Google está negociando una nueva inyección de capital en Anthropic que podría alcanzar los 40.000 millones de dólares (unos 34.150 millones de euros), según confirmó un portavoz de la compañía de inteligencia artificial a la agencia EFE. La operación se estructuraría con un desembolso inicial de 10.000 millones de dólares a la valoración actual de la empresa, mientras que los 30.000 millones restantes quedarían ligados al cumplimiento de determinados objetivos de negocio.
La cifra no es menor: The Wall Street Journal sitúa la valoración actual de Anthropic en torno a los 350.000 millones de dólares, casi 299.000 millones de euros, lo que la convertiría en una de las startups privadas más valiosas del mundo. Para poner eso en perspectiva, la compañía fundada en 2021 por ex empleados de OpenAI valdría más que empresas cotizadas con décadas de historia en sectores tradicionales.
Google no llega a esta operación desde cero. Según estimaciones del sector, el gigante tecnológico ya había destinado alrededor de 3.000 millones de dólares a Anthropic en rondas anteriores, consolidándose como socio estratégico e inversor minoritario. Un portavoz de la firma describió esta nueva entrada de capital como una ampliación natural de esa colaboración, que va mucho más allá de lo puramente financiero.
Una alianza tecnológica de fondo
El acuerdo incluye elementos que reflejan la profundidad de la relación entre ambas compañías. Anthropic utilizará chips TPU y servicios de Google Cloud para sostener su infraestructura, y el pacto contempla el despliegue de hasta cinco gigavatios de capacidad de computación a partir de 2027, con opción de ampliarla en el futuro. En un sector donde la potencia de cómputo es el recurso más escaso y más disputado, este tipo de acuerdos vale tanto como el dinero en sí.
Esta dimensión infraestructural es clave para entender por qué Anthropic busca tanto capital ahora mismo. La empresa asegura haber alcanzado una tasa de ingresos anuales de 30.000 millones de dólares, un salto espectacular respecto a los aproximadamente 9.000 millones registrados a finales del año pasado. El motor de ese crecimiento es Claude Code, su herramienta de programación asistida por IA, que ha ganado tracción rápidamente entre desarrolladores y empresas tecnológicas.
La carrera por la infraestructura de IA
No es solo Google quien apuesta por Anthropic. En las últimas semanas, la compañía ha asegurado compromisos de financiación de distintos inversores y acuerdos de infraestructura que suman hasta 65.000 millones de dólares, según informó la propia empresa. Ese músculo financiero tiene un objetivo concreto: ampliar la capacidad de computación para atender una demanda que crece más rápido de lo que sus sistemas actuales pueden absorber.
El contexto competitivo explica la urgencia. Anthropic compite directamente con OpenAI, respaldada por Microsoft con una inversión que supera los 13.000 millones de dólares, y con los propios modelos que desarrolla Google internamente, como Gemini. La carrera no es solo por tener el mejor modelo de lenguaje, sino por quién controla la infraestructura sobre la que correrán los sistemas de IA del futuro. En ese tablero, cada gigavatio de cómputo y cada dólar de inversión cuentan.
Para Google, la operación también tiene una lógica defensiva. Invertir masivamente en Anthropic le permite estar en primera fila de una tecnología que podría redefinir cómo se hacen búsquedas, cómo se desarrolla software y cómo las empresas automatizan procesos, sin depender exclusivamente de sus desarrollos propios. Es una estrategia de cobertura: si Anthropic acaba siendo uno de los grandes del sector, Google habrá asegurado su posición desde dentro.
Lo que está ocurriendo en el mercado de la IA recuerda, en escala y velocidad, a las grandes apuestas de capital riesgo de la era de internet. Pero con una diferencia: los números son mucho más grandes y los actores principales no son startups en garajes, sino las mayores corporaciones tecnológicas del planeta compitiendo por liderar la siguiente gran plataforma tecnológica. Anthropic, por ahora, parece haberse ganado un asiento privilegiado en esa mesa.