El culebrón sobre la composición del próximo Mundial no da tregua. El Financial Times reveló que Paolo Zampolli, enviado de Donald Trump, presentó ante la FIFA una petición formal para que Italia sustituyera a Irán como participante en el torneo. La respuesta no se hizo esperar: ni la organización que rige el fútbol mundial ni el propio Gobierno italiano han dado su visto bueno a la iniciativa. La propuesta, calificada de "ocurrencia" por varios medios, ha generado malestar tanto dentro de la federación como en los círculos políticos de Roma.
La idea carece de base reglamentaria sólida. Según el reglamento de clasificación de la FIFA, si Irán no pudiera participar por cualquier motivo, su plaza no quedaría disponible para una selección europea, sino que recaería en la siguiente selección asiática con mejor resultado en la clasificatoria. En este caso, ese equipo sería Emiratos Árabes Unidos, que cayó en la última ronda de la clasificación continental en la repesca internacional frente a Irak. La selección iraquí, a su vez, se impuso a Bolivia en la final de esa repesca y obtuvo el billete. Así, la plaza que teóricamente podría quedar vacante sería de cupo asiático, lo que hace jurídicamente imposible asignarla a una federación europea como la italiana.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ya había zanjado la cuestión hace una semana con un mensaje directo. "Tiene que venir, por supuesto. Representan a su pueblo. Se han clasificado. Los jugadores quieren jugar", declaró al ser preguntado sobre la situación de la selección iraní. Infantino añadió que "el deporte debe estar al margen de la política", dejando claro el posicionamiento oficial del organismo ante cualquier presión externa. La postura de la FIFA se mantiene invariable: Irán jugará el Mundial siempre que no exista una resolución disciplinaria o legal que lo impida, algo que de momento no está sobre la mesa.
Desde Italia, las reacciones han sido igual de contundentes. Andrea Abodi, ministro de Deportes del Gobierno de Giorgia Meloni, fue el primero en salir a desmentir cualquier implicación italiana en la maniobra. Abodi calificó la propuesta de Zampolli como algo que "no es oportuno, ni posible", distanciando a su país de una iniciativa que no había pedido ni respaldado. La federación italiana de fútbol tampoco ha mostrado interés en ser beneficiaria de una clasificación por la puerta trasera, un camino que históricamente ha supuesto un coste reputacional elevado para cualquier selección implicada.
La crítica más dura llegó del ministro de Economía italiano, Giancarlo Giorgetti, quien no se anduvo con rodeos: "Me parece vergonzoso". Una frase breve pero que resume el clima político en Roma ante lo que muchos interpretan como una intromisión de la Administración estadounidense en los asuntos del fútbol internacional. Que dos ministros del mismo Gobierno salieran a rechazar públicamente la propuesta en menos de 24 horas indica el grado de incomodidad que ha generado en Italia verse involucrada sin haberlo solicitado.
El trasfondo geopolítico no es menor. Estados Unidos, México y Canadá son los organizadores del Mundial 2026, lo que convierte a Washington en un actor con cierta capacidad de presión logística y diplomática sobre la competición. Sin embargo, las reglas del torneo son competencia exclusiva de la FIFA, y cualquier modificación en la lista de participantes requiere justificación deportiva o disciplinaria, no política. La tensión entre los intereses de la Administración Trump y la autonomía del organismo deportivo no es nueva, y este episodio añade otro capítulo a una relación compleja.
Irán se clasificó para el Mundial tras superar la fase asiática con solvencia, y sus jugadores llevan meses preparando la competición. La selección iraní ha participado en los últimos mundiales y cuenta con una base futbolística consolidada, con varios jugadores activos en ligas europeas de primer nivel. Excluirla sin motivo deportivo o reglamentario supondría un precedente sin parangón en la historia reciente del fútbol internacional y abriría la puerta a impugnaciones legales de difícil gestión para la propia FIFA. Por ahora, el organismo ha cerrado la puerta con llave.