Santiago Eguidazu, presidente ejecutivo y segundo mayor accionista de Alantra, ha cerrado 2025 sin cobrar ni un euro de bonus. La razón es sencilla: su retribución variable está directamente ligada a la realización de operaciones corporativas, y el banco de inversión no completó ninguna durante el ejercicio. Un año en blanco en el apartado de compras y ventas ha dejado al directivo con un salario fijo de 300.000 euros más 66.000 euros en dietas y retribuciones del consejo, un 51% menos que lo percibido en 2024.
Esta situación no es fruto de la improvisación. El propio Eguidazu impulsó el cambio en su política retributiva el año pasado, cuando Alantra rediseñó su estructura directiva. La empresa nombró a Íñigo de Cáceres como consejero delegado a finales de 2024 y delimitó con mayor claridad el rol de cada figura. El presidente ejecutivo asumió responsabilidades centradas en el diseño estratégico, la relación con los accionistas y el desarrollo corporativo mediante adquisiciones y desinversiones. La lógica, entonces, era que su compensación reflejara exactamente ese mandato: cobra si genera valor a través de operaciones, y si no hay operaciones, no cobra variable.
El contrato recoge una cláusula específica: el directivo puede percibir una retribución variable extraordinaria cuando se ejecuten operaciones corporativas que generen un valor añadido significativo para los accionistas. Es el consejo de administración quien valora si ese umbral se ha alcanzado. En 2025, el órgano de gobierno ni siquiera ha tenido que reunirse para debatirlo: sin movimientos que analizar, la decisión se tomó sola.
Lo llamativo es el contraste con la historia reciente de la compañía. Alantra ha construido su posición actual a golpe de adquisiciones, incorporaciones de equipos y absorciones en sus dos patas de negocio principales: la banca de inversión y la gestión de activos. La firma no interrumpió su expansión ni durante el Brexit —cuando firmó su mayor compra en el Reino Unido— ni durante la pandemia de covid-19, cuando reforzó sus capacidades con fichajes estratégicos. Su media histórica se sitúa en una o dos operaciones corporativas al año. Que 2025 haya quedado en blanco es, por tanto, una anomalía.
El dividendo compensa la ausencia de bonus
Sin embargo, la foto financiera completa de Eguidazu no es tan austera como podría parecer. Al salario fijo y las dietas hay que sumar el dividendo que la junta de accionistas de Alantra aprobará el próximo día 28. La entidad distribuirá 50 céntimos por título, lo que equivale a repartir el 94% del beneficio neto, la mayor proporción desde 2020. Una señal clara de que la compañía ha vuelto a crecer con fuerza tras dos ejercicios complicados.
Eguidazu controla el 17,76% del capital de Alantra, por lo que le corresponden más de 3,4 millones de euros en ingresos brutos por esa vía. Sumados al salario y las dietas, el total asciende a casi 3,8 millones imputables al ejercicio 2025, una cifra que supera incluso lo percibido en 2024, cuando sí hubo bonus pero el dividendo fue notablemente más reducido. La estructura de compensación, en definitiva, premia su condición de accionista tanto o más que su rol ejecutivo.
La venta a Bankinter reabre el debate para 2026
Este año puede cambiar el escenario. Alantra ya ha anunciado una operación de calado: la venta del 48,99% de Access Capital Partners a Bankinter por 115 millones de euros. Aunque se trata de una desinversión y no de una compra, fuentes del sector financiero apuntan que este tipo de movimientos también pueden cumplir los requisitos de la cláusula de bonus si generan valor real para los accionistas. Y en este caso hay argumentos sólidos: los recursos obtenidos se destinarán a adquirir gestoras europeas y ampliar el negocio de gestión de activos, lo que abre una cadena de operaciones adicionales que el consejo deberá valorar.
La lectura de fondo es relevante para entender cómo Alantra concibe ahora su modelo de gobierno. La empresa ha optado por alinear la retribución de su máximo responsable con resultados concretos y medibles, alejándose de los sistemas de bonus discrecionales o vinculados exclusivamente al beneficio contable. Si Eguidazu ejecuta bien su mandato —comprar, vender y crear valor— cobra en consecuencia. Si no, el salario fijo actúa como suelo pero no como premio.
Esta arquitectura retributiva refleja una tendencia más amplia en el sector financiero europeo, donde los reguladores y los inversores institucionales presionan cada vez más para que la compensación de los directivos esté vinculada a indicadores objetivos y a largo plazo. En el caso de Alantra, la decisión tiene además una lectura accionarial: con Eguidazu como segundo mayor propietario de la firma, sus intereses como ejecutivo y como inversor están más alineados que en la mayoría de las compañías del sector. Lo que es bueno para la empresa, también lo es directamente para su bolsillo.