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Guía para instalar Linux en tu PC sin miedo

Desde probarlo sin tocar Windows hasta borrar por completo el sistema de Microsoft: todas las opciones explicadas paso a paso.

Por Carlos García·sábado, 25 de abril de 2026·5 min lectura
Ilustración: Guía para instalar Linux en tu PC sin miedo · El Diario Joven

Linux atraviesa uno de sus mejores momentos en el ámbito doméstico. La integración de Steam y su capa de compatibilidad Proton ha logrado que miles de juegos diseñados para Windows funcionen sin problemas en este sistema operativo libre. A eso se suma el hartazgo creciente de muchos usuarios con las sucesivas actualizaciones de Windows 11, que han llegado acompañadas de fallos, ralentizaciones en equipos más antiguos y una integración cada vez más agresiva de herramientas de inteligencia artificial como Copilot. Y, en paralelo, desde instituciones europeas se vuelve a reclamar el uso de software de código abierto como alternativa al ecosistema tecnológico estadounidense. El resultado es que cada vez más personas se preguntan cómo dar el salto a Linux.

Antes de tomar ninguna decisión drástica, conviene conocer todas las opciones disponibles. No hace falta borrar Windows de golpe para empezar a usar Linux. Existen varias formas de acercarse a este sistema operativo, desde las más conservadoras hasta las más radicales, y cada una tiene sus ventajas según el perfil del usuario y el uso que se le quiera dar al equipo.

Probar Linux sin tocar el disco duro

La forma menos comprometida de conocer Linux es instalarlo en una máquina virtual. Herramientas gratuitas como VirtualBox o VMware permiten crear un entorno emulado dentro de Windows donde se puede instalar y ejecutar cualquier distribución de Linux. El sistema anfitrión sigue siendo Windows, pero dentro de él corre un segundo sistema operativo de manera simultánea. El rendimiento no será óptimo, especialmente en tareas exigentes como edición de vídeo o videojuegos, pero es más que suficiente para explorar la interfaz, acostumbrarse a los comandos básicos y evaluar si la experiencia convence.

Otra alternativa es arrancar Linux desde una memoria USB sin instalarlo en el disco del ordenador. Con una unidad de al menos 32 o 64 gigabytes y aplicaciones como Rufus o Balena Etcher, se puede grabar la imagen ISO de cualquier distribución y convertir ese pendrive en un sistema operativo portátil. Al reiniciar el ordenador y seleccionar el arranque desde USB en la BIOS o UEFI, Linux se ejecuta directamente desde la memoria externa. Los cambios y archivos que se guarden en esa sesión no afectan en absoluto al disco interno donde está instalado Windows.

Dual boot: Linux y Windows en el mismo equipo

Cuando el usuario ya tiene claro que quiere usar Linux de forma habitual pero no quiere renunciar a Windows por completo, la instalación en modo dual boot es la opción más extendida. La gran mayoría de distribuciones populares, como Ubuntu, Fedora o Linux Mint, ofrecen esta posibilidad durante el proceso de instalación. El instalador detecta que hay Windows en el disco y pregunta si se desea instalar Linux junto a él o en su lugar.

El procedimiento habitual parte del mismo USB preparado con Rufus o Etcher que se mencionaba antes. Se arranca desde esa unidad, se selecciona la opción de instalar y, en el paso de particionado del disco, se elige compartir espacio con Windows. A partir de ese momento, cada vez que se encienda el ordenador aparecerá un menú, llamado GRUB, que permitirá elegir con qué sistema arrancar. Desde Linux también es posible acceder a los archivos almacenados en las particiones de Windows, lo que facilita la transición sin perder documentos ni proyectos en curso. Eso sí, antes de comenzar cualquier instalación conviene hacer una copia de seguridad completa en un disco externo: aunque el proceso es seguro si se siguen los pasos correctamente, un error en el particionado puede conllevar pérdida de datos.

Pasarse a Linux por completo

La opción más radical es instalar Linux como único sistema operativo, borrando Windows del disco. Es el escenario que más usuarios evitan por miedo a quedarse sin acceso a aplicaciones o juegos que solo existen para Windows. Sin embargo, ese obstáculo es más pequeño de lo que parece.

En el caso de los videojuegos, Steam y Proton han cambiado completamente el panorama. Una parte significativa del catálogo de la plataforma ya es compatible con Linux de manera nativa o a través de esta capa de traducción. Para las aplicaciones de Windows que no tienen equivalente en Linux, existe Wine, un software que emula partes del entorno de Windows y permite ejecutar miles de programas sin necesidad de tener el sistema de Microsoft instalado. A diferencia de una máquina virtual, Wine no emula el hardware completo, sino solo las llamadas al sistema necesarias para que cada aplicación funcione, lo que lo hace más ligero y eficiente.

Manejar Wine de forma directa puede resultar complejo para usuarios sin experiencia técnica. Por eso existen interfaces gráficas y gestores que simplifican el proceso, como Bottles, que organiza las instalaciones de aplicaciones Windows en entornos aislados y automatiza buena parte de la configuración. Distribuciones como Zorin OS o Linux Mint están además específicamente diseñadas para facilitar la adaptación de quienes vienen de Windows, con interfaces similares y herramientas preinstaladas pensadas para ese perfil.

Elegir entre estas opciones depende en gran medida del uso que se haga del ordenador, del nivel de comodidad con la tecnología y de cuánto tiempo se esté dispuesto a dedicar a la transición. Lo que sí ha cambiado respecto a hace una década es que ninguna de estas rutas exige ser un experto en informática para completarla con éxito.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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