El ruido geopolítico es ensordecedor: conflicto en Irán, tensiones en el estrecho de Ormuz, guerra en Ucrania y un Donald Trump que ha convertido la política comercial en un instrumento de presión permanente. Sin embargo, para Kim Catechis, estratega de inversiones de Franklin Templeton Institute, con casi cuatro décadas de experiencia en mercados financieros, la respuesta ante tanta incertidumbre no es salir corriendo, sino quedarse quieto. "La historia demuestra que vender en este momento es el mayor error que puedes cometer, porque tampoco acertarás al volver a entrar", asegura el analista.
Catechis gestiona parte del análisis estratégico de una firma que administra 1,68 billones de dólares en activos a escala global. Su diagnóstico no es exactamente optimista, pero sí pragmático: los mercados funcionan con una lógica propia que a menudo se desconecta de los titulares. Un ejemplo concreto: cuando el índice de volatilidad VIX supera los 30 puntos —el conocido como "índice del miedo"—, históricamente ha surgido una oportunidad de compra, independientemente del contexto macropolítico. Ese nivel se alcanzó a finales de marzo, y desde entonces las bolsas, especialmente la estadounidense, han rebotado con fuerza.
El doble fondo del escenario global
Más allá del corto plazo, el estratega dibuja un panorama de fondo más inquietante. Para Catechis, el conflicto en Irán no es un episodio aislado, sino una pieza más en el desmoronamiento del orden global que ha regido las últimas décadas. La globalización tal y como la conocíamos —cadenas de suministro integradas, libre circulación de capitales, interdependencia energética— está siendo sustituida por un mundo más fragmentado, donde los gobiernos intervienen más y la geografía política vuelve a importar.
"La guerra de Irán y el posible cierre del estrecho de Ormuz son fichas de un dominó que el mercado aún no ha valorado del todo", advierte. El estrecho de Ormuz es una de las rutas energéticas más estratégicas del planeta: según datos de la Agencia Internacional de la Energía, por allí transita alrededor del 20% del petróleo mundial. Un bloqueo sostenido tendría consecuencias directas sobre el suministro de energía y materias primas que todavía no están descontadas en los precios.
En ese mismo marco encajan las tensiones en torno a Taiwán y Corea del Sur, dos economías que concentran gran parte de la producción mundial de semiconductores. Catechis señala que el sector tecnológico, que ha vuelto a liderar las subidas bursátiles impulsado por la inteligencia artificial, tiene una dependencia energética y geográfica que podría convertirse en un talón de Aquiles en el largo plazo. El auge de la IA no elimina los riesgos estructurales de la cadena de suministro de chips.
Europa, con cartas sin jugar
Uno de los argumentos más llamativos del estratega tiene que ver con Europa. Desde el estallido del conflicto en Irán, las bolsas europeas han vuelto a quedarse rezagadas respecto a Wall Street, algo que muchos inversores justifican por la mayor dependencia energética del continente. Catechis no niega esa lectura, pero la considera superficial.
"Europa tiene cartas en la manga que no usa", sostiene. Cita la capacidad del continente para acelerar la transición hacia la electricidad verde, su talento humano y su habilidad histórica para fijar estándares de calidad globales. Además, la experiencia acumulada con la guerra de Rusia en Ucrania ha generado un consenso político creciente sobre la necesidad de reducir la dependencia energética exterior. "Europa y China son economías de escala continental que van hacia la electrificación. Es una cuestión de seguridad nacional", afirma.
En ese contexto, el estratega considera que el valor percibido de pertenecer a la Unión Europea ha aumentado, una valoración que ilustra con el giro de opinión en Reino Unido sobre el Brexit. Según diversas encuestas recientes, la mayoría de los ciudadanos británicos reconoce ahora que la salida fue un error.
España, mejor ejemplo de resiliencia económica
Sobre España, Catechis tiene una visión positiva y algo sorprendente. Para el analista, el país ibérico es "quizás el mejor ejemplo de que el Gobierno no es el único factor que determina si una economía funciona bien". Pese a la inestabilidad política, las coaliciones y las elecciones recurrentes, la economía española sigue avanzando con solidez, con un crecimiento del PIB que según los últimos datos del Banco de España se mantiene por encima de la media europea.
Entre los sectores que destaca figuran las energías renovables y la banca. Respecto a esta última, Catechis ha analizado la exposición de las entidades financieras europeas al Golfo Pérsico. Los bancos españoles tienen un volumen crediticio de 16.000 millones de dólares en esa región, una cifra que en términos relativos no considera preocupante. Las entidades con mayor presencia son Standard Chartered y HSBC, no las españolas.
El mensaje final de Catechis es coherente con toda su argumentación: en un mundo que cambia de orden, la volatilidad es el precio de entrada para capturar rentabilidad a largo plazo. Quien vende cuando el miedo es máximo, pierde dos veces: en la caída y en la recuperación.