La ruta de la cascada de hielo de Khumbu, paso indispensable para las expediciones al Everest y Lhotse, ha sido finalmente equipada y declarada segura, permitiendo el inicio de la temporada de ascensiones primaverales en 2026. Trece guías de montaña de la Asociación de Operadores de Expediciones de Nepal (EOAN), junto a ocho especialistas en la cascada de hielo, lograron completar el complejo trabajo de asegurar el paso hasta el Campo 2. Esta apertura se ha producido con un retraso de ocho días respecto al año anterior, debido a la presencia de un gigantesco serac que generaba un riesgo significativo de avalancha, tal como informó El Diario Joven previamente.
El equipo, conocido informalmente como los “Doctores de la Cascada de Hielo”, ha trabajado incansablemente para establecer la ruta a través de uno de los tramos más peligrosos y dinámicos del Everest. La cascada de Khumbu es una masa de hielo glaciar en constante movimiento, llena de grietas, torres de hielo inestables (seracs) y pasos difíciles que cambian anualmente, e incluso diariamente, requiriendo una revisión y reequipamiento constante. Su apertura marca el pistoletazo de salida para los cientos de alpinistas que esperan ascender las cumbres más altas del mundo.
Un desafío de seguridad superado
La principal dificultad de este año fue un enorme serac que amenazaba directamente el paso inferior. Pemba Sherpa, coordinador de instalación de cuerdas de la EOAN, confirmó el éxito de la operación. Los guías consiguieron establecer un camino seguro, incluyendo la colocación de cinco escaleras estratégicas, que pasa por debajo de la masa de hielo inestable, minimizando el riesgo para los escaladores. Tras asegurar el Campo 1, lograron extender la ruta hasta el Campo 2, que sirve como base avanzada para las rotaciones de aclimatación y el asalto final a la cumbre. Este trayecto no solo es crucial para el Everest, sino también para aquellos que buscan coronar el Lhotse y el Nuptse.
La complejidad técnica y el peligro inherente de la cascada de Khumbu exigen que un grupo de expertos evalúe y asegure cada temporada el trazado con cuerdas fijas y escaleras, facilitando el tránsito de los alpinistas. Sin su labor, la ascensión sería virtualmente imposible para la mayoría de las expediciones comerciales. La demora en esta fase inicial ha generado preocupación entre la comunidad alpinista, ya que reduce la ventana de tiempo para las rotaciones de aclimatación, fundamentales para que los cuerpos de los escaladores se adapten a la extrema altitud.
Preocupación por las aglomeraciones en la cumbre
Para esta temporada, el Ministerio de Cultura, Turismo y Aviación Civil de Nepal ha emitido un total de 425 permisos para el Everest, distribuidos entre 42 equipos, y otros 111 para el Lhotse. China lidera la lista de nacionalidades con 98 permisos, seguida de Estados Unidos con 57 y la India con 46. El gran número de alpinistas, sumado al retraso en la apertura de la ruta, ha reavivado el temor a que se repitan las temidas “colas” y aglomeraciones en los tramos más altos, especialmente en el llamado “Cuello de Botella” y la “Arista de la Cumbre”, puntos críticos donde el flujo de personas puede ralentizarse drásticamente.
Estos atascos no solo son frustrantes, sino que aumentan significativamente los riesgos, exponiendo a los escaladores a un mayor tiempo en la “zona de la muerte”, donde la falta de oxígeno y las bajas temperaturas pueden tener consecuencias fatales. La Asociación de Operadores de Expediciones de Nepal (EOAN), responsable de la logística de muchas de estas expediciones, juega un papel clave en la coordinación y la seguridad, trabajando en estrecha colaboración con las autoridades para mitigar estos riesgos. La información detallada sobre el estado de la ruta ha sido seguida de cerca, como publicó The Tourism Times, un referente en noticias del sector.
La temporada de primavera en el Everest es la más concurrida y propicia para los ascensos, gracias a unas condiciones meteorológicas relativamente estables antes de la llegada del monzón. Con la ruta principal ya abierta, los equipos comenzarán ahora sus rotaciones de aclimatación entre los diferentes campos de altura, un proceso gradual y metódico que puede durar varias semanas. Finalmente, otro equipo de guías se encargará de equipar el camino desde el Campo 2 hasta las cumbres del Everest y el Lhotse, completando así toda la infraestructura necesaria para los intentos de cumbre. La esperanza es que, a pesar del inicio tardío, la temporada transcurra sin incidentes graves y los alpinistas puedan alcanzar sus objetivos de manera segura.
Este año, la gestión del flujo de alpinistas y la coordinación entre las diversas expediciones serán más críticas que nunca. Las imágenes de congestión en años anteriores han generado debates sobre la sostenibilidad del alpinismo masivo en el Everest y la necesidad de implementar medidas más estrictas para garantizar la seguridad y la experiencia en la montaña. Con la ruta abierta y los equipos preparándose, la atención se centra ahora en cómo se desarrollarán los ascensos en las próximas semanas, con la esperanza de que la precaución y la buena planificación prevalezcan sobre los desafíos inherentes a la montaña más alta del mundo.