El turismo español afronta 2026 con una mezcla de fortaleza récord y nubarrones en el horizonte. Jordi Hereu, ministro de Industria y Turismo, ha reconocido en una entrevista con Expansión que la ralentización económica en los principales países europeos que envían viajeros a España —Alemania, Francia y Reino Unido— podría traducirse en una menor demanda durante la temporada alta. Su diagnóstico es claro: si los mercados emisores tienen problemas, España los tendrá también.
España cerró 2025 con cerca de 97 millones de turistas internacionales, una cifra que consolidó al país como uno de los destinos más visitados del mundo. Sin embargo, el contexto de 2026 ha cambiado de forma notable. La guerra en Oriente Próximo, la escalada de tensiones comerciales impulsada desde Washington y la incertidumbre sobre el suministro energético conforman un escenario que el propio ministro califica de incierto y sin bola de cristal posible.
Uno de los factores que más preocupa al sector es el precio del queroseno. Varias aerolíneas europeas han alertado de posibles problemas en el suministro si el bloqueo del estrecho de Ormuz se prolonga. Hereu ha señalado que España cuenta con mayores reservas y capacidad de producción que otros países de su entorno, pero ha subrayado que Europa es interdependiente y que cualquier tensión en el abastecimiento afectaría de forma encadenada a los mercados de origen de los turistas. En esa línea, el Gobierno recomienda comprar billetes de avión ahora, antes de que el encarecimiento del combustible se traslade plenamente al precio final de los pasajes.
El conflicto en Oriente Próximo, más allá del drama humanitario, tiene una dimensión logística muy concreta para el turismo global. La región actúa como un gran hub de conectividad aérea internacional, especialmente para los vuelos entre Europa y Asia. Su bloqueo o inestabilidad obliga a rutas más largas, eleva costes y reduce frecuencias. Según estimaciones que maneja el sector, hasta 180 millones de turistas podrían no viajar este año a Oriente Próximo, lo que en teoría representa una oportunidad de captación para destinos alternativos como España. Hereu, sin embargo, se muestra cauteloso: aboga por un crecimiento sosegado, no por una carrera hacia el volumen máximo.
El modelo de turismo sostenible, en el centro del debate
El ministro ha dejado claro que no está obsesionado con la cifra de los 100 millones de visitantes. Su foco está en el gasto medio por turista, que continúa creciendo a mayor ritmo que el número de llegadas. Para Hereu, ese es el indicador que realmente importa: más ingresos para la economía con un impacto más controlado sobre los destinos.
Este enfoque conecta directamente con el Plan de Turismo Sostenible 2030, la hoja de ruta oficial del Gobierno para el sector. El plan apuesta por desconcentrar los flujos turísticos, diversificar la oferta más allá del modelo de sol y playa y avanzar en la desestacionalización para reducir las puntas de máxima presión en verano. Algunas regiones, especialmente en costa, ya operan en julio y agosto cerca de su límite técnico de ocupación, lo que convierte cualquier aumento adicional de demanda en un desafío de gestión antes que en una oportunidad económica directa.
La apuesta por la eficiencia energética y la electrificación del sector también cobra nueva relevancia en este contexto. Hereu ha defendido que las lecciones de las últimas semanas confirman que el camino correcto es acelerar la transición hacia modelos de menor dependencia de los combustibles fósiles. La vulnerabilidad energética que expone la crisis de Ormuz refuerza, en su argumento, la necesidad de seguir invirtiendo en renovables y en eficiencia, tanto para las empresas turísticas como para las infraestructuras que las sostienen.
Aena y la gestión aeroportuaria, bajo vigilancia
En el plano de las infraestructuras, el ministro ha destacado el papel de Aena como operador aeroportuario con una política proactiva ante la situación. Los aeropuertos españoles son la puerta de entrada de la mayoría de los turistas internacionales y cualquier perturbación en el suministro de queroseno o en las rutas aéreas tendría un impacto inmediato en sus operaciones. Por eso, Hereu insiste en que tanto España como la Unión Europea están tomando medidas para garantizar el abastecimiento y evitar que la escasez, y no solo el precio, se convierta en un problema real.
El escenario que describe el ministro es, en definitiva, el de un sector que llega fuerte a 2026 pero que no puede permitirse bajar la guardia. La combinación de una economía global más débil en los países europeos clave, unos precios energéticos al alza y una región de tránsito aéreo en conflicto crea un conjunto de riesgos que, por separado, serían manejables, pero que actuando a la vez exigen una gestión muy afinada. España tiene margen, pero también límites. Y el Gobierno, al menos según su ministro de referencia, parece ser consciente de ambos.