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Da Vinci: la experiencia como base del conocimiento

El genio del Renacimiento defendió la observación empírica siglos antes de que la ciencia moderna se consolidara como método.

Por Carlos García·jueves, 23 de abril de 2026Actualizado hace 1 min·4 min lectura·2 vistas
Ilustración: Da Vinci: la experiencia como base del conocimiento · El Diario Joven

Cuando Leonardo da Vinci escribió en sus cuadernos que "la experiencia nunca engaña; solo nuestros juicios se equivocan", no estaba lanzando una frase ingeniosa para la posteridad. Estaba dejando constancia escrita de una forma de entender el conocimiento que rompía radicalmente con la tradición intelectual de su época. Estamos hablando del siglo XV, antes incluso del nacimiento de Galileo, en un entorno académico dominado por la escolástica, es decir, por la autoridad de los textos clásicos y la interpretación teológica. Da Vinci miraba en otra dirección.

Para entender el peso de esa frase conviene recordar quién era realmente este hombre más allá del icono popular. En 1482, cuando quiso ofrecer sus servicios a Ludovico Sforza, duque de Milán, le envió una carta en la que se presentaba fundamentalmente como ingeniero militar. La pintura y la escultura quedaban relegadas al final, casi como un añadido. No era falsa modestia: Da Vinci se percibía a sí mismo como un hombre de ciencia. Y sus cuadernos de notas, escritos en letra especular de derecha a izquierda, lo confirman con creces.

Un archivo intelectual sin precedentes

Esos cuadernos constituyen uno de los documentos más asombrosos de la historia del pensamiento. Entre sus páginas conviven diseños que anticipan en siglos inventos como el helicóptero, el submarino o el tanque blindado, con disertaciones sobre anatomía, geología, hidráulica, óptica, moral y estética. El ingeniero Eduardo García de Zúñiga recopiló gran parte de los aforismos escritos por Leonardo, y el resultado puede consultarse en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, donde queda patente que una parte sustancial de sus reflexiones tiene un carácter epistemológico: no solo observa el mundo, sino que reflexiona sobre cómo debe observarse.

Esa distinción es fundamental. Las anotaciones empíricas de Da Vinci revelan su agudeza como observador. Pero sus reflexiones sobre el método revelan algo más profundo: una desconfianza sistemática hacia el conocimiento no verificado. "Quien discute alegando la autoridad, no aplica el ingenio, sino más bien la memoria", escribió. Con esa sentencia no estaba despreciando a los sabios que lo precedieron, sino advirtiendo contra la trampa de acomodarse en la tradición sin someterla a prueba.

Qué significa exactamente esa frase

La cita que encabeza este artículo tiene una versión más extensa en los cuadernos originales: "La experiencia no engaña jamás. Solo engañan vuestros juicios cuando de ella se prometen efectos que no pueden hallar su causa en nuestras experiencias". La idea es precisa. Da Vinci no dice que la realidad sea siempre fácil de interpretar. Dice que el error no está en la observación, sino en las conclusiones que sacamos de ella cuando las dejamos contaminar por prejuicios, por deseos o por saberes previos que no hemos cuestionado.

En términos modernos, estaría hablando de sesgo cognitivo. La experiencia, la observación directa y rigurosa, es la herramienta más fiable que tenemos. El problema es el filtro que interponemos entre lo que vemos y lo que concluimos. Para Da Vinci, ese filtro debía ser lo más transparente posible, libre de autoridades y de especulaciones sin base empírica.

Esa posición queda reforzada en otra de sus frases más citadas: "La sabiduría es hija de la experiencia". Y en un pasaje aún más contundente: "Vanas y llenas de errores me parecen las ciencias que no nacen de la experiencia, madre de toda certidumbre [...]. Ni su origen ni su medio, ni su fin pasan por ninguno de los cinco sentidos". Da Vinci establecía así una jerarquía clara: el conocimiento legítimo es el que pasa por los sentidos, el que puede verificarse, el que no se construye sobre sueños ni sobre argumentos de autoridad.

Un precursor del método científico

Lo que hace especialmente relevante este pensamiento es su ubicación histórica. Francis Bacon, considerado uno de los padres del método científico inductivo, no publicaría su Novum Organum hasta 1620. Galileo Galilei nacería en 1564. Da Vinci estaba formulando principios equivalentes en la segunda mitad del siglo XV, sin escuela, sin comunidad científica de respaldo y en un contexto cultural que miraba hacia los textos clásicos, no hacia el laboratorio.

Eso no significa que Da Vinci inventara el método científico ni que sus cuadernos fueran un tratado sistemático de epistemología. No lo eran. Pero sí anticipaban una forma de aproximarse al conocimiento que tardaría décadas en convertirse en práctica consolidada. De ahí que algunos historiadores de la ciencia lo consideren uno de sus grandes precursores, un pensador que operaba con un instrumental intelectual propio de otra era.

Su consejo final lo resume con una claridad que no ha envejecido: "Huye de los preceptos de los especuladores cuyas razones no están confirmadas por la experiencia". En 2026, con una sobreabundancia de información no verificada circulando a velocidad de red, esa advertencia suena más pertinente que nunca.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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