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Por qué el mundo no puede permitirse cerrar Ormuz

El bloqueo del estrecho amenaza con disparar el petróleo a 250 dólares y hundir en recesión a media docena de economías clave.

Por Carlos García·martes, 28 de abril de 2026·5 min lectura·2 vistas
Ilustración: Por qué el mundo no puede permitirse cerrar Ormuz · El Diario Joven

Una cadena de televisión japonesa retransmitió el fin de semana la llegada de un petrolero cargado de crudo estadounidense. Lo que en condiciones normales sería una imagen rutinaria se ha convertido en noticia de portada: sin suministro desde el golfo Pérsico, las refinerías de Japón empiezan a quedarse vacías. El estrecho de Ormuz lleva semanas cerrado bajo un doble bloqueo, el de Teherán y el de Washington, y las consecuencias se sienten ya en cuatro continentes.

El daño no es lineal. Según Goldman Sachs, cada jornada adicional de cierre es más destructiva que la anterior, porque los almacenes se vacían, las alternativas logísticas se agotan y los precios del queroseno, el gasóleo y el fuelóleo siguen escalando. Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, ya ha definido la situación como "la mayor crisis energética de la historia, más grande que todas las anteriores juntas". Las conversaciones en Islamabad avanzan a trompicones y el anuncio de reapertura que hizo la Guardia Revolucionaria iraní hace diez días se evaporó en menos de 24 horas.

Por qué cada actor necesita que esto se resuelva ya

Irán fue quien cerró el estrecho en respuesta a los bombardeos israelíes y estadounidenses sobre su territorio. En la primera fase del bloqueo, sus exportaciones propias seguían fluyendo, lo que le daba rédito económico y presión diplomática al mismo tiempo. Pero el embargo decretado por Donald Trump ha cambiado por completo esa ecuación: Teherán ha visto desplomarse sus ventas de petróleo, gas, acero y fertilizantes. Sus depósitos de crudo se acercan al límite de capacidad, lo que obligaría a cerrar pozos con daños a largo plazo difíciles de revertir. Con la economía ya muy tocada, los incentivos para negociar crecen. Jorge León, jefe de análisis geopolítico de la consultora noruega Rystad Energy, recuerda que a finales de 2019 Irán aguantó con las exportaciones reducidas de 2,7 millones de barriles diarios a apenas medio millón. "Y resistieron", subraya. Capacidad de aguante, por tanto, la hay. Pero el margen se estrecha.

Estados Unidos se encuentra en una posición igualmente comprometida. La revolución del fracking ha convertido al país en uno de los mayores exportadores de crudo del planeta, pero eso no lo inmuniza frente al alza de precios en el mercado global. La gasolina ya ha superado los cuatro dólares por galón en muchos estados, un umbral que históricamente anticipa resultados electorales negativos para el partido en el poder. Las elecciones de mitad de mandato están a la vuelta de la esquina y, según León, si Ormuz no reabre antes de mayo, los precios llegarán disparados al verano, justo durante la llamada driving season, el periodo de mayor consumo del año. Los mercados de predicción ya otorgan más de un 50% de probabilidad al escenario en el que el Partido Republicano pierde ambas cámaras del Congreso.

Europa y Asia en el punto de mira

Europa es un actor secundario en el conflicto, pero uno de los más golpeados por sus consecuencias. Aerolíneas como Lufthansa y KLM ya han recortado vuelos para ahorrar queroseno. El diésel se ha encarecido, perjudicando a transportistas, agricultores e industria. Y los almacenes subterráneos de gas natural están prácticamente vacíos después de un invierno largo: la primavera y el verano son el periodo clave para rellenarlos antes de los meses fríos. Si el precio del gas sigue al alza, la factura será descomunal. Emmanuel Macron urgió el sábado a reabrir el estrecho "en los próximos días o semanas". Pocas horas antes, TotalEnergies había advertido de que si el cierre se prolonga dos o tres meses más se entraría "en un mundo de escasez de energía". El canciller alemán Friedrich Merz fue más directo aún: "La guerra está teniendo un impacto directo en nuestra economía y debe terminar lo antes posible".

China llegó a la crisis con cierta ventaja: llevaba meses acumulando reservas y acelerando la electrificación del transporte. Pero la escalada ya ha encendido las alarmas en Pekín. Xi Jinping exigió la semana pasada la reapertura de Ormuz en una conversación con el príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salmán: "El estrecho debe permanecer abierto al tráfico normal, por el interés común de los países de la región y de toda la comunidad internacional". Una presión adicional sobre Irán, para quien China es mucho más que un comprador de energía.

El eslabón más frágil de la cadena es el Asia emergente. Filipinas lleva semanas en estado de emergencia nacional. Bangladés y Myanmar racionan el combustible. Tailandia pide a sus ciudadanos que ahorren. Indonesia ha puesto a sus funcionarios a teletrabajar para reducir el consumo de gasolina. Y la India, que dependía en gran medida del gas licuado del petróleo procedente de Oriente Próximo para cocinar en millones de hogares, ve cómo su red de refinerías, clave también para la exportación, pierde su principal fuente de abastecimiento.

Dos escenarios, uno de ellos muy oscuro

Las petromonarquías del Golfo, pese a haber respaldado inicialmente los ataques estadounidenses, empiezan a sentir el golpe con dureza. Emiratos Árabes ya ha llamado a la puerta de la Casa Blanca para buscar liquidez a corto plazo. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ha reconocido que "varias" petromonarquías han hecho peticiones similares. Qatar, según el Fondo Monetario Internacional, ha pasado de una previsión de crecimiento del 6,1% a una contracción del 8,6% para este año. Solo Arabia Saudí dispone de reservas suficientes para aguantar más allá del verano.

León plantea dos salidas posibles. La más probable, en su opinión, es que Estados Unidos termine cediendo en la negociación: un acuerdo de mínimos que ponga fin a los combates e incluya pactos bilaterales país a país para que los barcos puedan pasar por Ormuz, con un peaje para financiar la reconstrucción iraní. La segunda es que Trump asuma ya la derrota electoral y continúe la guerra indefinidamente. En ese caso, el precio del barril podría alcanzar los 200 o 250 dólares, más del doble del nivel actual, con recesión generalizada, inflación desbocada y tipos de interés al alza como telón de fondo. Los pronósticos de Birol, en ese escenario, se quedarían cortos.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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