En enero de 2026, las principales plataformas de vídeo en China estrenaron más de 14.600 series cortas creadas íntegramente con inteligencia artificial. Son cerca de 470 títulos diarios distribuidos a través de apps como Douyin o Hongguo, un volumen de producción sin precedentes en ningún otro mercado audiovisual del mundo. Sin embargo, la inmensa mayoría de esas producciones pasa completamente desapercibida para el público.
Los microdramas —conocidos en China como *duanju*— son series diseñadas para el móvil con episodios de entre dos y cinco minutos. Se basan en adaptaciones de novelas web y se financian con micropagos y publicidad algorítmica, no con suscripciones. Sus tramas son deliberadamente repetitivas: romances melodramáticos, venganzas exprés, viajes en el tiempo, todo condensado para consumir en trayectos cortos de transporte público. El formato ya era un fenómeno masivo antes de la irrupción de la IA: el mercado chino del microdrama pasó de generar 500 millones de dólares en 2021 a superar los 9.400 millones en 2025, con más de 830 millones de usuarios, según recoge Pandaily. Es decir, un sector que ya supera en ingresos a la taquilla cinematográfica del país.
Lo que ha cambiado radicalmente es el coste de producir estas series. Un microdrama rodado con actores reales costaba en torno a un millón de yuanes en 2024. Con herramientas de generación por IA como Kling o Seedance, el precio se desploma hasta los 50.000-100.000 yuanes (entre 6.000 y 12.000 euros), y en los estudios más ajustados puede bajar a 30.000 o 40.000 yuanes por serie completa. El coste por minuto de contenido ha caído de entre 3.000 y 5.000 yuanes a principios de 2024 a un rango de 200 a 1.000 yuanes en la actualidad. Esa reducción ha permitido la entrada masiva de pequeños estudios y ha impulsado a empresas como Jiangyou Culture, respaldada por China Literature (filial editorial de Tencent), que ya cuenta con mil empleados y factura alrededor de 1.000 millones de yuanes anuales con márgenes del 20-30%.
Pero la producción masiva no se traduce en audiencia masiva. De las 127.800 series de IA en circulación a febrero de 2026, solo el 0,12% superó los 100 millones de reproducciones. En Douyin, de 60.000 series de IA lanzadas en 2025, apenas 96 alcanzaron esa cifra. La serie de IA más vista acumuló unos mil millones de reproducciones, lejos de los 4.400 millones de la producción con actores reales más exitosa. Los espectadores notan la artificialidad, el llamado *uncanny valley* destruye la conexión emocional y, sobre todo, reduce la disposición a pagar.
El modelo de negocio predominante funciona como un arbitraje de tráfico: producir barato con IA, invertir de forma agresiva en publicidad dentro de las plataformas para captar visitas y sobrevivir del margen restante. En marzo de 2026, el gasto diario en publicidad de microdramas de IA en Douyin superó los 70 millones de yuanes, rebasando por primera vez al de las producciones con actores. El bucle se sostiene económicamente incluso sin grandes audiencias, al menos por ahora.
Quienes más sufren las consecuencias son los profesionales del sector. El actor Li Wenhao, que en 2023 llegó a trabajar 50 días seguidos en rodajes de microdramas, en marzo de 2026 solo tuvo seis jornadas laborales. Estudios como Chengdu Zhongdu han anunciado el abandono total de la producción con actores reales para reconvertir sus equipos a IA. La actriz Hao Lei, una de las voces más reconocidas del cine dramático chino, ha declarado que la inteligencia artificial reemplazará al 90% de los intérpretes.
Al desplazamiento laboral se suma un problema ético que crece sin control: la apropiación no autorizada de rostros. A principios de 2026, un drama histórico de 72 episodios generado con IA apareció en Hongguo y se volvió viral antes de que una creadora de contenido especializada en indumentaria tradicional descubriera que uno de los personajes llevaba su cara. Casos similares han afectado a estrellas como Yi Yangqianxi (Jackson Yee), Xiao Zhan o Dilraba Dilmurat, pero resultan especialmente graves cuando las víctimas son personas anónimas que solo descubren el uso de su imagen por casualidad. Cualquiera que haya subido suficiente material a internet como para entrenar un modelo de IA es, potencialmente, una víctima más de este mercado desbocado.