Adam Foods, la empresa de capital familiar que controla marcas como Cuétara, Artiach y Birba, ha dejado claro cuál será su hoja de ruta para los próximos años: salir del mercado ibérico y competir en nuevas geografías. La compañía, que factura en torno a 500 millones de euros anuales, tiene en su división galletera el motor principal del negocio, responsable del 90% de esos ingresos. Con ese punto de partida, el grupo trabaja ya en un plan estratégico para el período 2027-2030 centrado en dos ejes: la especialización en galletas y la expansión internacional.
El camino hacia esa estrategia ha implicado también decisiones de desinversión. En marzo de este año, Adam Foods vendió su negocio de pan de molde —que operaba bajo la marca Panrico— al grupo valenciano Vicky Foods, incluyendo la fábrica que tenía en Portugal. La lógica detrás de la operación es clara: el pan de molde funciona como una materia prima más, con márgenes ajustados y poca diferenciación, mientras que la estrategia de la compañía pasa por reforzar marcas con identidad propia. Desprenderse de ese negocio, aunque rentable, permite concentrar recursos en el área donde Adam Foods tiene mayor ventaja competitiva.
Liderazgo ibérico con techo de cuota
Ser el líder indiscutible en España y Portugal en el sector galletero tiene una cara menos amable: el margen de crecimiento orgánico en esos mercados es limitado. Cuando ya se tiene una cuota de mercado muy elevada, cualquier punto adicional cuesta mucho más de conseguir. Frente a eso, la empresa identifica como principal rival no a otra marca de fabricante, sino a la marca blanca del distribuidor, que compite directamente en precio y presencia en lineal.
Para contrarrestar esa presión, Adam Foods ha ampliado su apuesta hacia segmentos con mayor potencial de valor añadido. Las galletas saludables, los snacks para la merienda y los productos premium son los nichos donde la compañía busca capturar nuevo negocio sin depender únicamente del volumen. En esa línea han surgido lanzamientos como Cuétara All My o Artiach Indulgence, orientados a consumidores dispuestos a pagar más por propuestas diferenciadas. La innovación, en este contexto, no es un lujo sino una necesidad competitiva.
Marruecos y Polonia, los dos pilares exteriores
En el frente internacional, Adam Foods ya ha dado pasos concretos. El más reciente llegó en enero de este año con la compra de una planta en Marruecos, perteneciente a Biscoland, la antigua división galletera del grupo magrebí Holmarcom. Se trata de una instalación relativamente nueva con líneas de producción modernas, desde la que la compañía prevé empezar a fabricar este mismo año. El objetivo es ambicioso: que Biscoland aporte unos 50 millones de euros en ingresos en un horizonte de cinco años, con todas las marcas del grupo presentes en el mercado marroquí. Además, la planta servirá como base para llegar a otras zonas geográficas, incluyendo Oriente Próximo.
El otro bastión exterior es Polonia, donde Adam Foods opera a través de Dr Gerard, una empresa galletera local adquirida en 2023. La filial polaca factura ya 150 millones de euros y distribuye en varios países de Europa del Este, lo que la convierte en la punta de lanza del grupo en el mercado europeo fuera de la Península Ibérica. Más allá del volumen de negocio, Dr Gerard ha aportado otro valor no esperado: ha acelerado la capacidad de innovación del grupo, al incorporar procesos y referencias que luego pueden replicarse en otros mercados.
Consolidar antes de seguir avanzando
Con dos adquisiciones relevantes en menos de tres años —Polonia en 2023 y Marruecos en 2025—, la prioridad inmediata de Adam Foods es integrar y rentabilizar lo ya comprado antes de dar nuevos pasos inorgánicos. Digerir una adquisición implica alinear culturas empresariales, optimizar cadenas de suministro y asegurar que las sinergias prometidas se materializan en resultados reales. Es una fase menos vistosa que el anuncio de una compra, pero igual de determinante para el éxito a largo plazo.
El modelo de negocio de Adam Foods combina una estructura de marcas fuertes en el mercado ibérico con una presencia internacional que todavía está en construcción. Según datos del sector de gran consumo en España, las marcas de fabricante en alimentación han resistido razonablemente bien la competencia de la marca blanca en los últimos años, pero el diferencial de precio sigue siendo un factor crítico para el consumidor. En ese entorno, la apuesta por la internacionalización tiene doble sentido: diversifica riesgos geográficos y abre mercados donde la penetración de marca blanca es menor que en España o Portugal.
El reto de Adam Foods en los próximos años será convertir su liderazgo ibérico en una plataforma real de crecimiento global, sin perder de vista que la rentabilidad de cada operación es tan importante como su tamaño. La expansión hacia Marruecos y el Este de Europa son apuestas con lógica estratégica clara, pero su éxito dependerá de la ejecución en mercados con dinámicas muy distintas a las del negocio de origen.