La banca española tiene en BBVA su referente más claro en materia de inteligencia artificial. La entidad ha conseguido que más de la mitad de su plantilla utilice herramientas de IA generativa cada semana, una cifra que la Universidad de Harvard ya analiza como caso de éxito en la integración de esta tecnología en grandes organizaciones. El resultado visible son más de 8.000 casos de uso activos dentro del banco, una cantidad que no deja de crecer.
Los datos de uso interno son llamativos. ChatGPT, la herramienta de OpenAI, se utiliza de media doce días al mes por empleado. Gemini, la solución de Google, alcanza los nueve días mensuales de uso medio. BBVA tiene acuerdos con ambas compañías y ha extendido las licencias a prácticamente toda su plantilla, lo que elimina una de las barreras clásicas de adopción: el acceso. Cuando la herramienta está disponible y el empleado sabe usarla, la adopción escala sola.
Una red de 750 especialistas como motor del cambio
El modelo de BBVA no se basa únicamente en dar acceso a las herramientas. La clave está en cómo ha estructurado el cambio cultural dentro de la organización. El banco ha creado una red de 750 perfiles internos denominados wizards, especialistas cuya misión es identificar nuevos casos de uso, compartir buenas prácticas y acompañar a sus compañeros en el proceso de adopción. Funcionan como dinamizadores del cambio en cada equipo, reduciendo la resistencia natural que suele aparecer ante cualquier transformación tecnológica de calado.
Alia Jiménez, responsable de Transformación y Data de Talento y Cultura en BBVA, señala que el papel de estos especialistas es clave para acelerar la curva de aprendizaje de la plantilla. La figura no es nueva en grandes corporaciones, pero el despliegue a esta escala sí resulta singular. Tener un interlocutor cercano que conoce la herramienta y entiende el contexto de trabajo de cada equipo marca una diferencia real respecto a los modelos de formación más tradicionales y verticales.
Formación a escala: 280.000 horas lectivas en un año
Paralelo a esta red de especialistas, BBVA ha invertido de forma masiva en formación. Durante el último año, el banco ha impartido más de 280.000 horas lectivas vinculadas a la inteligencia artificial. El dato más llamativo en este apartado es el programa Gemini Express, diseñado para enseñar a los empleados a utilizar la herramienta de Google. En su primera semana de lanzamiento, el programa capacitó a 105.000 profesionales, convirtiéndose en la acción formativa con mayor participación en la historia de la entidad.
A esto se suma una comunidad de práctica interna que ya integra a 90.000 empleados. En este espacio se comparte conocimiento, se impulsan actividades de aprendizaje entre pares y se celebran eventos globales sobre IA. Desde su creación, la comunidad ha organizado cerca de veinte eventos de este tipo. El enfoque es deliberadamente horizontal: no solo aprenden los perfiles técnicos, sino que la formación alcanza a equipos de negocio, operaciones, recursos humanos y otras áreas tradicionalmente alejadas de la tecnología.
El impacto en productividad: tres horas semanales por empleado
Más allá de los números de adopción, BBVA cuantifica el impacto en productividad. El banco estima que la automatización de tareas repetitivas gracias a estas herramientas permite ahorrar a cada empleado aproximadamente tres horas a la semana. En una plantilla de decenas de miles de personas, ese dato se traduce en un volumen de tiempo recuperado enorme, que la entidad dirige hacia tareas de mayor valor añadido.
Jiménez insiste en que la tecnología aporta velocidad y capacidad de análisis, pero que el criterio, el pensamiento crítico y la empatía siguen siendo aportaciones humanas insustituibles en la toma de decisiones. Es un matiz importante en el debate sobre el futuro del empleo en el sector financiero: la posición oficial del banco no es de sustitución, sino de complementariedad.
De los más de 8.000 casos de uso activos, BBVA considera que alrededor de 700 tienen relevancia estratégica real por su potencial de impacto. Que Harvard haya decidido documentar este modelo como referencia internacional no es un detalle menor: sitúa a la entidad española en el mapa global de la transformación digital corporativa, en un momento en que la mayoría de grandes empresas todavía busca la fórmula para que sus empleados adopten la IA de forma efectiva y sostenida. El modelo de BBVA, con sus capas de acceso, formación y dinamización interna, ofrece una hoja de ruta concreta para cualquier organización que quiera ir más allá del piloto puntual.