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Irán y EE.UU. reanudan negociaciones en Islamabad

Los equipos diplomáticos de ambas potencias se reúnen este fin de semana en Pakistán para retomar el diálogo nuclear

Por Carlos García·viernes, 24 de abril de 2026·4 min lectura·4 vistas
Ilustración: Irán y EE.UU. reanudan negociaciones en Islamabad · El Diario Joven

Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán recuperan tracción después de un parón de casi dos semanas. Los equipos diplomáticos de ambos países tienen previsto reunirse este fin de semana en Islamabad, la capital de Pakistán, para celebrar una segunda ronda de conversaciones directas. La cita confirmó que el canal de comunicación entre Washington y Teherán sigue abierto, pese a las tensiones acumuladas en los últimos meses en torno al programa nuclear iraní.

El primer movimiento para desatascar el proceso llegó desde el lado iraní. El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abás Araghchi, anunció a través de sus redes sociales que viajaría este viernes a Islamabad, la misma ciudad donde ambas delegaciones se sentaron por primera vez hace aproximadamente dos semanas. El gesto del jefe de la diplomacia iraní fue interpretado como una señal de voluntad negociadora, en un momento en que las posturas de ambas partes permanecían distanciadas en aspectos clave del eventual acuerdo.

Pakistán vuelve a ejercer así como sede neutral para uno de los diálogos geopolíticos más delicados del momento. Islamabad ha cultivado históricamente relaciones con potencias de distinto signo, lo que le otorga una posición singular para albergar conversaciones de esta naturaleza. El país asiático mantiene vínculos tanto con actores del mundo árabe e islámico como con Occidente, lo que facilita su papel de anfitrión discreto en procesos diplomáticos sensibles.

El contexto de este acercamiento no es menor. La administración del presidente estadounidense Donald Trump ha mantenido una política de máxima presión sobre Irán desde su regreso a la Casa Blanca, con sanciones que afectan especialmente al sector energético iraní, incluido el petróleo. Teherán, por su parte, ha continuado avanzando en el enriquecimiento de uranio, lo que ha elevado la preocupación de las potencias occidentales y de organismos como el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) sobre el alcance real del programa nuclear del país persa.

Las primeras conversaciones celebradas en Islamabad hace dos semanas representaron en sí mismas un hito: supusieron el contacto diplomático directo más significativo entre ambas naciones en años, en un clima de desconfianza mutua que se ha agudizado desde que Trump abandonó en 2018 el acuerdo nuclear de 2015, conocido como JCPOA. Desde entonces, las posibilidades de retomar algún tipo de marco negociador han oscilado entre el optimismo cauto y el escepticismo más profundo, dependiendo del momento y de las circunstancias regionales.

En esta segunda ronda, los negociadores afrontan la tarea de concretar hasta qué punto existe margen para un entendimiento. Washington exige garantías verificables de que Irán no desarrollará armamento nuclear, mientras que Teherán reclama el levantamiento de las sanciones que asfixian su economía y, en particular, su capacidad de exportar crudo. El precio del petróleo en los mercados internacionales ha reaccionado con cierta sensibilidad a las noticias sobre el estado de estas negociaciones, dado el peso de Irán como productor dentro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

La elección de Pakistán como escenario no es casual ni improvisada. Islamabad comparte frontera con Irán y mantiene una relación compleja pero funcional con Washington, lo que le permite actuar como interlocutor sin despertar los recelos que generaría una capital occidental o del Golfo Pérsico. Esta posición ha llevado a Pakistán a jugar papeles similares en el pasado en conversaciones que requerían discreción y neutralidad percibida por todas las partes.

De momento, ninguna de las dos delegaciones ha detallado públicamente la agenda concreta de los encuentros ni el nivel de representación que llevará cada país a la mesa. Lo que sí parece claro es que la sola celebración de una segunda ronda, después del bloqueo de las últimas semanas, constituye en sí misma una señal de que el proceso no ha muerto. Si las conversaciones de Islamabad logran sentar las bases de un marco más amplio, o si se quedan en un mero intercambio exploratorio, es algo que las próximas jornadas deberían empezar a aclarar.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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