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Los clubes de lectura conquistan Asturias

Bibliotecas, librerías y espacios culturales multiplican sus grupos lectores, que ya reúnen a cientos de personas cada mes en la región.

Por Carlos García·jueves, 23 de abril de 2026Actualizado hace 1 h·4 min lectura·4 vistas
Ilustración: Los clubes de lectura conquistan Asturias · El Diario Joven

Leer sigue siendo uno de los hábitos culturales más extendidos en España, pero la forma de hacerlo está cambiando. Junto al lector solitario que descansa con un libro al final del día, crece otro perfil: el que busca compartir esa experiencia, comentarla, debatirla. Los clubes de lectura, que llevan décadas funcionando en bibliotecas y asociaciones, viven un nuevo impulso en los últimos años. Y Asturias no es una excepción.

El fenómeno no parte de cero. En España, la red de bibliotecas públicas suma alrededor de 4.600 centros, muchos de los cuales organizan grupos de lectura estables desde hace años. En Andalucía, la red autonómica agrupa más de 360 clubes activos. Castilla-La Mancha ha llegado a superar el millar dentro de su red vinculada a bibliotecas públicas. Son cifras que reflejan un arraigo real, no una moda pasajera.

En Asturias, este ecosistema se ha consolidado y diversificado. La pandemia actuó como catalizador: durante los confinamientos proliferaron los encuentros virtuales, y al levantarse las restricciones muchos de esos grupos dieron el salto al formato presencial. A los clubes históricos ligados a las bibliotecas se han sumado iniciativas impulsadas por librerías independientes, cafeterías, espacios culturales y colectivos de lectores que se organizan de forma autónoma.

Una oferta que crece en bibliotecas y librerías

Las bibliotecas públicas siguen siendo el motor principal. En la Red Municipal de Bibliotecas de Gijón/Xixón funcionan actualmente 27 clubes —entre adultos, juveniles, infantiles y grupos autogestionados— que reúnen a más de 400 participantes y celebran cerca de un centenar de sesiones al año. En Oviedo, la red municipal suma casi una veintena de clubes para personas adultas, además de propuestas digitales, grupos de poesía, lectura fácil y encuentros en otros idiomas como francés, italiano o asturiano. Desde la red gijonesa definen estos espacios como "un antídoto contra la soledad no deseada", una función que va mucho más allá de la literatura.

Pero el crecimiento no se limita a las instituciones. La Librería Cervantes de Oviedo acoge el club Casal Street Books, impulsado por Paula Quirós a partir de su perfil de Instagram @casalstreetbooks. Lo que comenzó como un espacio digital para comentar lecturas fue creciendo hasta reclamar un formato presencial. El primer grupo se llenó en minutos y hoy reúne a medio centenar de jóvenes lectores que se citan cada mes, con la participación habitual de autores, editores y responsables de sellos literarios.

En la Librería Central, Ester León y Andrea Serra coordinan un club juvenil que acoge a lectores de entre 14 y más de 30 años. Cada mes eligen un género y un título representativo, con el objetivo de generar conversación y reflexión entre perfiles muy distintos. Otro club de la misma librería, el Club Fantástico, dirigido por Almudena Martínez, se centra en fantasía, terror y ciencia ficción, con especial atención a editoriales independientes.

Comunidad, debate y algo más que libros

Más allá de las lecturas, lo que describen quienes participan en estos grupos apunta a algo más amplio. El club Mar de Luces, coordinado por Sofía Bolado, arrancó en formato online en 2024 y hoy reúne presencialmente a casi 80 lectoras. "No solo comentamos libros, sino que creamos un espacio de confianza y reflexión sobre la condición humana y causas sociales", explica Bolado. El grupo comparte también salidas al cine, intercambia música y pódcasts, y funciona como lo que ella define como "un círculo de confianza".

Jairo Muñoz, coordinador de La Cueva del Cuélebre, apuesta por salir de la zona de confort eligiendo autores menos conocidos. El tono es deliberadamente informal: "Hablamos de lo que nos ha gustado o no, de personajes, de la historia… muy de colegueo". Otros clubes, como Difficult Neñes, La Fila o Pimentón Dulce, abordan temáticas específicas que van desde autoras femeninas y literatura LGTBIQ+ hasta sexualidad, feminismo y educación. Gloria Pintueles y Henar Cordón, coordinadoras de La Fila, lo resumen así: "Nuestro objetivo no es solo comentar libros, sino tejer comunidad cultural en la ciudad".

La tendencia alcanza también a los más pequeños. La Crisálida Lee, en la librería La Crisálida, reúne a niños de 0 a 6 años junto a sus familias. "Leer a un bebé no es esperar a que aprenda a leer, es crear vínculos, estimular el lenguaje y compartir historias", explica Conchi Vicente, coordinadora del club. Otros espacios como Kafka & Co. o la Llibrería-Café La Llocura —con su club Literfartura— o los encuentros literarios de Toma 3 completan un mapa cada vez más denso y variado.

Este fenómeno conecta además con una tendencia global. Comunidades de lectura impulsadas por figuras del entretenimiento como el Reese's Book Club de Reese Witherspoon o el Service95 Book Club de Dua Lipa han demostrado que la lectura compartida puede funcionar a cualquier escala, desde un bar de barrio hasta millones de seguidores en redes. En Asturias, la escala es otra, pero el impulso responde a la misma lógica: leer solos está bien, pero leer acompañados puede ser todavía mejor.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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