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Petra tenía tuberías de plomo presurizadas en pleno desierto

Un equipo de la Universidad Humboldt de Berlín descubre que el sistema hídrico nabateo era mucho más complejo y avanzado de lo que se creía.

Por Carlos García·domingo, 26 de abril de 2026Actualizado hace 10 min·4 min lectura·2 vistas
Ilustración: Petra tenía tuberías de plomo presurizadas en pleno desierto · El Diario Joven

Petra es una de las ciudades más fotografiadas del mundo, pero su fachada de roca rojiza ha eclipsado durante décadas algo igual de extraordinario: la red de agua que la mantenía viva en mitad del desierto jordano. Un equipo de investigación de la Universidad Humboldt de Berlín acaba de publicar en la revista académica *Levant* un estudio que reescribe lo que sabíamos sobre esa infraestructura. El hallazgo cambia la imagen de los nabateos como ingenieros hidráulicos y sitúa su tecnología a la altura de la romana.

El descubrimiento central es un tramo de 116 metros de tubería de plomo presurizada, conservada en su lugar original en las laderas del Jabal al-Madhbah, dentro del acueducto de 'Ain Braq. La prospección abarcó un área de 2.500 metros cuadrados y, además de esa canalización, los investigadores documentaron nueve conductos en total, un gran depósito sellado por una presa, dos cisternas y siete cuencas de distintos tamaños y funciones. No es un sistema construido de una vez, sino el resultado de al menos dos fases tecnológicas superpuestas.

Dos tecnologías, dos épocas

La clave del hallazgo está en esa superposición: primero se instaló la red de plomo presurizada y, en un momento posterior, fue sellada y reemplazada por una red de canales abiertos y tuberías de terracota. Este cambio no es menor. El plomo requiere minería, transporte y artesanos especializados, lo que implica un nivel de recursos y conocimiento técnico que, hasta ahora, no se asociaba con infraestructuras exteriores en esta región. Su uso en el exterior de edificios es poco habitual en el Mediterráneo oriental y rivaliza directamente con los logros de ingeniería de Roma.

El investigador principal del estudio, Niklas Jungmann, interpreta este sistema como un símbolo de poder además de una solución técnica. La red alimentaba el embalse de Az-Zantur, ubicado en una cresta elevada desde la que el agua podía distribuirse con presión hacia monumentos como el Gran Templo o el Complejo del Jardín y la Piscina. Estructuras que, como subraya el propio Jungmann, necesitaban suministro continuo y fiable. Tener agua corriente en el desierto no era solo comodidad: era una declaración política. Quien controlaba el agua controlaba la ciudad.

El contexto cronológico apunta a que la fase de plomo corresponde al apogeo del Reino Nabateo, probablemente durante el siglo I d.C. y el reinado de Aretas IV, cuando Petra vivió una explosión urbana y constructiva. El posterior paso a la terracota coincide con la anexión romana en el año 106 d.C. y los ajustes económicos y administrativos que trajo consigo. La terracota es más fácil de mantener y más barata de producir: un cambio pragmático ante una nueva realidad política.

Una metodología diferente

El enfoque metodológico del equipo también merece atención. Los estudios clásicos sobre Petra abordaban la ciudad desde una perspectiva general y recurrían con frecuencia a extrapolaciones para rellenar los vacíos. Jungmann optó por lo contrario: concentrarse en un área pequeña y trabajarla con precisión. El equipo utilizó fotogrametría y modelos digitales de elevación para entender cómo el terreno condicionaba el flujo del agua y dónde era imprescindible usar presión. En lugar de excavar en busca de objetos, priorizó la lectura de la estratigrafía y la morfología de la propia infraestructura. Ese cambio de escala es lo que permitió ver lo que otros habían pasado por alto.

Petra disponía de tres grandes sistemas de suministro hídrico: el del Siq, el de 'Ain Braq y el de Wadi Mataha, cada uno diseñado para responder a los desafíos geológicos y físicos específicos de su entorno. Juntos abastecían a una ciudad que tenía baños, jardines ornamentales, instalaciones de agua para uso religioso y monumentos de uso continuo. En un entorno semiárido, dominar el agua era el requisito previo para construir una civilización. Los nabateos lo lograron con una sofisticación que este estudio apenas empieza a destapar.

El propio Jungmann advierte de las limitaciones del trabajo. La prospección fue una primera campaña, realizada en septiembre de 2023, y la vinculación con el reinado de Aretas IV es plausible pero no definitiva. La datación precisa requiere más trabajo de campo. Tampoco aborda el estudio la cuestión de la toxicidad del plomo, aunque en aguas calcáreas como las de la región el carbonato de calcio tiende a formar una capa interna que aísla el metal del agua, lo que reduciría significativamente el riesgo de contaminación.

Lo que sí queda claro es que la gestión del agua en Petra era más avanzada, experimental y adaptable de lo que la arqueología había reconocido hasta ahora. El mapa que se tenía estaba incompleto. Y posiblemente lo siga estando.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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