Cristina Álvarez lleva apenas unos meses al frente de El Corte Inglés —sustituyó a su hermana Marta en enero— y ya ha puesto sobre la mesa su primera gran decisión estratégica: revisar y elevar la ambición del plan que el grupo presentó hace menos de un año. La propuesta, trasladada al consejo de administración, eleva el listón de inversiones por encima de los 3.000 millones de euros previstos hasta 2030 e incorpora una novedad relevante que no estaba en la hoja de ruta original: la posibilidad de realizar adquisiciones.
La presidenta no ejecutiva considera que el grupo atraviesa el mejor momento financiero de las dos últimas décadas para dar un golpe de timón. El Corte Inglés cerró el primer semestre de su ejercicio fiscal actual con una deuda de 1.738 millones de euros, casi 200 millones menos que un año antes, y un ratio de apalancamiento deuda/ebitda de apenas 1,4 veces, cifras que le sitúan cómodamente dentro del grado de inversión. Con ese colchón, la compañía quiere pasar de vender activos —su estrategia de los últimos años para sanear el balance— a volver a salir de compras.
La cifra exacta de inversión todavía no está cerrada, precisamente porque dependerá del coste de las potenciales adquisiciones. El grupo trabaja con McKinsey, su consultora habitual y ya presente en planes anteriores, para identificar objetivos: empresas o negocios que complementen la actividad actual, aunque tampoco se descarta la entrada en ámbitos en los que el grupo no opera hoy. Nada está aprobado de forma concreta por el momento, pero la dirección ha dejado claro al consejo que la intención es acelerar.
Más allá de las compras, la revisión del plan también refuerza el foco comercial en las dos palancas clave del negocio: las tiendas físicas y el canal online. En marzo, el grupo nombró a Enrique Hidalgo nuevo director de ventas, un movimiento que va en esa dirección. Para el ejercicio 2026-2027, la compañía ya tiene comprometidos 650 millones de euros en inversión, un 20% más que en ejercicios anteriores. De esa cantidad, 200 millones irán destinados a la reforma de tiendas, con el proyecto de renovación del centro de Princesa, en Madrid, como buque insignia de la temporada.
El resto de la inversión tecnológica se orientará a mejorar la experiencia del cliente en el canal digital, un frente en el que los grandes almacenes tradicionales han tenido que pelear duro para no perder terreno frente a plataformas nativas del comercio electrónico. El plan estratégico original, presentado en julio de 2024 durante la última junta de accionistas, ya identificaba tres ejes prioritarios: reformar tiendas, crecer en logística y potenciar las capacidades tecnológicas. La revisión no abandona esos pilares, sino que los amplía con más músculo financiero y la apertura a operaciones corporativas.
Los números avalan la confianza de Álvarez en el momento del grupo. En el primer semestre del ejercicio fiscal, la compañía facturó 7.032 millones de euros, un 1% más que en el mismo periodo anterior, pero lo relevante fue el salto en rentabilidad: el beneficio neto creció un 10,3%, hasta los 224 millones. Es una constante que se repite ejercicio tras ejercicio. En 2024, según los datos ya publicados por la empresa, los ingresos alcanzaron los 14.786 millones (+2,3%) y el beneficio neto llegó a 512 millones (+6,7%), lo que permitió repartir un dividendo de 225 millones, un 40% más que el año anterior. Los resultados completos de 2025 se presentarán en junio.
El modelo de gobierno que rodea a esta decisión merece también una lectura. A diferencia de su hermana Marta, que ejercía como presidenta ejecutiva, Cristina Álvarez ocupa el cargo en calidad de presidenta no ejecutiva. La gestión del día a día recae en Santiago Bau como director general y en Rafael Díaz Yeregui como secretario general con rango equivalente. Ambos reportan a una comisión de seguimiento integrada por la propia Cristina Álvarez, Marta Álvarez —ahora consejera dominical— y José Ramón de Hoces. Esta comisión no tiene carácter ejecutivo, pero cumple una función de supervisión que resulta clave para entender quién tiene la última palabra en las grandes decisiones.
Lo que está en juego es considerable. El Corte Inglés es el mayor grupo de grandes almacenes de Europa y uno de los empleadores privados más grandes de España. Que su nueva presidenta decida revisar un plan estratégico con menos de un año de vida no es un gesto menor: es una señal de que la compañía quiere aprovechar la ventana de oportunidad que le da su saneamiento financiero antes de que las condiciones del mercado cambien. El interrogante ahora es qué comprará, cuándo y a qué precio.