A diez kilómetros de la costa de Shanghái, en el lecho del Mar de China Oriental, un cilindro de acero alberga servidores que se enfrían con agua marina y reciben electricidad directamente de aerogeneradores offshore. Se llama Lingang Subsea Data Center y acaba de entrar en funcionamiento como el primer centro de datos submarino del mundo con autonomía energética renovable. Detrás del proyecto están Shanghai Hailan Cloud Technology (HiCloud) y la constructora CCCC Third Harbor Engineering, con un presupuesto de unos 200 millones de euros.
La idea resuelve de un golpe varios de los mayores quebraderos de cabeza del sector. Por un lado, la refrigeración: el agua del océano actúa como disipador térmico permanente y gratuito, lo que permite prescindir de los enormes sistemas de aire acondicionado que en un centro de datos convencional devoran entre el 40% y el 50% de la electricidad. Eso se traduce en un PUE (la métrica estándar de eficiencia energética) de diseño inferior a 1,15, frente al 1,5 habitual en instalaciones terrestres. Por otro, elimina por completo el consumo de agua dulce, ya que el intercambio térmico se hace directamente con el océano. Y además aprovecha un problema clásico de la eólica: la energía sobrante que se genera cuando sopla el viento pero no hay demanda suficiente. Al conectarse directamente a los aerogeneradores mediante dos cables submarinos de 35 kV, el centro de datos funciona como un consumidor constante que absorbe esa producción en tiempo real.
La primera fase, que ya está operativa, tiene una capacidad de 2,3 megavatios e incluye un módulo de datos vertical sumergido, un centro de control en tierra y los dos cables principales. Los servidores se alojan en cabinas presurizadas de acero rellenas de gases inertes para evitar la corrosión, con un diseño que minimiza el impacto del oleaje. Instalar la estructura en alta mar fue una operación de precisión milimétrica: la holgura entre las patas de soporte y los pilotes del lecho marino era de apenas 18 centímetros, con una desviación máxima permitida de 10, según los datos del proyecto.
El nombre de HiCloud no es nuevo en este campo. La compañía ya desplegó un prototipo submarino frente a la isla de Hainan entre 2021 y 2024. El referente internacional más conocido es el Proyecto Natick de Microsoft, activo entre 2013 y 2024, que demostró que los servidores submarinos fallan mucho menos que los terrestres (solo 8 de 864 dejaron de funcionar) y logró un PUE de 1,07. Sin embargo, Microsoft acabó descartando la vía submarina por las dudas sobre costes de mantenimiento y viabilidad económica a largo plazo.
El proyecto Lingang cuenta con respaldo institucional de primer nivel: figura en la lista de proyectos de demostración de tecnología verde de la NDRC, el máximo organismo de planificación económica de China. Además, un consorcio formado por HiCloud, Shenergy Group, China Telecom Shanghái, INESA y CCCC Third Harbor Engineering firmó en octubre de 2025 un acuerdo para escalar la capacidad hasta 500 MW vinculados a eólica offshore, aunque no se han hecho públicos ni el calendario ni la ubicación exacta.
Conviene, eso sí, poner los números en perspectiva. Los 2,3 MW actuales son esencialmente una demostración tecnológica: un centro de datos comercial grande opera entre 50 y 500 MW. La segunda fase, que elevaría la potencia a 24 MW, todavía no tiene fecha oficial. Y quedan abiertas las mismas incógnitas que dejó sin resolver el proyecto de Microsoft: cómo se reparan servidores a decenas de metros bajo el agua, cuánto cuesta el mantenimiento a largo plazo y si toda esta ingeniería puede competir económicamente con las alternativas terrestres. HiCloud no ha publicado todavía protocolos ni estimaciones de costes de reparación. La ambición es evidente; la prueba de fuego, escalar.