad de adaptación de los macacos de Berbería resulta notable, pero no debería servir de excusa para seguir ignorando el problema de fondo. Los investigadores advierten de que la exposición crónica a dietas procesadas puede generar alteraciones metabólicas y digestivas a largo plazo en estos animales, por mucho que la tierra mitigue parte del daño inmediato. La geofagia es, en este contexto, una señal de alarma, no una solución sostenible.

Gibraltar alberga la única colonia salvaje de macacos de Berbería en Europa, una especie considerada vulnerable según los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Su protección no depende solo de legislación local, sino también de los hábitos de los millones de turistas que cada año visitan el Peñón con una bolsa de patatas fritas en la mano.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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