Netflix no es precisamente el destino habitual de los grandes clásicos del cine. Plataformas como Filmin o FlixOlé tienen catálogos mucho más nutridos de películas alejadas de la actualidad. Sin embargo, esta semana la plataforma incorpora una excepción de peso: El Golpe, la comedia de estafadores de 1973 que sigue siendo, medio siglo después, una de las películas más queridas y mejor construidas de la historia del cine estadounidense.
Dirigida por George Roy Hill y escrita por David S. Ward, la película reunió de nuevo a Paul Newman y Robert Redford cuatro años después de Dos hombres y un destino, la road movie del Oeste con la que la pareja ya había demostrado que su química en pantalla era algo difícil de fabricar. El resultado fue todavía más redondo: una historia de timos ambientada en el Chicago de 1936 que funciona a la perfección como entretenimiento y, al mismo tiempo, como un ejercicio de virtuosismo narrativo.
El argumento parte de un aprendiz de estafador, interpretado por Redford, que tras la muerte de un amigo a manos del mafioso Doyle Lonnegan —un Robert Shaw en estado de gracia— decide buscar venganza. Para ello se asocia con un veterano del oficio encarnado por Newman. Lo que sigue es una serie de engaños dentro de engaños: la película anuncia cada fase del timo mediante tarjetas ilustradas que imitan las portadas del Saturday Evening Post, pero esa estructura episódica es también parte del juego. El espectador cree que lo sabe todo mientras el guion le birla la cartera sin que se dé cuenta. Ward, que ganaría el Oscar por este trabajo, construyó un mecanismo de relojería que hoy sigue funcionando con la misma precisión.
Siete premios Oscar en su mejor año
En la 46ª edición de los premios de la Academia, celebrada en 1974, El Golpe compitió en diez categorías y ganó siete: Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Guion Original, Mejor Montaje, Mejor Dirección Artística, Mejor Vestuario y Mejor Banda Sonora Adaptada. Fue uno de los grandes triunfos en una gala especialmente competida, lo que da idea de la magnitud del impacto que tuvo en su momento. Los registros históricos de la Academia muestran que pocas comedias han logrado imponerse con tanta contundencia en una ceremonia que históricamente ha preferido los dramas.
El reparto es otro de sus activos evidentes. Newman y Redford son dos actores con un magnetismo natural que no necesita esfuerzo: sus escenas juntas tienen una ligereza que parece improvisada pero que responde a un trabajo milimétrico. Robert Shaw, por su parte, aporta la tensión necesaria como antagonista: su Lonnegan es un tipo peligroso al que el espectador no puede dejar de observar.
La banda sonora que llegó al número uno en los 70
Uno de los elementos más recordados de la película es su música. Marvin Hamlisch se encargó de adaptar composiciones de ragtime del pianista Scott Joplin, un género que para 1936, cuando transcurre la trama, ya llevaba más de dos décadas en declive. La elección fue una licencia histórica consciente: el equipo prefirió el sabor de época que ofrecía el ragtime antes que la precisión documental. La apuesta funcionó con creces. La banda sonora llegó al número uno de ventas en plenos años setenta y contribuyó de forma decisiva a consolidar el fenómeno cultural en que se convirtió la película. La pieza más reconocible, The Entertainer, es hoy inseparable de cualquier evocación del filme.
La obra de Scott Joplin, recuperada así para el gran público en los setenta, experimentó un auténtico renacimiento gracias al éxito de la película. Es uno de esos casos en que el cine sirve de puente entre generaciones para rescatar un patrimonio musical que de otro modo habría permanecido relegado a los libros de historia.
Un clásico que no caduca
Cinco décadas después de su estreno, El Golpe conserva intacta su capacidad de enganchar al espectador desde los primeros minutos. Su ritmo no tiene altibajos, sus diálogos mantienen la chispa y el desenlace sigue sorprendiendo a quienes la ven por primera vez. Es, en definitiva, una de esas películas que no necesitan contexto histórico ni condescendencia nostálgica: funciona sola, igual que funcionó en 1973.
Que esté disponible en Netflix, una plataforma que no suele apostar por este tipo de catálogo, es una oportunidad que merece la pena aprovechar. Tanto para los que nunca la han visto como para los que quieran reencontrarse con uno de los grandes dúos de la historia del cine.