Un correo electrónico interno del Departamento de Defensa de Estados Unidos ha puesto sobre la mesa una posibilidad sin precedentes en la historia de la Alianza Atlántica: la expulsión de España de la OTAN. El documento, revelado por la agencia Reuters, detalla una serie de posibles represalias que Washington podría aplicar a aquellos aliados que se negaron a implicarse en la guerra de Irán, algo que el presidente Donald Trump había reclamado de forma reiterada a sus socios europeos.
La existencia de este mensaje convierte la situación en uno de los episodios más tensos en las relaciones entre España y Estados Unidos en décadas. Aunque se trata de un documento interno y no de una posición oficial comunicada por vías diplomáticas formales, su contenido refleja el nivel de malestar que existe en ciertos sectores del Pentágono con los aliados que se desmarcaron de la política exterior más agresiva de la administración Trump respecto a Teherán.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se pronunció sobre el asunto este mismo jueves por la mañana, antes de acudir a la reunión de líderes de la Unión Europea celebrada en Chipre. Sánchez quitó hierro al documento al señalar que su Ejecutivo no trabaja sobre la base de correos electrónicos, sino a partir de documentos y posiciones oficiales. La respuesta del presidente español deja entrever que Madrid no considera este email como una comunicación formal del Gobierno estadounidense, aunque reconoce implícitamente que el contenido ha llegado a sus oídos.
El trasfondo del conflicto hay que buscarlo en el papel que España decidió no jugar en el enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán. Trump, desde su regreso a la Casa Blanca, ha presionado a los países de la OTAN para que se alineen de forma más activa con la estrategia militar estadounidense en Oriente Próximo. España, al igual que otros socios europeos, optó por mantenerse al margen de esa dinámica, lo que ha generado una creciente fricción con Washington.
La posibilidad de que un Estado miembro sea expulsado de la OTAN carece de base jurídica explícita en el Tratado del Atlántico Norte, firmado en 1949. El texto fundacional de la alianza no contempla un mecanismo formal de expulsión, lo que convierte cualquier movimiento en esa dirección en un ejercicio de enorme complejidad legal y política. Esto no significa que sea imposible, pero sí que requeriría una voluntad colectiva de los demás miembros difícil de articular en el contexto actual, donde varios países europeos comparten la postura española.
En cualquier caso, el impacto simbólico del documento filtrado es considerable. La sola mención de una expulsión en un correo del Pentágono tensiona la relación trasatlántica en un momento en que Europa ya discute cómo reducir su dependencia de seguridad respecto a Estados Unidos. El debate sobre la autonomía estratégica europea ha cobrado fuerza precisamente al calor de las presiones de Trump, que desde su primer mandato cuestionó el compromiso de Washington con la defensa colectiva.
Desde Bruselas, la reunión de líderes europeos en Chipre sirve de escenario para que varios jefes de Gobierno coordinen su respuesta a las crecientes presiones de la administración estadounidense. La coincidencia entre la filtración del correo del Pentágono y esta cumbre no parece casual: el momento en que se publica la información añade presión sobre los líderes europeos para que definan su posición respecto a Washington y al futuro de la arquitectura de seguridad occidental.
Por el momento, ni el Departamento de Defensa de EE.UU. ni la Casa Blanca han confirmado oficialmente el contenido del email ni han formulado ninguna amenaza formal contra España. El Ministerio de Asuntos Exteriores español tampoco ha emitido un comunicado específico al respecto más allá de las palabras de Sánchez. La situación, por tanto, permanece en una zona de ambigüedad que, por sí sola, ya genera inquietud tanto en Madrid como en otras capitales europeas que observan de cerca cómo evoluciona la relación entre la administración Trump y sus aliados.