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El Mundial 2026 vende entradas para la final a 2,3 millones de dólares

La FIFA permite la reventa sin límite de precio y cobra un 15% de comisión por cada transacción en su propia plataforma.

Por Carlos García·domingo, 26 de abril de 2026Actualizado hace 6 min·4 min lectura·2 vistas
Ilustración: El Mundial 2026 vende entradas para la final a 2,3 millones · El Diario Joven

El Mundial de Norteamérica 2026 todavía no ha dado el pitido inicial, pero ya tiene un récord que pocos aficionados celebran: se perfila como el torneo más caro de la historia para quien quiera verlo en directo. La final, que se disputará el 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, ha llegado a cotizarse en el mercado de reventa a más de dos millones de dólares por entrada, una cifra que ha encendido el debate sobre la comercialización del fútbol a nivel global.

La agencia Associated Press fue la primera en destacar estos precios, aunque cualquiera puede comprobarlo accediendo directamente a la plataforma oficial de compraventa de entradas de la FIFA. En ese portal existen al menos cuatro plazas disponibles para la final —situadas en la tribuna inferior, tras la portería— por 2.299.998,85 dólares cada una. Otro vendedor pide 991.500 dólares por asientos en la zona delantera. Las entradas más asequibles dentro de ese mismo mercado de reventa, las de tercera categoría, arrancan en 10.900 dólares.

Lo que ha cambiado respecto a ediciones anteriores del campeonato es el modelo que ha adoptado la FIFA para gestionar la compraventa de entradas. En anteriores Mundiales, el precio de reventa estaba limitado al valor nominal del billete. Esta vez, la federación ha optado por un sistema sin techo de precio en el denominado Mercado de Reventa e Intercambio, alineado, según su propio argumento, con las prácticas habituales del mercado de grandes eventos deportivos y de entretenimiento en Estados Unidos, el país que acogerá el mayor número de partidos del torneo.

El negocio para la FIFA no es menor. Por cada transacción realizada a través de su plataforma, la federación cobra una comisión del 15% al comprador y otro 15% al vendedor. Si se llegara a cerrar la venta de una entrada a 2,3 millones de dólares, la FIFA ingresaría en torno a 690.000 dólares de esa única operación. La propia organización lo justifica señalando que las comisiones aplicadas están «alineadas con los estándares de la industria en los sectores deportivos y de entretenimiento de Norteamérica», según un comunicado citado por AP. Una de las motivaciones adicionales para internalizar este mercado es desincentivar el uso de plataformas de reventa independientes como StubHub.

La controversia, sin embargo, no nació con los precios astronómicos de reventa. Cuando se abrió la primera fase de venta directa en diciembre de 2025, las entradas para la final ya se comercializaban entre 4.185 y 8.680 dólares, muy lejos de los 60 dólares prometidos inicialmente para la fase de grupos. La FIFA aplica un sistema de precios variables —conocido como *variable pricing*— similar a las tarifas dinámicas que utilizan las aerolíneas o plataformas de conciertos, y que ajusta el coste en función de la demanda. El miércoles pasado, la FIFA liberó un nuevo bloque de entradas de venta directa para la final a 10.990 dólares la unidad.

Organizaciones de consumidores como la OCU ya han alzado la voz contra este sistema, considerando que la promesa de accesibilidad económica quedó en papel mojado desde el primer momento. El periodista Bryan Armen, en The Guardian, ironizó señalando que las entradas económicas «solo existen como ridículas manchas verdes en el borde de los mapas de asientos, poco más que espejismos de inclusión».

Pero las entradas no son la única fuente de polémica relacionada con los costes del Mundial. El transporte público también ha entrado en el debate. NJ Transit, el operador ferroviario de Nueva Jersey, ha anunciado que los billetes de ida y vuelta entre Manhattan y el MetLife Stadium para el día de la final costarán 150 dólares, casi once veces más que el precio habitual del mismo trayecto, que en un día normal ronda los 12,9 dólares. La decisión ha generado una nueva ola de críticas entre aficionados y organizaciones de consumidores que ven en el conjunto del torneo un evento diseñado para quienes pueden permitirse grandes desembolsos.

El resultado es un campeonato del mundo que, incluso antes de arrancar, ya plantea preguntas incómodas sobre qué tipo de público puede acceder a él en directo y quién queda excluido por razones económicas. La FIFA argumenta que las entradas representan una de sus principales fuentes de ingresos y que el modelo adoptado responde a la lógica del mercado norteamericano. Los aficionados, por su parte, observan cómo el deporte más popular del mundo eleva sus precios a niveles que lo alejan de buena parte de sus seguidores tradicionales.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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