¿Por qué hay personas que se van de vacaciones a hacer rafting en ríos de caudal peligroso mientras otras prefieren una tumbona en la playa? La respuesta puede estar, en parte, escrita en el ADN. El gen DRD4-7R, conocido popularmente como el 'gen explorador', es una variante genética que solo porta el 20% de la población mundial y que, según los especialistas, predispone a buscar estímulos nuevos, experiencias intensas y entornos desconocidos. No elige tus vacaciones, pero puede influir más de lo que crees en cómo las vives.
El gen DRD4 —receptor de dopamina— se descubrió en los años noventa, y fue a finales de esa misma década cuando los investigadores comenzaron a estudiar la relación entre su variante 7R y la denominada 'búsqueda de novedad'. Desde entonces, se ha analizado cómo esta variante condiciona decisiones laborales, románticas o de consumo. Su impacto en el turismo, sin embargo, es un terreno relativamente reciente. "Si nos fijamos en los efectos de esta variante, pensaríamos en gente que busca de manera recurrente estímulos que liberen dopamina", explica Miguel Pita, genetista y divulgador científico.
Pita es claro a la hora de matizar el peso real del gen: "Sería ingenuo pensar que un gen elige nuestras vacaciones, pero también lo sería ignorar que la genética predispone nuestra personalidad en una u otra dirección. Este gen pone un primer ladrillo para condicionar nuestro comportamiento, y la búsqueda de experiencias novedosas es una de sus consecuencias más documentadas". Dicho de otro modo: no es determinismo genético, pero tampoco es irrelevante.
El mercado de la aventura, en plena ebullición
Más allá de la biología, las cifras del sector son elocuentes. Según el Adventure Travel Market Sizing Report, un 67% de los turistas a nivel mundial se autodefine como abierto a la aventura cuando viaja. Y el mercado global de turismo de aventura podría alcanzar casi dos billones de dólares en 2034, según las proyecciones de la consultora Fortune Business Insights. Un crecimiento que no pasa desapercibido para los destinos turísticos, que buscan reposicionarse en este segmento de alto valor.
Uno de los últimos ejemplos es Tenerife. El Cabildo insular ha lanzado una campaña que busca activamente a personas que den positivo en la variante DRD4-7R para que colaboren con expertos locales en el diseño de la llamada 'Ruta del gen explorador'. Un itinerario pensado para poner en valor el turismo activo de la isla, con espacios como el Parque Nacional del Teide o el Parque Rural de Anaga como epicentros. La iniciativa es, ante todo, una herramienta de posicionamiento de marca: asociar Tenerife a la aventura, la autenticidad y la experiencia diferencial.
Dimple Melwani, CEO de Turismo de Tenerife, lo resume con claridad: "Destinos de todo el mundo ofrecen propuestas similares, por lo que la diferenciación ya no depende solo del dónde, sino del cómo se vive el entorno. Quienes no evolucionan corren el riesgo de volverse irrelevantes en un mercado más competitivo y exigente". El mensaje implícito es directo: en turismo, vender servicios ya no es suficiente. Ahora se venden experiencias, emociones e identidad.
El perfil del viajero aventurero: actitud, no edad
A diferencia de lo que podría pensarse, el turista de aventura no responde a una franja de edad concreta. Según Melwani, el denominador común es "una cuestión de actitud": se trata de alguien curioso, abierto a lo desconocido, que valora el contacto real con la naturaleza y la cultura local, y que además tiene en cuenta la sostenibilidad a la hora de elegir destino. No quiere visitar un lugar, quiere entenderlo.
Ejemplos de destinos que ya capitalizan bien este perfil existen fuera de España. En Costa Rica, el Instituto Costarricense de Turismo señala que el 69% de los turistas españoles que visitan el país lo hacen atraídos por las actividades al aire libre: rafting en los ríos Pacuare, Reventazón o Naranjo, trekking cerca del volcán Arenal o rutas por los puentes colgantes de Monteverde. Un modelo de éxito que otros destinos intentan replicar.
Genética, pero no destino
Con todo, los expertos advierten de los límites de extrapolar conclusiones demasiado lineales. Pita lo deja claro: "La genética es compleja. El hecho de que alguien posea la variante del gen explorador, o que la transmita, no garantiza que vaya a ser igual de operativa en su descendencia. Sería una barbaridad concluir que de padres aventureros nacerán hijos exploradores".
En definitiva, el DRD4-7R no es un manual de instrucciones de tus vacaciones ideales. Pero sí puede ser uno de los factores —entre muchos otros, como la cultura, la economía o las influencias sociales— que explican por qué algunos sienten que una semana en la playa sin hacer nada se les queda corta. Y para la industria del turismo, identificar y seducir a ese 20% de la población se está convirtiendo en una oportunidad de negocio de dimensiones billonarias.