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La guerra en Irán encarece la deuda corporativa europea

Los analistas de CreditSights prevén subidas de entre el 20% y el 40% en los costes de financiación, sin contar el alza de tipos.

Por Carlos García·lunes, 27 de abril de 2026Actualizado hace 13 min·4 min lectura·1 vistas
Ilustración: La guerra en Irán encarece la deuda corporativa europea · El Diario Joven

El mercado de deuda corporativa europeo lleva semanas encajando golpes. La guerra en Irán ha interrumpido un periodo excepcionalmente favorable para emisores e inversores, en el que los costes de financiación habían llegado a mínimos históricos y el volumen de colocaciones no paraba de crecer. Ahora, empresas y bancos del continente se enfrentan a un crédito más caro, con diferenciales al alza y la amenaza de que el Banco Central Europeo tenga que subir tipos para frenar una inflación que el conflicto alimenta.

El primer síntoma visible fue el frenazo en las emisiones de marzo. Según los datos de CreditSights, firma especializada en análisis de crédito, fue el marzo menos activo desde 2023 para los emisores con grado de inversión, es decir, aquellas empresas y entidades financieras con calificación crediticia de BBB- hacia arriba. El segmento de high yield, el grado especulativo, lo pasó aún peor: registró su peor mes en más de dos años, descontando los agostos, que son históricamente los meses más flojos por la pausa estival.

A pesar de ello, los analistas destacan que el mercado ha aguantado mejor que en episodios anteriores de tensión, incluida la guerra arancelaria del año pasado. En ningún momento se produjo un cierre efectivo del mercado, algo que sí ocurrió en otros momentos de máxima incertidumbre. Eso es una señal de resiliencia, pero no elimina el problema: los costes ya han subido y todo apunta a que seguirán haciéndolo.

El precio de la incertidumbre

La prima de riesgo corporativa media en euros ha escalado un 6,4% en lo que va de año para los emisores más solventes y un 12% para los que se sitúan en el tramo especulativo. Son cifras que reflejan la tensión del mercado, pero que CreditSights considera solo el inicio de un movimiento más amplio. La magnitud final dependerá del escenario en el que termine desembocando el conflicto en Oriente Próximo.

La firma maneja tres escenarios. El más optimista, en el que la inflación remite rápido y el impacto es limitado, tiene solo un 20% de probabilidad. El central, que contempla una estanflación contenida, con escaso crecimiento y una inflación moderadamente alta, concentra el 55% de las probabilidades. Y el más extremo, un shock energético en toda regla, tiene un 25% de opciones de materializarse. La probabilidad del peor escenario no es mayoritaria, pero tampoco es despreciable.

En el escenario base, CreditSights anticipa una subida de los diferenciales del 28% para el grado de inversión y del 20% para el high yield. Si se hace la media ponderada entre todos los escenarios según su probabilidad de cumplimiento, los incrementos se elevan hasta el 40% y el 31%, respectivamente. Y si se confirma el peor de los casos, el shock energético, los diferenciales podrían duplicarse respecto al cierre de 2024 para muchos emisores.

Inflación, el canal más potente

Más allá de los diferenciales, el otro gran vector de encarecimiento es el tipo de interés de referencia. Si la inflación se dispara como consecuencia del alza de los precios energéticos, el Banco Central Europeo podría verse obligado a subir el precio del dinero, lo que elevaría el coste de todas las emisiones referenciadas al euríbor o a los tipos oficiales. En ese caso, el impacto se acumularía sobre el ya derivado de los diferenciales.

Los analistas subrayan que una parte significativa del daño ya está hecha, independientemente de cuándo o cómo termine el conflicto. Los precios energéticos tienen inercia propia y sus efectos sobre la inflación tardan meses en transmitirse plenamente a la economía real. Eso significa que incluso un acuerdo de paz inmediato no revertiría de golpe las presiones sobre los costes de financiación.

Volúmenes que aguantan

Lo que sí sorprende positivamente es que el volumen de emisiones previsto para el conjunto del año no ha caído. CreditSights mantiene su estimación de 700.000 millones de euros en emisiones brutas de crédito con grado de inversión denominadas en euros para 2025, una cifra incluso superior a la que manejaba a principios de año. La lógica detrás de ese dato es que los emisores tienen necesidades de refinanciación que no pueden aplazar indefinidamente, y que los niveles de partida de los costes, aunque al alza, siguen siendo asumibles después de años de financiación barata.

Para el high yield, la previsión se sitúa en 100.000 millones de euros. Las empresas de este segmento tienen menos vencimientos próximos que cubrir y sus costes de partida son más elevados, lo que reduce el incentivo para emitir más allá de lo estrictamente necesario.

El segundo trimestre del año se perfila como especialmente activo, ya que emisores e inversores buscarán recuperar el terreno perdido en marzo. La pregunta es si el mercado estará en condiciones de absorber ese volumen adicional sin que los diferenciales se disparen todavía más. Por ahora, la respuesta parece ser que sí, aunque con un precio sensiblemente más alto que el de hace apenas unos meses.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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