La tensión en Oriente Medio está cambiando la forma en que las aerolíneas gestionan sus costes, y los pasajeros están empezando a notarlo en el precio final de sus billetes. Volotea, la aerolínea de bajo coste fundada en España, se ha convertido en la primera compañía española en aplicar un suplemento explícito por el precio del carburante, un mecanismo que puede encarecer un billete ya comprado hasta una semana antes de volar.
El detonante es el bloqueo del estrecho de Ormuz, una vía marítima por la que transita cerca del 40% del petróleo que consumen las aerolíneas europeas. La interrupción del suministro por esa ruta ha disparado el precio del queroseno en los mercados internacionales y ha forzado a toda la industria a replantearse cómo absorber —o repercutir— ese coste adicional.
Cómo funciona el recargo
Desde el 16 de marzo, Volotea aplica lo que ha bautizado como *Fair Travel Promise* o Compromiso de Viaje Justo. El mecanismo es sencillo: siete días antes de cada vuelo, la compañía consulta el precio de mercado del combustible usando fuentes públicas. Si ese precio ha subido respecto al momento en que el pasajero hizo su reserva, se le cobra un suplemento de hasta 14 euros por persona y trayecto. Según los datos que maneja la propia aerolínea, la mayoría de los recargos aplicados hasta ahora se han situado entre los 7 y los 10 euros.
El sistema también puede funcionar al revés: si el precio del carburante ha bajado desde la reserva, Volotea devuelve la diferencia al pasajero. La compañía subraya que esta política se informa y se acepta en el momento de la compra, antes de que el cliente confirme su reserva.
Cuando llega el aviso de recargo, el pasajero dispone de 48 horas para tomar una decisión. Puede asumir el coste adicional y mantener el viaje, solicitar la devolución íntegra del billete, o aprovechar la ventana que le ofrece la aerolínea para modificar o cancelar su reserva sin coste hasta cuatro horas antes del despegue. Es decir, la compañía no impone el recargo sin alternativa: ofrece una salida a quienes no quieran asumirlo.
Los números respaldan la medida, según Volotea
La cifra más llamativa que ha publicado la aerolínea es que el 97% de los pasajeros que han recibido un aviso de recargo han optado por pagar y seguir adelante con sus planes. La compañía interpreta ese dato como una señal de que la política está alineada con lo que sus clientes esperan, y lo presenta como un argumento de que la transparencia en el proceso ayuda a la aceptación.
Además del suplemento, Volotea ha cancelado un pequeño porcentaje de vuelos por el encarecimiento del combustible, aunque asegura que esa cifra representa menos del 1% de su programación total, un impacto operativo relativamente contenido en comparación con lo que está ocurriendo en otras partes del sector.
El sector busca respuestas distintas
No todas las aerolíneas están tomando el mismo camino. Compañías como Air France-KLM, Qantas o Cathay Pacific ya contaban con mecanismos de suplemento por combustible antes de esta crisis. En cambio, grupos como IAG, matriz de Iberia y British Airways, o Ryanair han preferido no aplicar recargos explícitos de momento.
Ante la gravedad de la situación, grupos como Lufthansa y el propio Ryanair han pedido a la Unión Europea que explore un modelo de compra conjunta de queroseno para el sector aéreo, similar al mecanismo que se articuló a escala europea para el gas natural tras la invasión rusa de Ucrania. La propuesta todavía no ha avanzado en los despachos de Bruselas, pero refleja la presión que existe en la industria para encontrar una solución estructural.
¿España tiene margen para aguantar?
Desde el punto de vista del suministro nacional, España parte de una posición relativamente mejor que otros países europeos. Según datos del sector energético, la capacidad de refinado nacional permite producir casi 9,9 millones de toneladas de queroseno al año, lo que da cierto colchón ante disrupciones en el suministro internacional. Sin embargo, esa capacidad no es suficiente para aislar completamente al mercado español de las fluctuaciones globales del precio del petróleo.
Si el bloqueo del estrecho de Ormuz se prolonga, la presión sobre los precios podría intensificarse. El Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI Europe) y diversas aerolíneas ya han advertido de que el problema de cancelaciones podría agravarse si el suministro sigue resentido. En ese escenario, la pregunta que queda en el aire es si más compañías seguirán el camino que ha abierto Volotea: trasladar el coste del combustible al pasajero de forma explícita, pactada y con mecanismos de compensación incluidos.