En vivo
Buscar

Malta paga 25.000 euros a jóvenes que dejen de conducir

El Gobierno maltés ofrece 5.000 euros anuales durante cinco años a menores de 30 años que renuncien al volante.

Por Carlos García·lunes, 27 de abril de 2026Actualizado hace 19 min·4 min lectura·1 vistas
Ilustración: Malta paga 25.000 euros a jóvenes que dejen de conducir · El Diario Joven

Malta ha puesto en marcha una de las iniciativas más llamativas de la Unión Europea para combatir la saturación del tráfico: pagar directamente a los conductores jóvenes para que dejen de serlo, al menos durante un tiempo. El programa ofrece 5.000 euros anuales durante cinco años —un total de 25.000 euros por persona— a quienes renuncien voluntariamente a conducir cualquier vehículo. La medida, impulsada por el Gobierno maltés, busca reducir el número de coches en circulación en uno de los territorios con mayor densidad de vehículos por habitante de toda Europa.

El contexto lo explica todo. Malta es un archipiélago pequeño, con una superficie de apenas 316 kilómetros cuadrados, donde viven alrededor de 570.000 personas. Ese territorio alberga un parque móvil de aproximadamente 460.000 vehículos, una proporción que convierte a las carreteras maltesas en un hervidero constante. Aparcar es una odisea, los desplazamientos cortos se alargan de forma absurda y la contaminación asociada al tráfico rodado es un problema crónico. Las autoridades llevan años buscando soluciones, principalmente mejorando el transporte público, pero los avances han sido lentos. Este plan introduce una palanca diferente: el incentivo económico directo.

Quién puede apuntarse y qué implica

No cualquier maltés puede acceder a la ayuda. El programa está diseñado exclusivamente para menores de 30 años que cumplan una serie de requisitos concretos: tener el permiso de conducir desde hace al menos un año, acreditar una residencia mínima de siete años en el país y presentar un historial sin multas. Este último filtro tiene una doble lectura: deja fuera a quienes han tenido infracciones, pero al mismo tiempo premia a los conductores más responsables, que son precisamente quienes el sistema querría mantener al volante.

Quien se adhiere al programa firma un contrato que le obliga a no conducir durante cinco años completos, y esa prohibición no tiene fronteras: aplica también fuera de Malta. No vale conducir de vacaciones en el extranjero ni ponerse al volante en ninguna circunstancia. Si se incumple, las consecuencias son severas: hay que devolver íntegramente todo el dinero recibido hasta ese momento y pagar además una multa adicional de 5.000 euros. Un incentivo claro para tomarse el compromiso en serio.

Al terminar los cinco años, quienes quieran volver a conducir no tienen que repetir el carnet desde cero. Basta con superar un curso de formación de 15 horas para actualizar conocimientos y garantizar que la reincorporación se produce con las garantías de seguridad necesarias. Una salida razonable para quienes decidan que, pasado ese tiempo, prefieren volver al volante.

Un presupuesto limitado con un impacto simbólico

El Gobierno maltés ha destinado 10 millones de euros a esta iniciativa, una cifra que, dividida entre los 25.000 euros que puede recibir cada participante, da como resultado un máximo de 400 beneficiarios. Cuatrocientas personas, cuatrocientos vehículos menos en unas carreteras que acogen casi medio millón. La aritmética deja claro que el impacto directo sobre la congestión será marginal: retirar 400 coches de un parque de 460.000 no transforma el problema estructural.

Sin embargo, quienes defienden la medida apuntan a otro tipo de impacto, menos cuantificable pero igualmente relevante. El debate generado en Malta alrededor de este plan ha conseguido algo que los datos fríos sobre contaminación o densidad de tráfico no habían logrado: que una parte significativa de la sociedad maltesa empiece a plantearse de verdad su relación con el coche. En ese sentido, los 10 millones invertidos funcionan también como una campaña de concienciación con premio incorporado.

La iniciativa conecta con una tendencia más amplia que se está abriendo paso en varias ciudades y países europeos, donde se buscan fórmulas para reducir la dependencia del vehículo privado sin prohibiciones directas. Según los datos de movilidad de la Comisión Europea, el transporte por carretera sigue siendo responsable de una parte muy relevante de las emisiones de CO₂ en los países miembros, lo que convierte la reducción del parque móvil en un objetivo político prioritario en toda la UE.

Malta, por su tamaño y sus condiciones geográficas, es un laboratorio ideal para este tipo de experimentos. La isla no tiene margen para ampliar infraestructuras viarias y su red de transporte público ha mejorado en los últimos años pero sigue siendo insuficiente para absorber toda la demanda. En ese contexto, pagar a la gente para que no conduzca no es una ocurrencia: es una apuesta por cambiar hábitos cuando las alternativas estructurales avanzan demasiado despacio. Si el experimento funciona, otros países de la UE podrían tomar nota.

Compartir:XFacebookWhatsAppEmail

Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

También te puede interesar