Emiratos Árabes Unidos ha comunicado este martes su salida formal de la OPEP, con efecto a partir del próximo viernes 1 de mayo. El anuncio sacude a una organización que ya atraviesa una de sus crisis más severas: el conflicto armado iniciado por Estados Unidos e Israel contra Irán ha desembocado en el bloqueo del estrecho de Ormuz, arteria por la que circula aproximadamente el 20% del petróleo y el gas natural licuado que consume el planeta. La decisión del quinto mayor productor mundial añade presión institucional a un choque energético que no tiene precedentes recientes.
El ministro de Energía emiratí, Suhail Mohamed al-Mazrouei, ha justificado la salida como "una decisión política, tomada tras un análisis minucioso de las políticas actuales y futuras relacionadas con el nivel de producción". La declaración es medida, pero el contexto lo dice todo: Emiratos llevaba meses en tensión con las cuotas que imponía el cártel y aspiraba a incrementar su producción hasta en un 30%. La OPEP no tenía margen para asumir esa ambición.
El doble bloqueo que cambia el tablero energético
El estrecho de Ormuz permanece cerrado tanto por las represalias iraníes como por la presión militar estadounidense, lo que deja a Emiratos con una única vía alternativa para exportar parte de su crudo: el oleoducto que conecta el país con el mar Rojo. Esa salida es insuficiente para compensar el volumen que habitualmente transita por Ormuz. El resultado es una economía golpeada: el Fondo Monetario Internacional ya ha revisado a la baja su previsión de crecimiento para el país, del 5% inicial hasta el 3,1% para este ejercicio.
La guerra también ha dejado daños físicos en instalaciones petroleras emiratíes, víctimas de represalias iraníes. En marzo, primer mes del conflicto, la producción de Emiratos se desplomó desde los 3,42 millones de barriles diarios hasta apenas 1,89 millones, una caída superior, en términos relativos, a la registrada durante la pandemia de COVID-19. El conjunto de la OPEP también sufrió en ese periodo su mayor recorte de producción en décadas, una tendencia que se ha prolongado durante abril.
Un golpe para Arabia Saudí y para la cohesión del cártel
La salida de Abu Dabi debilita a la OPEP en un momento particularmente delicado. Emiratos era uno de los pocos miembros del cártel con capacidad real para aumentar su producción a corto plazo, junto con Arabia Saudí. Sin él, la organización pierde músculo y credibilidad como mecanismo de estabilización del mercado global del crudo. Además, la guerra en Oriente Próximo ha fracturado la unidad política del bloque: Irán, miembro también de la OPEP, se ha enfrentado directamente con sus vecinos del Golfo, incluidos otros socios del cartel.
Jorge León, analista de Rystad Energy en declaraciones recogidas por Reuters, advierte de las consecuencias estructurales: "Fuera del grupo, los Emiratos Árabes Unidos tendrían tanto el incentivo como la capacidad para aumentar la producción, lo que plantea cuestiones más amplias sobre la sostenibilidad del papel de Arabia Saudí como estabilizador central del mercado y apunta a un mercado petrolero potencialmente más volátil a medida que la capacidad de la OPEP para suavizar los desequilibrios de suministro disminuye".
Geopolítica y petróleo: la conexión con Washington
Empiratos Árabes Unidos es uno de los aliados más firmes de Estados Unidos en la región. Su salida de una organización a la que también pertenece Irán tiene una lectura diplomática evidente, y en cierta medida representa un logro para la administración Trump, que ha criticado repetidamente a la OPEP por mantener precios artificialmente altos a través de sus políticas de producción. Abu Dabi ha lanzado además reproches públicos a otros estados árabes por no haber hecho lo suficiente para proteger sus infraestructuras de los ataques iranís.
A corto plazo, la liberación de las cuotas no sirve de mucho: mientras Ormuz permanezca bloqueado, Emiratos no puede exportar libremente aunque produzca más. El impacto real de la ruptura llegará cuando se normalice el tráfico marítimo en el estrecho. En ese momento, Abu Dabi podrá acelerar la extracción sin rendir cuentas al cártel, lo que presionará a la baja los precios internacionales del crudo y complicará aún más la estrategia de Arabia Saudí, que necesita petróleo caro para financiar su ambicioso programa de diversificación económica conocido como Visión 2030.
El shock energético que vive Oriente Próximo reordena las alianzas y las estrategias del sector. La OPEP sale de este episodio con menos miembros, menos producción y menos capacidad de influencia que en cualquier otro momento de su historia reciente.