Santander ha asumido un compromiso salarial considerable como parte de su acuerdo de adquisición de Webster Bank: durante al menos los doce primeros meses tras el cierre de la operación, ningún empleado de la entidad estadounidense que continúe en el grupo podrá ver reducido su sueldo respecto al que cobra actualmente. Eso implica respetar una media salarial de 95.925 dólares anuales —unos 82.000 euros—, según recoge la documentación oficial de la operación.
El acuerdo, firmado en febrero entre ambas entidades, también obliga a Santander a mantener los incentivos variables, los seguros médicos, los planes de pensiones y las indemnizaciones que Webster abona hoy a su plantilla. En la práctica, el banco español hereda un paquete retributivo completo que no puede tocar durante el período de transición, al menos en lo que respecta a los empleados que decida conservar.
Webster Bank cuenta actualmente con 4.554 trabajadores, una cifra que ha crecido un 7,6% en el último año, lo que refleja una entidad en expansión antes de ser absorbida. Santander USA, por su parte, declara tener en torno a 10.300 empleados en el país. La suma da un grupo fusionado que arrancará con casi 14.900 personas en nómina, antes de que el banco concrete el alcance de la reestructuración que tiene prevista.
Y ahí está una de las claves del proceso: Santander ha proyectado sinergias de costes de 800 millones de dólares, parte de las cuales vendrán inevitablemente de ajustes en la estructura. Los cálculos de ahorro ya incorporan las obligaciones retributivas pactadas en el contrato de compra, lo que significa que el banco ha dimensionado sus previsiones asumiendo que tendrá que respetar esos salarios durante la fase inicial. Lo que ocurra después, una vez superado ese primer año, dependerá de las decisiones que tome la dirección y del ritmo al que avance la integración.
En cuanto al posicionamiento salarial de Webster dentro del sector bancario regional estadounidense, la entidad se sitúa en una posición intermedia. Por encima están competidores como First Citizens, con un sueldo medio de 125.819 dólares, o Western Alliance, con 99.259 dólares. Por debajo quedan firmas como First Horizon, Zions, M&T Bank, Regions Financial o Huntington Bancshares, cuyos sueldos medios oscilan entre los 83.400 y los 89.600 dólares. Santander heredará, en términos retributivos, una plantilla que no es la más cara del mercado, pero tampoco la más barata.
Lo que sí llama la atención es la opacidad de Santander respecto a sus propios datos salariales en Estados Unidos. La entidad no publica actualmente información sobre las retribuciones de su plantilla ni de su cúpula directiva en el país. El último dato disponible data de 2020, cuando su filial Santander Consumer USA todavía cotizaba en bolsa y estaba sujeta a requisitos de divulgación más exigentes: en ese momento, el sueldo medio de la filial era de 54.633 dólares, muy por debajo de la media de Webster. La diferencia refleja, en parte, perfiles de empleados distintos —Consumer USA se centra en financiación al consumo y tiene una base de trabajadores más amplia y heterogénea— pero también la menor presión informativa que soporta Santander como emisor extranjero en Estados Unidos.
Este punto de la transparencia es, de hecho, uno de los riesgos que el propio folleto de la operación señala a los accionistas de Webster. Según recoge la documentación oficial, Santander no está obligado a presentar informes periódicos ante la Securities and Exchange Commission con la misma frecuencia o detalle que exige a las empresas estadounidenses la Ley de Bolsa del país. Además, el banco tiene previsto seguir aplicando las prácticas de gobierno corporativo de su país de origen —España— en lugar de adaptarse a los estándares que la Bolsa de Nueva York impone a sus emisores domésticos. Es un margen legal que tiene como emisor extranjero, pero que reduce la visibilidad que tendrán los inversores y los reguladores sobre el funcionamiento interno del grupo resultante.
En términos más amplios, la operación supone la mayor apuesta de Santander por crecer orgánicamente en el mercado estadounidense en años recientes. La entidad lleva tiempo intentando escalar en un país donde su presencia ha sido históricamente fragmentada y con menor rentabilidad que en otros mercados clave como Brasil, México o el propio Reino Unido. La compra de Webster le permitiría ganar masa crítica en banca comercial y de empresas en el noreste de Estados Unidos, una región con alta densidad económica. Si la integración se gestiona bien y los ahorros proyectados se materializan, el banco podría reforzar significativamente su posición en uno de los mercados financieros más competitivos del mundo. Si los costes de transición se disparan o la reestructuración genera fricciones con la plantilla, el margen se estrechará.