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Navascués: 40 años vistiendo a la nobleza española

El atelier madrileño fundado por Cristina Martínez-Pardo factura 800.000 euros anuales y elabora 200 vestidos a medida cada año.

Por Carlos García·viernes, 17 de abril de 2026·4 min lectura
Ilustración: Navascués: 40 años vistiendo a la nobleza española · El Diario Joven

Un accidente de coche a los 25 años cambió el rumbo vital de Cristina Martínez-Pardo Cobián. La madrileña, que entonces trabajaba como enfermera e instrumentista de quirófano, pasó dos años con muletas y tuvo que reinventarse. Lo que empezó como una forma de pasar el tiempo cosiendo desde su habitación en casa de sus padres se convirtió, cuatro décadas después, en uno de los ateliers de alta costura nupcial más reconocidos de España.

Hoy, el taller Navascués tiene su sede en la calle Villanueva, 10 de Madrid, frente al Museo Arqueológico Nacional, y factura alrededor de 800.000 euros al año. Su clientela incluye nombres como Bárbara Mirjan —quien eligió este atelier para casarse con Cayetano Martínez de Irujo en octubre de 2024—, Teresa Urquijo, Belén Corsini o Natalia Alfonsín. Novias de la nobleza y de la llamada jet set que confían en Navascués para el diseño y la confección a medida del vestido más relevante de su vida.

De lámparas infantiles a trajes de novia

Las primeras creaciones de Martínez-Pardo no tenían nada que ver con la moda nupcial. Empezó forrando muebles y lámparas de pino para habitaciones infantiles, y después pasó a chaquetas guateadas, que ella misma describe como una de las prendas más emblemáticas de sus comienzos. Poco a poco fue colocando pequeñas colecciones en tiendas multimarca, con las faldas de vestir como producto estrella.

El giro definitivo llegó en 1980, cuando una de esas tiendas le encargó un vestido de novia de urgencia para la nuera de la propietaria, que se había quedado sin traje a última hora. Ese encargo imprevisto despertó en ella una pasión por el proceso de vestir a las personas de forma personalizada y artesanal. El boca a boca hizo el resto, y en 1985 abrió oficialmente su primer taller en la calle Lagasca junto a sus hermanas.

Un modelo artesanal con vocación de permanencia

El equipo actual de Navascués oscila entre 21 y 24 personas según la temporada, organizadas en cuatro áreas: diseñadoras, patronistas, probadoras y oficialas. La firma elabora aproximadamente 200 vestidos al año, trabajando principalmente con sedas naturales y organzas. Martínez-Pardo supervisa personalmente cada prueba y no duda en desmontar una prenda tantas veces como sea necesario para garantizar que cada milímetro esté en su sitio.

La clientela del atelier es internacional. El taller ha confeccionado vestidos a medida para clientes procedentes de Estados Unidos, Suecia, Francia, Reino Unido y Portugal, entre otros países. Y su catálogo se ha ido ampliando con los años: desde 2012, a petición de sus clientas, también confecciona ropa para niños y niñas bajo la línea Navascués Kids, abarcando bautizos, comuniones y otros eventos. En 2025, el taller dio un nuevo paso al encargarse del vestuario de dos producciones teatrales: 'Los bandos de Verona', de Zorrilla, y 'Panorama desde el puente', de Arthur Miller.

El debate sobre la 'alta costura' en España

Más allá del trabajo en el taller, Martínez-Pardo lleva años defendiendo una causa que considera urgente: la regulación del término 'alta costura' en España. La denominación es de origen francés y está estrictamente controlada en Francia por la Fédération de la Haute Couture et de la Mode, que establece criterios claros sobre qué talleres pueden usarla. En España, en cambio, cualquier negocio puede autodenominarse de ese modo sin que existan criterios legales que lo regulen.

La diseñadora ha llegado a acudir al Parlamento Europeo para hablar sobre la importancia de la artesanía en la costura y reclama un reconocimiento oficial por parte del Estado español que proteja el oficio y diferencie el trabajo verdaderamente artesanal del que no lo es. Una reivindicación que conecta con un debate más amplio sobre la protección de los oficios tradicionales en Europa, donde instituciones como la Unión Europea han impulsado marcos para preservar el patrimonio artesanal.

El reto de la continuidad

Con 45 años de experiencia acumulada, Martínez-Pardo piensa en el futuro del taller con claridad: quiere que Navascués sobreviva más allá de ella. Para eso trabaja en profesionalizar la estructura interna del negocio y tiene entre sus proyectos la creación de una escuela de oficios o el establecimiento de colaboraciones con universidades. Su objetivo es transmitir a nuevas generaciones el rigor técnico de la costura artesanal y formar a diseñadores y artesanos que mantengan vivo ese estándar.

El caso de Navascués ilustra un modelo empresarial poco habitual en el sector de la moda español: un taller de tamaño medio, sin inversores externos ni expansión agresiva, que ha construido su reputación durante décadas a través de la calidad del producto y la fidelidad de una clientela muy específica. Una hoja de ruta que, en tiempos de fast fashion y colecciones efímeras, resulta casi contracultural.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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