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Irán cancela la segunda ronda de negociaciones con EE.UU.

El ministro Araghchi viajó a Pakistán pero la reunión con los enviados de Trump no llegó a celebrarse.

Por Carlos García·sábado, 25 de abril de 2026Actualizado hace 15 min·4 min lectura·3 vistas
Ilustración: Irán cancela la segunda ronda de negociaciones con EE.UU. · El Diario Joven

La diplomacia nuclear entre Irán y Estados Unidos ha vuelto a chocar contra un muro. La segunda ronda de negociaciones prevista para este sábado en Pakistán no llegó a celebrarse después de que el ministro de Exteriores iraní, Abás Araghchi, viajara hasta Islamabad sin que finalmente se produjera el encuentro con los representantes de la administración Trump. El resultado es el mismo de siempre: dos partes que hablan de querer negociar pero que no consiguen sentarse a la misma mesa.

La elección de Pakistán como sede no era casual. Islamabad mantiene relaciones diplomáticas tanto con Teherán como con Washington, lo que lo convierte en uno de los pocos escenarios neutrales disponibles en una región marcada por la tensión. La primera ronda de conversaciones se había celebrado también con intermediarios y con una agenda cargada de desconfianza mutua. Que la segunda se frustre antes de empezar no hace sino confirmar la fragilidad del proceso.

El programa nuclear iraní lleva años siendo el eje de una crisis diplomática sin resolución definitiva. Irán sostiene que su programa tiene fines civiles y energéticos, mientras que Estados Unidos, Israel y buena parte de los aliados occidentales temen que Teherán esté desarrollando capacidad para fabricar armas nucleares. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha advertido en reiteradas ocasiones de que Irán ha acumulado uranio enriquecido a niveles muy superiores a los necesarios para uso civil, aunque sin confirmar una decisión de construir un arma.

Trump, que en su primer mandato dinamitó el acuerdo nuclear de 2015 conocido como JCPOA y reimpuso sanciones duras contra Teherán, ha adoptado en este segundo mandato una postura que mezcla la presión máxima con cierta apertura a negociar. Sus enviados se desplazaron a la región con el objetivo de explorar si existe base para un nuevo marco de acuerdo, pero la disposición iraní a participar sigue siendo errática. Araghchi ha señalado en diversas ocasiones que Irán no negociará bajo coerción, una condición que choca frontalmente con la estrategia de presión económica y diplomática que mantiene Washington.

El contexto regional complica aún más cualquier avance. Las tensiones entre Israel e Irán han escalado en los últimos meses, con intercambios de ataques directos que marcaron un punto de inflexión en el conflicto de Oriente Próximo. Israel considera que un Irán con capacidad nuclear supone una amenaza existencial y ha dejado claro que no descarta una acción militar preventiva si la diplomacia fracasa. Esta presión israelí pesa sobre cualquier negociación entre Teherán y Washington, dado que cualquier acuerdo tendría que contar con el visto bueno, al menos tácito, de Tel Aviv.

Desde el lado iraní, la situación interna también condiciona el margen de maniobra del gobierno. Las negociaciones con el gran enemigo estadounidense generan resistencias dentro del propio sistema político iraní, donde los sectores más conservadores ven cualquier acercamiento como una señal de debilidad. Araghchi, como jefe de la diplomacia, tiene que equilibrar la voluntad negociadora que en teoría existe en el gobierno con las líneas rojas que impone el establishment revolucionario.

Lo que ha quedado claro con este nuevo fiasco es que las dos partes no han logrado todavía acordar ni las condiciones básicas del diálogo. La administración Trump insiste en que Irán debe comprometerse a limitar su programa nuclear de forma verificable a cambio de un alivio de las sanciones. Irán, por su parte, exige garantías de que cualquier acuerdo no será abandonado unilateralmente, como ocurrió en 2018, y rechaza que se incluyan en la negociación cuestiones como su programa de misiles balísticos o su apoyo a grupos armados en la región.

Mientras ambas partes no resuelvan estas diferencias de fondo, escenas como la de este sábado en Pakistán se repetirán. Un ministro que viaja, una reunión que no se celebra y una crisis que sigue sin salida. El reloj diplomático avanza, pero la mesa de negociación sigue vacía.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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