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Europa ante su mayor prueba: actuar o quedarse atrás

La UE afronta una ventana de oportunidad histórica mientras el populismo retrocede y la presión geopolítica no da tregua.

Por Carlos García·sábado, 18 de abril de 2026Actualizado hace 6 min·5 min lectura·32 vistas
Ilustración: Europa ante su mayor prueba: actuar o quedarse atrás · El Diario Joven

La Unión Europea atraviesa uno de esos momentos en los que el contexto exterior, por una vez, juega a su favor. El populismo euroescéptico pierde fuelle en varios países clave, Donald Trump se debilita en el tablero internacional y algunas reformas estructurales que llevaban años bloqueadas vuelven a ganar tracción. La pregunta que flota sobre Bruselas es si esta vez los líderes europeos serán capaces de aprovechar la oportunidad o si, como en otras ocasiones, el impulso se diluirá en debates interminables.

En Hungría, la aplastante victoria de Péter Magyar frente a Viktor Orbán ha generado una oleada de optimismo en las instituciones europeas. A Magyar se le atribuye un perfil conservador pero europeísta y comprometido con el Estado de derecho, lo que contrasta radicalmente con los 16 años de Orbán bloqueando decisiones clave —desde las sanciones a Rusia hasta el paquete de ayuda a Ucrania— gracias a la regla de la unanimidad. Polonia ya recuperó el gobierno para el centroeuropeísmo, y en Francia ya no se da por inevitable un Elíseo bajo Marine Le Pen o su delfín Jordan Bardella en 2027, aunque tampoco se puede descartar. El repliegue de la ultraderecha es real, pero todavía frágil.

En el otro lado del Atlántico, la figura de Trump acumula debilidades. Sin aliados sólidos más allá de Israel, con un enfrentamiento abierto con el papa León XIV y cuestionado dentro de su propio partido, el presidente estadounidense podría convertirse en un 'lame duck' si los republicanos pierden la mayoría en el Congreso en noviembre. Su influencia en campañas electorales fuera de EE UU también ha dejado de sumar: en Canadá y Dinamarca, los votantes premiaron precisamente a quienes le plantaron cara. Europa tiene margen para actuar con más autonomía, pero no puede confiarse: un Trump sin nada que perder puede ser más imprevisible que nunca.

La reforma que no puede esperar más

El caso Orbán dejó una lección brutal sobre la gobernanza europea: un club de 27 países en el que las decisiones trascendentes requieren unanimidad es prácticamente ingobernable. Ursula von der Leyen ha vuelto a poner encima de la mesa el paso a mayorías cualificadas en política exterior, pero reformar los tratados para lograrlo exige, paradójicamente, unanimidad. No será sencillo. Mientras tanto, la Comisión ha apostado por las llamadas cooperaciones reforzadas y coaliciones de voluntarios como vía alternativa para desbloquear decisiones urgentes.

En defensa, el diagnóstico es claro: la OTAN ha perdido credibilidad como garante de seguridad desde que Trump amenazó con abandonarla, y la dependencia militar de Washington no se resolverá en pocos años. Casi todos los países europeos han prometido alcanzar el 5% del PIB en gasto militar en una década —España es una excepción notable—, pero el debate ha evolucionado: ya no se trata solo de gastar más, sino de construir capacidades conjuntas. El ejército europeo, que no reemplazaría a los ejércitos nacionales pero sí crearía unidades y misiones comunes, avanza como concepto aunque enfrenta resistencias históricas vinculadas a la soberanía nacional.

En el plano económico, los informes de Letta y Draghi sobre el mercado único y la competitividad europea llevan meses siendo aplaudidos sin que se hayan traducido en medidas concretas. Ahora el debate ha ganado velocidad. La unión bancaria y el mercado de capitales, promesas que llevan más de una década pendientes, vuelven a estar sobre la mesa con cierta urgencia. El Banco Central Europeo y las asociaciones bancarias presionan a la Comisión para acelerar, aunque chocan entre sí sobre los requisitos de capital. Se anuncian el euro digital y un equivalente europeo al Bizum, y se plantea que la Autoridad Europea de Valores y Mercados asuma la supervisión de activos cripto. De concretarse, serían avances significativos, aunque lleguen tarde.

Energía y soberanía tecnológica, dos asignaturas pendientes

La crisis energética actual, aunque distinta a la que siguió a la invasión de Ucrania en 2022, recuerda a ella en sus efectos. Si se consolida la apertura del estrecho de Ormuz, Europa tendrá que reflexionar sobre su modelo energético, hoy tan fragmentado como el número de países miembros: Francia apoya su sistema en la energía nuclear, Alemania apostó de forma imprudente por el gas ruso y España ha avanzado con fuerza en renovables. Las interconexiones entre países siguen siendo insuficientes, y la Comisión sabe que impulsarlas chocará con resistencias, especialmente con Francia.

En tecnología, Europa lidera la regulación pero carece de campeones propios. Las empresas del continente dependen por completo de Microsoft, Google o Amazon para servicios en la nube, software y sistemas operativos. Francia ha dado un paso relevante al anunciar que su Administración migrará de Windows a Linux para recuperar autonomía digital. Es un gesto simbólico, pero necesario. En el ámbito empresarial, la fragmentación del mercado interior desincentiva las fusiones transfronterizas: los gobiernos se resisten a perder el control de empresas estratégicas, como evidencia el complicado intento de Unicredit de entrar en Commerzbank. Bruselas ultima una reforma del modelo de autorización de fusiones que podría cambiar algo esta dinámica.

El debate sobre los eurobonos sigue abierto. Solo se han emitido en circunstancias excepcionales, como durante la pandemia, y persiste el recelo de los países del norte a compartir riesgo con los del sur. España plantea fórmulas para limitar ese riesgo compartido. Su potencial es enorme: no solo abarataría los costes de financiación de los estados miembros, sino que permitiría captar inversión global denominada en euros, reforzando el peso internacional de la moneda única.

Europa tiene sobre la mesa una hoja de ruta clara. Lo que falta, como tantas veces antes, es la voluntad política para ejecutarla. El momento es propicio, pero las ventanas de oportunidad se cierran.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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