El Granada se llevó los tres puntos ante la Cultural Leonesa en un partido que acabó con sólo nueve jugadores rojiblancos sobre el césped. La primera expulsión llegó en el minuto 64 con la tarjeta roja a Diallo, pero la que más revuelo generó fue la que vino después, ya en el tiempo de descuento, cuando Jorge Pascual también tuvo que marcharse a los vestuarios antes del pitido final. La afición no entendía nada y el propio técnico Pacheta no daba crédito desde el banquillo.
La explicación llegó horas después, cuando se hizo pública el acta arbitral. El colegiado Alejandro Ojaos describió con detalle la razón de la expulsión: el jugador se dirigió al árbitro asistente desde el suelo, en señal de disconformidad, llamándole "puto bigotes" mientras se llevaba el dedo índice al labio superior imitando precisamente ese gesto. Una actuación que el árbitro consideró suficiente para mostrarle la cartulina roja de forma directa y sin dudarlo.
Las consecuencias de esa decisión van más allá del partido en sí. El caso está ahora en manos del Comité de Competición de la RFEF, el organismo encargado de fijar las sanciones correspondientes. Cuando una expulsión viene acompañada de insultos a los colegiados, el castigo habitual supera el partido estándar que conlleva una roja directa. En este caso se baraja una sanción de entre dos y seis encuentros, dependiendo de cómo valore el Comité el nivel de desconsideración hacia el asistente.
El Granada, que logró la victoria con evidente sufrimiento y con dos jugadores menos, afronta ahora el siguiente compromiso con bajas importantes. Ni Diallo ni Jorge Pascual estarán disponibles el próximo domingo en el estadio Carlos Belmonte, y este último podría incluso perderse también el desplazamiento posterior a Almería si la sanción finalmente se sitúa en el tramo alto de lo previsto.