Los principales bancos españoles están a punto de presentar sus resultados del primer trimestre de 2026 y todo apunta a que volverán a batir récords de beneficios. Sus máximos ejecutivos llevan semanas trasladando el mismo mensaje en público: el crecimiento continúa, aunque con más matices que en años anteriores. El contexto geopolítico pesa, pero no tanto como para tumbar las cuentas.
El estallido de un nuevo conflicto armado en Oriente Próximo a finales de febrero ha generado distorsiones macroeconómicas significativas: el precio del petróleo y otras materias primas ha repuntado, la inflación ha girado al alza y el comercio internacional ha vuelto a sufrir tensiones. La directora del Fondo Monetario Internacional ha advertido de que el mundo ya no es el de antes del conflicto y que las consecuencias económicas serán duraderas.
Sin embargo, el impacto en los bancos españoles durante el primer trimestre es limitado porque el conflicto estalló tarde en el período. Las consecuencias reales, de materializarse, llegarán en el segundo semestre. Aun así, los analistas esperan que las entidades adopten cierta prudencia en sus previsiones y refuercen sus colchones de provisiones como medida preventiva.
Por qué España aguanta mejor que otros
España parte de una posición más ventajosa que la mayoría de sus vecinos europeos. Su dependencia energética de Oriente Próximo es relativamente baja, gracias tanto a los contratos de suministro firmados con otras regiones como al mayor peso de las energías renovables en su mix eléctrico. A eso se suma que el turismo sigue siendo un motor económico de primer orden, la construcción está ganando tracción y el consumo interno se mantiene sólido.
El Banco de España, junto a los servicios de estudios de BBVA y CaixaBank, mantiene la previsión de crecimiento del PIB español por encima del 2% para este ejercicio, una cifra que destaca frente a la mayoría de economías comparables y que da margen a las entidades para sostener sus planes estratégicos.
El giro en los tipos de interés, un inesperado favor
Otra variable que juega a favor de los bancos es el cambio de expectativas sobre los tipos de interés. El escenario que manejaban hace unos meses —nuevas bajadas del precio del dinero por parte del BCE— ha dado un giro. Ahora se habla de posibles subidas si la inflación se muestra más persistente de lo esperado. Para las entidades financieras, eso equivale a más ingresos por intereses y a que la mejora de márgenes llegue antes de lo previsto.
El empleo también ayuda: las previsiones apuntan a la creación de cerca de medio millón de puestos de trabajo en 2026. Con un mercado laboral fuerte, la morosidad se mantiene baja y la necesidad de provisiones extraordinarias por impagos es reducida, lo que protege la cuenta de resultados.
Entidades como CaixaBank, Unicaja o Bankinter —cuyo negocio se concentra principalmente en España— habían revisado al alza sus objetivos estratégicos a principios de año. Santander y BBVA, con mayor exposición internacional, también trasladaban un mensaje de tranquilidad antes de que el conflicto en Oriente Próximo alterara el tablero. El consenso entre sus directivos es que los beneficios de 2026 seguirán creciendo, aunque a un ritmo más moderado que en los últimos ejercicios.