La fiscal federal del Distrito de Columbia, Jeanine Pirro, anunció el pasado viernes que ordenaba a su oficina cerrar la investigación penal contra Jay Powell, el actual presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos. La decisión llega en un momento políticamente delicado: el mandato de Powell al frente del banco central expira el próximo 15 de mayo y el Senado tiene pendiente confirmar a su sucesor, Kevin Warsh, el candidato elegido por Donald Trump.
Según declaró la propia Pirro en una publicación en X, la investigación sobre posibles irregularidades en la renovación de la sede de la Fed en Washington —un proyecto valorado en 2.500 millones de dólares— quedará remitida al inspector general del banco central. En la práctica, esto significa que el asunto sale del ámbito penal y pasa a un control interno, sin consecuencias inmediatas para Powell ni para el proceso de sucesión.
¿Por qué importa esto para la confirmación de Warsh?
La investigación del Departamento de Justicia había generado un problema inesperado para la Casa Blanca. Varios senadores republicanos, con el senador por Carolina del Norte Thom Tillis a la cabeza, habían condicionado su apoyo a la nominación de Warsh precisamente a la resolución de este caso. En un Senado donde los márgenes son ajustados, unos pocos votos disidentes dentro del propio partido pueden bloquear cualquier confirmación.
El cierre del expediente penal elimina ese argumento. Warsh, exgobernador de la Fed y conocido en los mercados por sus posiciones más hawkish en materia monetaria, puede ahora aspirar a superar el trámite del Senado con mayores garantías. Aunque el voto final no está fechado todavía, la señal política es clara: la Casa Blanca quiere dejar el camino libre cuanto antes.
La investigación que nunca convenció a Powell
El caso en sí giraba en torno a si Powell había engañado al Congreso al declarar sobre los costes de la remodelación de la sede washingtoniana del banco central. Powell negó siempre las acusaciones con contundencia y fue más lejos: en distintas ocasiones defendió que la investigación respondía a una estrategia de presión de la Casa Blanca para forzar una bajada de los tipos de interés, algo que el banco central ha resistido dado el contexto inflacionario.
Esa tensión entre Trump y Powell ha sido una de las constantes de los últimos meses. Trump ha criticado públicamente en repetidas ocasiones la política monetaria de la Fed, exigiendo recortes de tipos que Powell y el Comité Federal de Mercado Abierto han rechazado argumentando que la inflación no está suficientemente controlada. El enfrentamiento ha tensado la percepción sobre la independencia del banco central, un principio que los mercados financieros vigilan de cerca.
Warsh, el candidato que prefiere Trump
Kevin Warsh fue gobernador de la Reserva Federal entre 2006 y 2011, periodo en el que vivió de primera mano la crisis financiera global. Desde entonces ha mantenido un perfil activo en debates de política económica. Su posición sobre los tipos de interés es, en general, más favorable a la restricción monetaria que a la expansión, aunque en el contexto actual se espera que preste atención a las señales que lleguen desde la Casa Blanca.
Los mercados observan su posible llegada con cautela. La independencia de la Fed es un valor que los inversores consideran estructural para la estabilidad del dólar y de los activos estadounidenses. Cualquier señal de que el nuevo presidente podría ceder a presiones políticas en materia de tipos podría generar volatilidad, especialmente en un entorno marcado por la incertidumbre arancelaria y las tensiones comerciales globales.
Un relevo en un momento de máxima tensión monetaria
El cambio al frente de la Fed se produce cuando la política monetaria estadounidense sigue siendo uno de los principales focos de atención para la economía mundial. Los tipos de interés en Estados Unidos afectan directamente a los mercados de deuda globales, al valor del dólar y, por extensión, a economías emergentes y desarrolladas por igual, incluida la zona euro.
El Banco Central Europeo, que también atraviesa su propio ciclo de decisiones sobre tipos, ha mantenido una comunicación más pausada, pero cualquier giro brusco en la política de la Fed tendría repercusiones inmediatas. En ese contexto, el perfil del próximo presidente de la Reserva Federal importa, y mucho, más allá de las fronteras estadounidenses.
Con el caso penal cerrado y el reloj del mandato de Powell corriendo, el proceso de confirmación de Warsh entra en su fase decisiva. Lo que ocurra en las próximas semanas en el Senado marcará el tono de la política monetaria de la mayor economía del mundo durante los próximos años.