El mercado inmobiliario español no conoce vértigo. En los tres primeros meses de 2026 se invirtieron 6.300 millones de euros en la compra de inmuebles, lo que supone un crecimiento del 93% respecto al mismo periodo del año anterior. Según los datos publicados por CBRE, se trata del mejor primer trimestre de la historia del sector en España y del tercer mejor trimestre registrado desde que existen estadísticas, solo superado por el tercer y cuarto trimestre de 2018. Una cifra que, además, llega en pleno contexto de tensión geopolítica internacional, lo que refuerza la percepción de España como refugio de capital.
Detrás de este récord hay una concentración notable de grandes operaciones. Las transacciones superiores a los 100 millones de euros han sido dieciocho en total, frente a apenas cuatro en el primer trimestre de 2025. Estas megaoperaciones representan el 60% del volumen total invertido en el trimestre, lo que indica que el mercado no se mueve solo por muchas pequeñas compras, sino por unos pocos grandes movimientos que redefinen el mapa del capital inmobiliario.
La operación estrella del periodo fue la adquisición de Fidere por parte de Brookfield a Blackstone, cerrada a finales de marzo por 1.050 millones de euros. Una transacción de enorme calado que sitúa a Brookfield como uno de los grandes actores del alquiler residencial en España. A esta operación le siguieron otras igualmente relevantes: el fondo de pensiones canadiense HOOPP (Healthcare of Ontario Pension Plan) compró una cartera de viviendas en alquiler a Ares por 600 millones; Criteria adquirió el edificio Estel en Barcelona por 385 millones; y Castellana Properties se hizo con el centro comercial Islazul por 340 millones.
El residencial lidera, las oficinas despegan
Por sectores, el residencial —que engloba vivienda en alquiler, residencias de estudiantes, flex living y senior living— fue el gran protagonista con más de 2.250 millones de euros invertidos, un 98% más que un año antes, y representó el 36% del total. La demanda estructural de vivienda en alquiler en España, combinada con la escasez de producto, sigue atrayendo capital institucional de primer nivel.
El retail ocupó el segundo puesto con 1.370 millones de euros y un crecimiento del 40% interanual, lo que supone el 22% del total. Las oficinas, por su parte, protagonizaron la mayor sorpresa: registraron el mejor inicio de año desde 2018, con 869 millones de euros y un crecimiento interanual del 900%. Una cifra que, aunque parte de una base comparativa muy baja en 2025, señala la recuperación de este segmento tras años de incertidumbre sobre el futuro del trabajo presencial. El sector hotelero cerró el top cuatro con 696 millones, un 20% más que el año anterior.
Madrid y Barcelona absorben casi tres cuartas partes del capital
Geográficamente, la concentración es llamativa. Madrid y Barcelona captaron el 73% de la inversión total, por encima del 59% registrado en el primer trimestre de 2025. La Comunidad Valenciana se situó en tercer lugar con casi el 6% del total, aunque estos datos no incluyen carteras con activos distribuidos por varias ubicaciones. La brecha entre las dos grandes ciudades y el resto del territorio sigue siendo uno de los rasgos estructurales del mercado inmobiliario español.
En cuanto al origen del capital, el dinero nacional lidera con un 50% del total invertido. Le siguen los inversores canadienses, con un 12%, y los estadounidenses, con un 11%. La presencia de grandes fondos de pensiones como HOOPP o grupos de gestión de activos como Brookfield evidencia que España sigue siendo un destino prioritario para el capital anglosajón y norteamericano en el contexto europeo.
Perspectivas sólidas para el resto del año
Miriam Goicoechea, responsable de Research en Iberia de CBRE, subrayó que «a pesar del contexto internacional, estos datos refuerzan la posición de España como destino estratégico de la inversión inmobiliaria en Europa». La consultora espera que la actividad se mantenga en los próximos meses respaldada por una cartera sólida de operaciones en curso y por tres factores estructurales: rentabilidades atractivas en comparación con otros mercados europeos, una liquidez creciente entre los grandes inversores institucionales y unos fundamentales macroeconómicos que, de momento, aguantan mejor que los de otros socios europeos.
El escenario, con todo, no está exento de riesgos. La incertidumbre arancelaria global, el endurecimiento regulatorio en el mercado del alquiler residencial y la evolución de los tipos de interés del Banco Central Europeo son variables que podrían modular el ritmo inversor en los trimestres venideros. Por ahora, sin embargo, los números hablan con claridad: el inmobiliario español empieza 2026 más fuerte que nunca.