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El Ibex paga seis veces más en dividendos que en compras

Las cotizadas españolas destinaron 150.600 millones a accionistas en tres años, frente a 25.800 millones en adquisiciones.

Por Carlos García·lunes, 27 de abril de 2026Actualizado hace 8 min·4 min lectura·2 vistas
Ilustración: El Ibex paga seis veces más en dividendos que en compras · El Diario Joven

Las grandes empresas que cotizan en la bolsa española llevan tres años enviando un mensaje muy claro a sus inversores: aquí se reparte dinero. Entre 2022 y 2025, las cotizadas del Ibex destinaron 150.600 millones de euros a dividendos y recompras de acciones, una cifra que multiplica por seis los 25.800 millones empleados en adquisiciones pagadas en efectivo. No se trata de una casualidad ni de un ciclo puntual, sino del resultado de una estrategia deliberada que prioriza la remuneración directa al accionista sobre la expansión corporativa vía compras.

Los datos proceden de London Stock Exchange Group (LSEG), uno de los principales proveedores mundiales de información financiera, y reflejan un patrón que se mantiene con matices en lo que va de 2026. En los primeros meses de este año, los grupos del Ibex han distribuido 21.000 millones entre dividendos y recompras, mientras que las adquisiciones en metálico suman 7.350 millones, una proporción que se estrecha respecto a años anteriores pero que sigue siendo favorable al accionista. Buena parte de ese importe en compras corresponde a la operación de Santander para hacerse con la entidad estadounidense Webster Financial.

Por qué el Ibex dejó de comprar a lo grande

Para entender el presente hay que mirar al pasado reciente. Tras la crisis financiera de 2008 y la posterior crisis del euro, las grandes corporaciones españolas se encontraron con balances muy deteriorados y una deuda que se había disparado en parte por las megaoperaciones de los años noventa y principios de siglo: la opa de Repsol sobre YPF, la de Endesa sobre Enersis, la de Telefónica sobre O2 o la de Ferrovial sobre BAA son ejemplos de una época en la que el crecimiento inorgánico y apalancado era la norma. Lo que vino después fue una larga travesía de saneamiento: reducción de deuda, venta de activos y austeridad financiera.

Una vez recuperada la solidez de los balances, la filosofía no ha vuelto a ser la misma. En lugar de lanzarse a nuevas adquisiciones financiadas con deuda, las empresas han optado por repartir el excedente de caja entre sus accionistas. Es una apuesta por la disciplina financiera y, también, por sostener la cotización en bolsa.

Compras sí, pero con cabeza

Eso no significa que las adquisiciones hayan desaparecido del mapa. Lo que ha cambiado es su naturaleza. Las operaciones que se realizan ahora tienden a ser movimientos de consolidación en mercados donde las empresas ya tienen presencia, no saltos al vacío hacia territorios desconocidos. Santander con Webster y con el banco británico TSB, Telefónica con Netomnia en el Reino Unido, o Iberdrola comprando participaciones minoritarias de sus filiales en Brasil y Estados Unidos son ejemplos de esta lógica: crecer donde ya se conoce el terreno.

Otra característica relevante es el pago en acciones. Siempre que es posible, las empresas prefieren no tocar la caja. BBVA lo intentó con su opa sobre Sabadell, aunque la operación no prosperó. Santander también ha previsto que una parte del precio de Webster se pague con sus propios títulos. Esta tendencia reduce el impacto en la tesorería y evita endeudarse en exceso, aunque también implica una dilución para los accionistas existentes.

En 2025 se percibió ya una cierta aceleración en las compras: las cotizadas españolas anunciaron transacciones en metálico por 13.000 millones, con la adquisición de los activos de Iberdrola en México por parte de Cox como la operación más destacada del año. Aun así, los 54.000 millones distribuidos entre accionistas ese ejercicio dejaron la proporción muy clara.

Las recompras, el gran cambio de los últimos años

Dentro de la remuneración al accionista, el elemento que más ha crecido es el de las recompras de acciones propias. En los últimos tres años, las cotizadas españolas han destinado 41.500 millones a este mecanismo, y en este momento hay programas activos por unos 8.500 millones adicionales. La lógica es sencilla: se compran acciones en el mercado y se amortizan, reduciendo el número de títulos en circulación y, en teoría, aumentando el valor de los que quedan.

Los dividendos siguen siendo la vía principal, con 109.100 millones repartidos en tres años, pero las recompras han ganado protagonismo porque ofrecen más flexibilidad fiscal y permiten ajustar el volumen de retribución según la situación del mercado. Bancos como Goldman Sachs y Citi lideran la gestión de estos programas en España, a cambio de comisiones que suelen situarse por debajo del 0,5% del volumen operado.

Una tendencia compartida en Europa

Este enfoque no es exclusivo de España. Según estimaciones de Goldman Sachs, las empresas del Euro Stoxx 600 afrontarán en 2026 salidas de caja por 1,5 billones de euros. De esa cantidad, el 23% irá a dividendos, el 9% a recompras y el 11% a adquisiciones. El grueso restante, el 57%, se destinará a inversión orgánica, investigación y desarrollo. La foto es similar: retribuir primero, comprar con mesura.

El interrogante de cara al futuro es si la Comisión Europea, que trabaja en flexibilizar el control de concentraciones para facilitar las fusiones, logrará reactivar el apetito comprador. Por ahora, las señales apuntan a que las empresas prefieren fusiones con componente accionarial antes que endeudarse para comprar. Telefónica, Indra o BBVA son los grupos del Ibex que más abiertamente han expresado interés en consolidar sus sectores, pero el modelo financiero dominante sigue siendo el mismo: primero, el accionista.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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