KPMG ha anunciado el recorte de aproximadamente el 10% de sus socios en el área de auditoría en Estados Unidos. La decisión se comunicó internamente en una reunión celebrada el pasado miércoles, donde la dirección explicó que el tamaño de la sociedad era desproporcionado respecto al volumen de negocio actual. Las personas afectadas fueron notificadas ese mismo día, según informaciones difundidas en foros internos de empleados de la firma.
La medida llega después de que un plan de jubilación anticipada voluntaria, vigente durante varios años, no lograra convencer a suficientes socios para abandonar la firma de forma ordenada. Los directivos de KPMG esperaban atraer a un número mayor de participantes, pero la adhesión fue escasa, lo que obligó a tomar una decisión más drástica. El resultado es el despido de varias decenas de socios, aunque la compañía no ha precisado la cifra exacta. Según su informe de transparencia más reciente, la firma cuenta con 1.400 socios y directores generales en auditoría y aseguramiento, sin desglosar el número específico de socios.
El contexto interno también es relevante: el recorte se produce apenas nueve meses después de que Tim Walsh, un veterano de la auditoría, asumiera el cargo de consejero delegado de la división estadounidense y renovara el liderazgo del área de auditoría y aseguramiento. La reestructuración forma parte de lo que la propia compañía describe como una estrategia plurianual para alinear el tamaño, la estructura y las competencias del equipo con las necesidades reales del negocio.
Una firma que pelea por ganar terreno en el mercado
KPMG es la más pequeña de las llamadas Big Four, el grupo de las cuatro grandes firmas de auditoría que domina el mercado global y que completan Deloitte, EY y PwC. En 2025, KPMG auditó al 9,8% de las empresas cotizadas en bolsa en Estados Unidos, según datos de Audit Analytics, lo que supone una mejora respecto al 9,2% registrado el año anterior. A pesar del avance, la firma sigue siendo la que menos cuota de mercado acumula entre las cuatro grandes, lo que añade presión sobre su rentabilidad y eficiencia operativa.
Esa presión competitiva explica, en parte, la lógica detrás de los recortes. Mantener una estructura de socios sobredimensionada en relación con el negocio generado implica costes fijos elevados que erosionan los márgenes. En el modelo de las grandes consultoras y auditoras, los socios no son empleados al uso, sino copropietarios que participan en los beneficios de la firma. Tener demasiados socios para el volumen de ingresos disponible es, en términos prácticos, una carga financiera directa sobre la rentabilidad del conjunto.
Qué implica para los socios afectados
KPMG ha indicado que los socios que se marchen recibirán compensaciones económicas y apoyo para la búsqueda de empleo, unos paquetes que, según la firma, reflejarán el valor aportado durante su trayectoria en la compañía. La cifra exacta de afectados no ha sido confirmada oficialmente, pero diversas fuentes apuntan a que se trata de varias decenas de profesionales.
El perfil de los socios en el punto de mira es el de aquellos considerados menos productivos, es decir, quienes generan menos negocio o gestionan carteras de clientes más pequeñas. En el sector de la auditoría, la productividad de un socio se mide principalmente por los ingresos que genera y por el número y tamaño de los clientes que supervisa. Cuando ese ratio cae por debajo de los umbrales esperados, la presión para salir de la firma aumenta, ya sea de forma voluntaria o, como en este caso, de manera forzada.
Un aviso para el resto del sector
La decisión de KPMG no es un caso aislado. Las Big Four llevan años sometidas a una presión creciente para modernizar sus estructuras, adaptarse a la automatización de procesos contables mediante inteligencia artificial y responder a un entorno regulatorio cada vez más exigente. La Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos (SEC) ha intensificado en los últimos años la supervisión sobre la calidad de las auditorías, lo que obliga a las firmas a invertir más en tecnología y formación, reduciendo el margen disponible para sostener estructuras heredadas.
El movimiento de KPMG puede leerse también como una señal de que el modelo tradicional de crecimiento basado en la acumulación de socios está llegando a sus límites. Si los planes de salida voluntaria no funcionan, las firmas tienen pocas alternativas más allá de los recortes directos. La pregunta que queda en el aire es si Deloitte, EY o PwC seguirán pasos similares en los próximos meses, o si la situación de KPMG responde a circunstancias específicas de su tamaño y posición de mercado.