El dólar estadounidense atraviesa su peor mes desde agosto al perder un 2,3% frente a una cesta de divisas desde los máximos que alcanzó a finales de marzo. La causa principal, según operadores y estrategas, es doble: las crecientes esperanzas de que el conflicto con Irán llegue a una resolución negociada y la expectativa de que la Reserva Federal recorte los tipos de interés antes de que acabe el año. Ambos factores han revertido la lógica que sostuvo la fortaleza del billete verde durante las primeras semanas de la guerra.
Cuando estalló el conflicto con Irán, el dólar se benefició de su tradicional papel de moneda refugio. Los inversores buscaron seguridad en activos denominados en dólares y el euro sufrió pérdidas notables en esas primeras semanas, en parte por la mayor exposición europea a una crisis energética prolongada. Sin embargo, ese escenario ha cambiado radicalmente. "Se trata de una operación de desescalada", explica Meera Chandan, codirectora de estrategia global de divisas en JPMorgan, quien señala que el atractivo refugio del dólar se ha erosionado a medida que los mercados descuentan un acuerdo de paz.
Mohit Kumar, economista jefe para Europa de Jefferies, comparte esa lectura. Su hipótesis principal, según ha explicado públicamente, es que a ambas partes les conviene llegar a un acuerdo pese a los contratiempos registrados en las negociaciones. Esa convicción ha reducido la volatilidad general del mercado incluso cuando el precio del petróleo rozó brevemente los 100 dólares por barril, un nivel que en otro contexto hubiera disparado las alarmas.
La política monetaria vuelve al centro del debate
Más allá de la geopolítica, los mercados han vuelto a poner el foco en las divergencias de política monetaria entre Estados Unidos y las grandes economías occidentales. En Europa, el encarecimiento de la energía derivado del conflicto hace prever subidas de tipos para contener la inflación. En cambio, en EEUU la narrativa apunta en dirección contraria: los inversores contemplan con creciente convicción un recorte de tipos por parte de la Reserva Federal antes de que termine 2026.
Esa combinación —subidas en Europa, posibles bajadas en EEUU— es una de las razones más sólidas para explicar la depreciación del dólar. La divisa estadounidense ha perdido terreno frente a todas las principales monedas excepto el yen japonés en lo que va de abril, según datos de Bloomberg. El euro, por su parte, cotiza ya en torno a 1,175 dólares y los bancos de Wall Street proyectan que podría alcanzar 1,20 dólares en el próximo año.
Geoffrey Yu, estratega sénior de mercado para EMEA en BNY, apunta a otro fenómeno que refuerza esta tendencia: la vuelta del carry trade. Los operadores están tomando posiciones en divisas de mercados emergentes con tipos de interés más elevados, financiándose en dólares. Esos "flujos en busca de rentabilidad", como los describe Yu, se alimentan directamente de la expectativa de que la Fed afloje su política monetaria, lo que abarata el coste de mantener posiciones cortas en dólares.
Trump, la Fed y el factor político
No es un contexto exento de presión política. El presidente Donald Trump ha instado públicamente a la Reserva Federal a bajar los tipos, una postura que ha generado debate sobre la independencia del banco central y que los mercados han incorporado como un factor adicional de debilidad para el dólar. Kevin Warsh, señalado como candidato de Trump para presidir la Fed, ha argumentado que los avances en productividad impulsados por la inteligencia artificial podrían justificar una reducción de tipos en Estados Unidos, lo que ha dado cierta cobertura técnica al argumento político.
Roger Hallam, responsable de tipos de interés internacionales de Vanguard, cree que estas fuerzas estructurales de mayor calado seguirán pesando sobre el dólar más allá del conflicto. "Pero la evolución de la guerra marcará la dirección a corto plazo", matiza. Es decir, si las negociaciones de paz fracasan o el conflicto se recrudece, el dólar podría recuperar parte de su brillo como activo refugio. Si se consolida la desescalada, el camino más probable es una mayor debilidad del billete verde.
En definitiva, el dólar está pagando el precio de un cambio de narrativa: del miedo a la guerra al cálculo de política monetaria. Los gestores de fondos consideran que esas dos fuerzas —perspectivas de la Fed y tendencias previas al conflicto— continuarán lastrando al dólar conforme la tensión geopolítica se disipe. La divisa que ganó peso cuando el mundo buscaba refugio lo pierde ahora que los inversores vuelven a pensar en rentabilidad.