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La propaganda iraní en tiempos de tregua con EE.UU.

Murales, inteligencia artificial y piezas de Lego: cómo Irán construye su relato frente a Trump en plena incertidumbre diplomática.

Por Carlos García·sábado, 25 de abril de 2026Actualizado hace 9 min·4 min lectura·3 vistas
Ilustración: La propaganda iraní en tiempos de tregua con EE.UU. · El Diario Joven

La tregua entre Estados Unidos e Irán, anunciada por Donald Trump el pasado martes, ha detenido por ahora cualquier escalada militar. Sin embargo, en las calles de Teherán y en las redes sociales, la República Islámica sigue librando otra batalla: la de la imagen y el relato. Murales gigantes, piezas de Lego convertidas en símbolo y herramientas de inteligencia artificial conforman el arsenal propagandístico con el que el régimen iraní responde a la presión estadounidense.

Javier Gil Guerrero, investigador del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra y autor de *La sombra del Ayatolá: Una historia de la República Islámica de Irán*, publicado por Ciudadela Libros, describe la situación con precisión: «Creo que la situación actual es la peor para la República Islámica; no hay negociación pero tampoco guerra». Esa ambigüedad, sin acuerdo ni conflicto abierto, es precisamente el caldo de cultivo en el que la propaganda oficial encuentra su razón de ser.

La batalla del relato visual

Irán lleva décadas perfeccionando el uso de murales urbanos como herramienta política. Desde la Revolución de 1979, las paredes de Teherán han funcionado como tablón de anuncios del poder clerical: primero contra el Sha, luego contra EE.UU. e Israel, y ahora también contra Trump en persona. La novedad en este ciclo es la incorporación de tecnología generativa para producir imágenes de alta calidad que circulan por plataformas digitales a una velocidad que los métodos tradicionales nunca podrían alcanzar.

Las herramientas de inteligencia artificial generativa permiten al aparato propagandístico del régimen generar en horas lo que antes requería semanas de trabajo de artistas y diseñadores. El resultado son composiciones cuidadas, con iconografía mezclada entre referencias religiosas chiíes, símbolos nacionales persas y mensajes anti-Washington, que se difunden tanto dentro del país como hacia audiencias internacionales en árabe, inglés y español.

El caso de las piezas de Lego merece una mención aparte. En los últimos meses han circulado imágenes y montajes en los que la marca danesa aparece resignificada como vehículo de crítica política. La infantilización del adversario —reducir a Trump o a los símbolos estadounidenses a figuras de plástico de colores— es una técnica de ridiculización que busca restar seriedad y legitimidad al enemigo ante la opinión pública doméstica.

Tregua sin negociación: el peor escenario para Teherán

Más allá de la propaganda, la situación geopolítica de fondo es compleja para el régimen. Según el análisis de Gil Guerrero, el impasse actual —ni guerra ni diálogo— priva a Irán de dos de sus principales bazas: la movilización interna que genera un conflicto abierto y la legitimidad internacional que otorga sentarse a negociar como igual. La tregua frágil que describe Trump no resuelve ninguna de las tensiones estructurales: el programa nuclear iraní, las sanciones económicas y el papel de Teherán en los conflictos de Oriente Próximo siguen sobre la mesa.

Israel, actor central en esta ecuación, observa con atención cada movimiento. La relación entre Tel Aviv y Washington bajo la administración Trump ha condicionado directamente la presión sobre Irán, y cualquier acercamiento diplomático entre EE.UU. y la República Islámica tendría consecuencias inmediatas para la seguridad israelí. Por eso, mientras la tregua se mantiene, los tres actores —Washington, Teherán y Tel Aviv— miden sus pasos con extrema cautela.

En ese contexto, la propaganda iraní cumple una función interna tanto o más importante que la externa: mantener encendida la llama del antagonismo con EE.UU. sirve al régimen para cohesionar a una población que, según distintos analistas, muestra un agotamiento creciente ante décadas de sanciones y aislamiento. El enemigo exterior sigue siendo el argumento más poderoso para justificar las restricciones internas.

Lo que sí queda claro es que la República Islámica ha aprendido a adaptar sus herramientas de comunicación a cada era. Si en los años ochenta el mural pintado a mano era suficiente, hoy el régimen combina ese legado visual con algoritmos y plataformas digitales para competir en un espacio de información global. La tregua puede ser frágil, pero la guerra de los relatos no ha hecho ninguna pausa.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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