Pedro Sánchez aterrizó el pasado fin de semana en Pekín para su cuarta visita a China, la primera con estatus oficial de visita de Estado. Durante tres días, el presidente del Gobierno español mantendrá reuniones con el presidente chino Xi Jinping, con inversores, y con grandes empresas tecnológicas y energéticas, con un objetivo económico muy claro: reducir el desequilibrio comercial entre ambos países y atraer capital chino hacia España.
El contexto geopolítico no puede ser más convulso. La guerra arancelaria impulsada por Donald Trump, las tensiones derivadas de la invasión rusa de Ucrania y ahora el conflicto en Oriente Próximo han reconfigurado las alianzas económicas globales. En ese escenario, el Ejecutivo español considera que China es un socio estratégico que no puede ignorarse, y busca consolidar esa relación desde una posición más equilibrada.
Las cifras explican la urgencia del viaje. Según datos del propio Gobierno, España exportó bienes a China por valor de 7.972 millones de euros en 2024, mientras que importó mercancías por 50.250 millones, lo que arroja un déficit comercial de 42.278 millones de euros. Reducir esa brecha requiere tanto abrir el mercado chino a más productos españoles —especialmente del sector agroalimentario— como despejar el acceso a materias primas críticas como las tierras raras.
La agenda de Sánchez arrancó con una conferencia en la Universidad Tsinghua, una de las más prestigiosas del país, seguida de una visita a la Academia China de las Ciencias y un encuentro con Lei Jun, fundador del gigante tecnológico Xiaomi. Los actos más relevantes del protocolo diplomático llegan este martes, con la reunión bilateral con Xi Jinping y un almuerzo oficial en el Gran Palacio del Pueblo. También están previstas reuniones con el presidente del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional, Zhao Leji, y con el primer ministro Li Qiang, con quien se firmarán acuerdos bilaterales en materia educativa, tecnológica y cultural.
El miércoles, Sánchez se reunirá con algunas de las empresas chinas más relevantes en sectores estratégicos: el fabricante de automóviles Chery, el líder mundial en baterías para vehículos eléctricos CATL, la eléctrica estatal China Three Gorges —responsable de la mayor central hidroeléctrica del mundo— y el conglomerado de infraestructuras energéticas CEEC. La apuesta por la energía limpia y la movilidad eléctrica centra buena parte del interés inversor.
Del lado español, el presidente también se verá con compañías nacionales ya presentes en el mercado chino: la ingeniería energética Técnicas Reunidas, Mondragón Internacional, la biofarmacéutica Grifols y la empresa de energía solar MASPV. El objetivo es terminar de allanar su camino en China y abrir la puerta a nuevos sectores todavía con escasa presencia.
La delegación española defenderá además la posición europea ante las importaciones chinas subvencionadas que distorsionan la competencia en el mercado comunitario, así como las trabas que encuentran las empresas europeas para invertir en China debido a la protección de patentes y tecnología. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, se sumará a la comitiva durante la jornada del martes para reforzar el componente diplomático del viaje.