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La deuda europea sube al 87,4% pese a las reglas fiscales

Eurostat confirma que el gasto en defensa y el coste de los intereses frenan el ajuste fiscal en la zona euro.

Por Carlos García·miércoles, 22 de abril de 2026Actualizado hace 54 min·4 min lectura·6 vistas
Ilustración: La deuda europea sube al 87,4% pese a las reglas fiscales · El Diario Joven

La deuda pública de la zona euro cerró 2024 en el 87,4% del PIB, frente al 86,5% registrado el año anterior, según los datos publicados este miércoles por Eurostat. En el conjunto de la Unión Europea, el pasivo público también aumentó, del 80,5% al 81,7%. Es el segundo año consecutivo en que ambas cifras suben, lo que pone en evidencia que las nuevas reglas fiscales aprobadas a comienzos de 2024 no están logrando su propósito central: reducir la deuda acumulada durante las tres grandes crisis que sacudieron Europa entre 2008 y 2023, la financiera y del euro, la pandemia y la crisis energética derivada de la invasión rusa de Ucrania.

Hay, no obstante, una buena noticia en los datos: el déficit público sí quedó por debajo del umbral del 3% del PIB que establecen los tratados de la UE. Sin embargo, eso no ha sido suficiente para aligerar el peso total de la deuda, que depende de muchos más factores que el equilibrio entre ingresos y gastos de cada ejercicio.

El gasto en defensa, el nuevo agujero presupuestario

Entre los elementos que explican el aumento del pasivo, el que más protagonismo ha ganado en los últimos tiempos es el incremento del gasto en defensa. La reconfiguración geopolítica acelerada por la guerra en Ucrania ha llevado a los gobiernos europeos a elevar sus presupuestos militares de forma sostenida. Hace poco más de un año, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propuso suspender las reglas fiscales en lo relativo al gasto en armamento. La iniciativa prosperó y 17 Estados miembros se acogieron a esa cláusula de escape.

Meses después, los países de la UE integrados en la OTAN —España quedó fuera de este compromiso inicial— acordaron en la cumbre de la Alianza Atlántica elevar el gasto en defensa hasta el equivalente al 5% del PIB en 2035. Aún no hay cifras oficiales del gasto militar conjunto en 2025, pero la Agencia Europea de Defensa estimaba un incremento agregado hasta el 2,1% del PIB. Las diferencias por país son enormes: Polonia supera el 4%, las tres repúblicas bálticas se aproximan a ese nivel, mientras que España acaba de alcanzar el 2% tras un salto notable en los últimos ejercicios.

Los intereses, el otro lastre silencioso

Junto al gasto militar, hay otro factor que pesa sobre las cuentas públicas europeas con menos visibilidad mediática pero con un impacto igual de real: el coste de financiación de la propia deuda. La inflación disparada por la guerra en Ucrania obligó al Banco Central Europeo a subir los tipos de interés de forma agresiva. Aunque el BCE ha ido recortándolos desde entonces, no ha regresado a los mínimos históricos anteriores a 2022. Eso significa que cuando los Estados refinancian su deuda, lo hacen a tipos más elevados que antes.

Este problema lo señaló recientemente la OCDE en un informe sobre deuda pública, donde advirtió de que los inversores están exigiendo rentabilidades más altas en los bonos a largo plazo. A ello se suma el débil crecimiento económico de la eurozona en los últimos años, que reduce la capacidad de los países para aligerar el peso relativo del pasivo.

España, la excepción que confirma la regla

La forma más habitual de medir la deuda pública es en relación al PIB nominal, es decir, sin descontar la inflación. Esto significa que si una economía crece con fuerza, la deuda pesa proporcionalmente menos aunque su volumen absoluto no se reduzca. El caso de España ilustra bien este mecanismo: la economía española ha sido la de mayor crecimiento en la UE durante los últimos años, lo que ha permitido reducir la deuda desde el 109,3% del PIB hasta el 100,7% en apenas cuatro años. Un descenso de casi nueve puntos que no se explica por un ajuste fiscal extraordinario, sino por la combinación de crecimiento e inflación elevada.

Alemania, en cambio, ha tenido el recorrido opuesto. Considerada históricamente uno de los guardianes de la disciplina fiscal europea, su economía lleva años estancada. Eso le ha impedido reducir su deuda de forma significativa, que se sitúa en el 63,5% del PIB, apenas unas décimas menos que hace cuatro años. La ortodoxia fiscal tiene poco efecto cuando el motor económico no arranca.

Francia, Italia y Grecia, los grandes focos de preocupación

Entre los países con mayor deuda en términos relativos, tres concentran la atención de analistas e instituciones. Francia acumula una deuda del 115,6% del PIB, seis puntos más que a finales de 2023. Su bloqueo político interno ha impedido adoptar medidas serias de consolidación fiscal, y el déficit lleva tres años por encima del 5% del PIB, más del doble del límite europeo. Italia, por su parte, mantiene un pasivo que roza el 137% del PIB y sigue sin lograr controlar su déficit de manera duradera.

Grecia presenta la situación más paradójica: tiene la deuda más alta de toda la UE, en el 146,1% del PIB, pero es el país que más la ha reducido en los últimos cuatro años, con una caída de 33 puntos. Después de la durísima crisis fiscal que vivió a comienzos de la década pasada, el país heleno lleva años aplicando un ajuste sostenido que empieza a dar resultados tangibles, aunque el nivel de partida sigue siendo muy elevado en comparación con el resto de socios europeos.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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