España se ha convertido en uno de los países con mayor tasa de absentismo laboral de todo el mundo desarrollado. Según un estudio comparativo elaborado por técnicos de la OCDE a petición del Ministerio de Seguridad Social, nuestro país ocupa el tercer puesto en el ranking de bajas por enfermedad entre los miembros de la organización, solo por detrás de Noruega y Finlandia. La media se sitúa en 4,9 semanas de baja por empleado al año, una cifra que no ha dejado de crecer durante doce años consecutivos y que se disparó aún más tras la pandemia de COVID-19.
El informe, que fue presentado al Gobierno, a las organizaciones empresariales y a los sindicatos, analiza los sistemas de gestión de incapacidad temporal de Austria, Bélgica, Alemania, Países Bajos y Suecia. Las conclusiones son claras y apuntan en dos direcciones: España tiene un sistema generoso en términos de protección al trabajador, comparable al de otros países de la Unión Europea, pero arrastra serios problemas de gestión que comprometen su sostenibilidad a medio y largo plazo. Lo más llamativo es la velocidad del deterioro: en poco más de una década, España ha pasado de estar por debajo de la media de la OCDE a encabezar la tabla de absentismo.
Un crecimiento que contrasta con el resto de Europa
El aumento de las bajas laborales en España no es solo una cuestión de volumen, sino también de tendencia. Mientras países como Países Bajos y Suecia han logrado reducir sus tasas de absentismo gracias a reformas estructurales, España sigue moviéndose en sentido contrario. La aceleración tras la pandemia ha sido especialmente pronunciada, y los técnicos de la OCDE advierten de que el incremento registrado en España supera con creces al observado en los países del análisis comparativo.
Este contexto es el que llevó al Ministerio de Seguridad Social, liderado por la ministra y portavoz del Gobierno Elma Saiz, a encargar este estudio. Entre las medidas que ya están sobre la mesa destacan el refuerzo del papel de las mutuas colaboradoras de la Seguridad Social en los procesos de baja por dolencias musculoesqueléticas, así como la potenciación de los convenios de colaboración entre estas entidades y los servicios públicos de salud de las comunidades autónomas. Las dolencias musculoesqueléticas son, de hecho, una de las causas más frecuentes de incapacidad temporal en España y uno de los focos donde los técnicos detectan mayores ineficiencias de gestión.
Los modelos que España debería mirar
El estudio de la OCDE no se limita a describir el problema, sino que ofrece ejemplos concretos de cómo otros países han conseguido equilibrar la protección al trabajador con incentivos reales para la vuelta al trabajo. El caso sueco es especialmente llamativo. Allí existe un sistema de puntos de control obligatorios: en el día 90 de baja, se evalúa si el trabajador puede retomar sus funciones habituales; en el día 180, se analiza si es capaz de desempeñar cualquier otro trabajo disponible en el mercado laboral. Si se concluye que puede trabajar, la prestación se interrumpe.
Este tipo de mecanismos de control y seguimiento activo durante el proceso de baja es precisamente lo que la OCDE echa en falta en el modelo español. Los técnicos subrayan que existe una amplia gama de opciones de diseño y reforma que pueden ayudar a España a frenar el crecimiento de la incapacidad temporal sin renunciar a la generosidad del sistema. El reto, en palabras del propio informe, es preservar la función protectora mientras se mejora la sostenibilidad y los resultados en el mercado laboral.
Las 'altas progresivas', una opción respaldada por la OCDE
Uno de los instrumentos que el Gobierno ha puesto ya sobre la mesa en el diálogo social es el de las llamadas altas progresivas, que permiten a un trabajador reincorporarse de forma gradual a su puesto antes de recibir el alta médica definitiva. La OCDE respalda explícitamente esta vía, poniendo en valor los programas de reintegración laboral existentes en los países analizados, que implican también a las empresas en el proceso de retorno del trabajador.
La clave, según los expertos, no está solo en la generosidad de las prestaciones sino en la arquitectura del sistema: cómo se gestionan los procesos, quién supervisa las bajas, con qué frecuencia se revisan y qué incentivos existen para que tanto trabajadores como empleadores apuesten por una reincorporación temprana y sostenible. En ese sentido, según los datos recogidos en el análisis comparativo de la OCDE, los países que mejor han gestionado el absentismo son aquellos que han combinado generosidad en la protección con controles activos y programas de acompañamiento.
El debate político y social en torno a las bajas laborales en España está lejos de cerrarse. El informe de la OCDE llega en un momento en que el Gobierno busca fórmulas para contener el gasto en incapacidad temporal, que no ha dejado de crecer y que empieza a plantear dudas sobre la viabilidad del sistema tal y como está configurado hoy. Las reformas que se adopten en los próximos meses determinarán si España es capaz de corregir una tendencia que, de mantenerse, amenaza con convertirse en uno de los principales problemas estructurales del mercado laboral español.