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Cómo invertir en Bolsa cuando llega la estanflación

Un estudio de Schroders revela qué sectores y mercados resisten mejor cuando el crecimiento se frena y la inflación se dispara.

Por Carlos García·viernes, 17 de abril de 2026·4 min lectura·1 vistas
Ilustración: Cómo invertir en Bolsa cuando llega la estanflación · El Diario Joven

El miedo a la estanflación ha vuelto a instalarse en los mercados financieros. La combinación de estancamiento económico e inflación elevada, agravada por las tensiones geopolíticas en Oriente Próximo, ha reabierto el debate sobre si tiene sentido seguir apostando por la renta variable en este contexto. La respuesta, según un análisis de la gestora Schroders, es que sí, aunque con matices importantes: no todos los sectores ni todos los mercados se comportan igual cuando la economía entra en este tipo de ciclo.

Duncan Lamont, director de análisis de Schroders, lo resume con un dato que vale la pena tener en cuenta: la rentabilidad media anual de la renta variable en años de estanflación ha rondado el 0% a lo largo del último siglo, pero en aproximadamente la mitad de esos ejercicios las bolsas terminaron en positivo, con una rentabilidad media del 16% en esos casos concretos. Además, históricamente las acciones han superado en rendimiento a los activos más conservadores y líquidos, e incluso han logrado mantener el ritmo de la inflación. No es el mejor escenario posible para invertir, pero tampoco el apocalipsis bursátil que muchos inversores temen.

Lo que sí queda claro en el estudio es que la dispersión entre sectores es enorme. Elegir bien dónde se pone el dinero marca la diferencia entre perder y ganar durante un periodo de estanflación.

Los sectores que aguantan mejor

Los datos disponibles para analizar el comportamiento sectorial arrancan de 1974 y apuntan en una dirección clara: los sectores defensivos son los que mejor se defienden. Los servicios públicos y los productos básicos de consumo encabezan el ranking porque su demanda es poco sensible al ciclo económico. Da igual si hay recesión o inflación: la gente sigue pagando la luz, el gas y llenando el carrito de la compra con artículos esenciales.

Junto a ellos, el sector energético y el de materias primas también tienden a rendir bien en estos entornos. La lógica es directa: la inflación elevada suele estar alimentada precisamente por el encarecimiento de las materias primas, lo que beneficia a las empresas que las producen o extraen. Es un mecanismo de cobertura natural ante este tipo de escenario.

Hay, sin embargo, una sorpresa en el análisis. El sector salud, considerado históricamente como defensivo, ha perdido parte de ese atributo en los periodos de estanflación registrados desde los años 2000. Schroders también advierte de que el sector inmobiliario presenta oscilaciones elevadas, lo que añade incertidumbre para los inversores que buscan estabilidad.

Los sectores que sufren más

En el extremo opuesto, los peores rendimientos corresponden a los sectores de consumo discrecional, tecnología de la información, servicios de comunicación y financiero. Las razones son diferentes en cada caso, pero todas tienen sentido en un entorno de estanflación.

El consumo discrecional cae porque, cuando los salarios reales se erosionan y la economía se enfría, los hogares recortan el gasto en lo que no es imprescindible: ropa de marca, electrónica de consumo, viajes o restaurantes. La tecnología y los servicios de comunicación sufren por una mezcla de debilidad de la demanda y presión en los costes, además de unas valoraciones que suelen estar muy tensionadas. El sector financiero, por su parte, se resiente si aumentan los impagos o cae la actividad crediticia, dos consecuencias habituales cuando la economía se desacelera.

Qué mercados geográficos mirar

La dimensión geográfica completa el análisis y añade otra capa de matices. Según Schroders, Estados Unidos podría tener más dificultades que otros mercados en un entorno de estanflación, precisamente por su elevada exposición al sector tecnológico. Wall Street es el gran escaparate mundial de las grandes tecnológicas, y eso puede convertirse en un lastre cuando ese sector lo pasa mal. Solo un 15% de la bolsa estadounidense tiene exposición a los sectores que mejor se comportan históricamente en este tipo de ciclo.

Europa presenta un perfil más mixto. El sector industrial y financiero pueden actuar como freno, pero la mayor presencia de utilities y la baja exposición a tecnología y comunicaciones juegan a su favor en comparación con el mercado americano.

El caso más llamativo es el del mercado británico. La bolsa de Londres destina alrededor del 16% de su peso al sector de productos de consumo básico y otro 10% al energético, una combinación que, según Lamont, supera en más del doble a cualquier otro mercado desarrollado relevante. Eso convierte al FTSE 100 en una referencia a considerar para los inversores que quieran posicionarse ante un escenario de estanflación prolongada.

En definitiva, el mensaje de fondo es que la estanflación no obliga a abandonar la renta variable, sino a ser más selectivo dentro de ella. Combinar sectores defensivos y ligados a materias primas con una exposición geográfica orientada hacia mercados como el europeo o el británico, y reducir el peso en tecnología y consumo discrecional, es la estrategia que los datos históricos avalan para navegar estos periodos sin naufragar. Como siempre en inversión, no hay garantías, pero sí hay evidencia.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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