Pronovias, la empresa que llegó a controlar la mitad del mercado nupcial español y que facturaba 150 millones de euros en sus mejores años, afronta estos días su capítulo más oscuro. Un juzgado analiza el valor de la compañía y decidirá, antes de que acabe abril, quién se queda con ella. Las ofertas sobre la mesa son dos: la de Desigual, referente del textil barcelonés, y la del fondo de inversión estadounidense Enduring. El desenlace marcará el futuro de una marca que fue sinónimo de boda en España durante décadas.
La historia de Pronovias arranca en 1922, cuando la familia Palatchi —de origen sefardí, llegada a Barcelona tras la Primera Guerra Mundial— abrió una tienda de encajes y bordados llamada El Suizo. Alberto Palatchi fue quien transformó ese negocio familiar en un gigante internacional con presencia en más de 120 tiendas propias y 4.000 puntos de venta en todo el mundo. En 2017, tras consolidar Pronovias como referente global, Palatchi vendió la empresa al fondo de capital riesgo BC Partners por 550 millones de euros. Desde entonces, la empresa no ha parado de perder pie.
Una gestión que no levantó cabeza
BC Partners asumió el control en pleno auge de la marca, pero la pandemia de 2020 y la cancelación masiva de bodas golpearon duramente los ingresos. Sin embargo, los problemas no se explican solo por la covid. Bajo la dirección de la consejera delegada Amandine Ohayon, la compañía apostó por una estrategia de adquisiciones, reestructuración internacional y alianzas con diseñadores que no dio los resultados esperados. Las pérdidas se acumularon y la deuda escaló hasta los 131 millones de euros en 2023.
En 2022, los fondos acreedores Bain y MV Credit se hicieron con la compañía a cambio de una reducción de esa deuda. El nuevo consejero delegado, Marc Calabia, llegó desde Springfield con un plan estratégico renovado, pero las fuentes consultadas apuntan a que la situación empeoró: deterioro de las relaciones con los mayoristas y una gestión comercial deficiente. Calabia dejó el cargo en julio de 2025. Su sustituta, Cristina Alba, con perfil más financiero, se encontró con los fondos propietarios sin voluntad de inyectar más capital, después de haber aportado ya más de 135 millones sin retorno.
Los números de 2025 reflejan el deterioro: Pronovias facturó 88 millones de euros, un 15% menos que el año anterior, y registró un resultado bruto de explotación negativo de nueve millones, frente al positivo de cinco millones de 2024. La empresa necesita una inyección urgente de unos 20 millones de euros para seguir operando. Con ese panorama, los propietarios presentaron un prepack concursal —paso previo al concurso de acreedores— y el proceso judicial está ahora en marcha.
Las dos opciones: Desigual o un fondo americano
De los dos candidatos, la Generalitat de Catalunya y el mundo empresarial barcelonés se decantan abiertamente por Desigual. La Administración catalana había intentado antes atraer a Mango y a Tendam —antiguo Cortefiel— sin éxito, antes de que Desigual diera el paso. Desigual, fundada en 1984 en el barrio del Raval de Barcelona por el suizo Thomas Meyer, está presente en 107 países y facturó 332 millones de euros en 2024, ejercicio en el que volvió a números positivos con 313.000 euros de beneficio neto tras varios años en pérdidas.
La opción Desigual tiene su lógica en varios puntos de contacto entre ambas empresas. El propio Marc Calabia aterrizó en Desigual como director de producto tras salir de Pronovias. Varios responsables de marketing también han hecho ese mismo recorrido. Ambas compañías comparten incluso agencia de comunicación. Dicho esto, los retos son considerables: integrar el negocio del vestido de novia —que exige atención personalizada, equipos de arreglo y cadenas de suministro muy específicas— dentro de una empresa de moda prêt-à-porter es una operación compleja que no tiene precedentes claros en el sector.
La alternativa es Enduring, un fondo estadounidense que, de ganar la puja, añadiría un nuevo capítulo al historial de gestión financiera de Pronovias. Para quienes observan el proceso desde dentro del sector, la llegada de otro fondo sin experiencia en moda nupcial genera escepticismo.
El mercado nupcial ya no es el de antes
Más allá de quién compre, el reto de fondo es si Pronovias tiene recorrido en el mercado nupcial actual. El modelo de negocio que la hizo grande —comprar vestidos a mayoristas asiáticos y venderlos con margen bajo una marca de prestigio en tiendas propias— ha perdido terreno. Según fuentes del sector, desde la pandemia las novias se inclinan cada vez más por diseñadores independientes y casas pequeñas, alejándose de las grandes marcas. El mercado vuelve a estar atomizado, y un gigante como Pronovias tiene dificultades para competir en ese contexto.
El plan que tanto Desigual como Enduring han presentado al juez es similar al prepack concursal: desinversión en las compañías adquiridas en los últimos años, renegociación con los mayoristas y reducción de plantilla. De los 600 trabajadores actuales —ya mermados por un ERE en 2024—, ambas ofertas contemplan quedarse con unos 400. El juez valorará también el precio ofrecido y las condiciones de cada propuesta para tomar su decisión a lo largo de este mes de abril. La vuelta de la familia Palatchi está descartada, y su hijo ya ha emprendido con su propia marca. El futuro de Pronovias depende ahora de un proceso judicial que cerrará, de una forma u otra, uno de los capítulos más convulsos del textil catalán.