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Los bombardeos israelíes amenazan el patrimonio histórico de Líbano

La necrópolis romana de Tiro y otros 73 sitios protegidos sufren daños estructurales por las explosiones en el sur del país.

Por Carlos García·viernes, 17 de abril de 2026Actualizado hace 7 h·4 min lectura·6 vistas
Ilustración: Los bombardeos israelíes amenazan el patrimonio histórico de · El Diario Joven

La guerra está dejando una factura que va más allá de las vidas humanas y la infraestructura civil. En el sur de Líbano, las explosiones de los bombardeos israelíes están provocando daños estructurales en algunos de los yacimientos arqueológicos más importantes del Mediterráneo. El director general de Antigüedades de Líbano, Sarkis Khoury, lleva semanas denunciando una doble destrucción: la inmediata, visible en muros y museos, y la que llegará en años, cuando las vibraciones hayan debilitado estructuras de dos mil años de antigüedad.

El caso más preocupante es el de la necrópolis de Al Bass, en Tiro, una ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y que alberga un arco romano del triunfo del siglo II y uno de los hipódromos más grandes del Imperio Romano. A comienzos de marzo, un ataque registrado en las inmediaciones del recinto causó daños directos en el muro perimetral y en un museo que aún estaba en construcción en su interior. Khoury explica que las piezas móviles más valiosas ya fueron trasladadas a zonas más seguras del país, pero advierte que ese traslado tiene un límite evidente: el sitio en sí no se puede mover.

Lo que más inquieta a los expertos no son solo los impactos directos, sino el efecto diferido de las vibraciones. Las detonaciones registradas a pocos metros de las estructuras generan ondas que, combinadas con la acción de las lluvias en los próximos años, pueden provocar grietas profundas en columnas, arcos y muros que llevan siglos en pie. "Las estructuras arqueológicas son frágiles. A medio plazo, en tres o cuatro años, pueden aparecer daños que hoy no vemos", señala Khoury. Es un problema que no genera titulares inmediatos, pero cuyas consecuencias pueden ser irreversibles.

Protección internacional insuficiente

La respuesta institucional existe, pero sus límites son evidentes. Líbano ha logrado inscribir un total de 73 yacimientos bajo el amparo del Segundo Protocolo de la Convención de La Haya, el tratado internacional que protege el patrimonio cultural en conflictos armados. De ellos, 34 fueron inscritos durante la guerra de 2024 y otros 39 han obtenido ese estatus en 2025. Los sitios protegidos están señalizados con el escudo azul, el emblema reconocido por el convenio. Sin embargo, la presencia de ese símbolo no ha impedido los ataques.

Esta misma semana, la Dirección General de Antigüedades presentó una queja urgente ante la Unesco tras el ataque a un templo en la zona de Chamaa, en el sur del país, que cuenta con estatus de protección reforzada desde 2024. Según Khoury, no es la primera vez que ese sitio es atacado desde que recibió la clasificación, sino la segunda. Además, hay indicios de que el lugar está siendo arrasado con maquinaria pesada como consecuencia de los combates terrestres, lo que ha llevado a las autoridades libanesas a solicitar protección internacional urgente ante la ONU.

El listado de patrimonio afectado crece con cada semana de conflicto. Los castillos cruzados de Tebnine y Beaufort, el mercado histórico de Nabatieh y edificios históricos en localidades como Yaroun o Blida forman ya parte del inventario de daños. En la guerra de 2024, según el propio director de Antigüedades, quedaron completamente destruidos unos 40 pueblos, incluyendo sus cementerios, sus olivares centenarios y los yacimientos arqueológicos que los rodean.

Cinco mil años de historia en riesgo

Khoury recurre a una cifra para poner en perspectiva lo que está ocurriendo: el sur de Líbano tiene más de cinco mil años de historia documentada. Fenicios, griegos, romanos, cruzados y otomanos dejaron capas de civilización sobre un mismo territorio. Cada pueblo destruido implica también la pérdida de vestigios de esas épocas, muchos de ellos aún sin excavar. "Destruir un sitio conocido es un crimen, pero destruir uno desconocido es aún peor, porque nos priva del conocimiento futuro", afirma.

En 2024, un bombardeo impactó muy cerca de las ruinas grecorromanas de Baalbek, en el este del país, otro de los conjuntos arqueológicos más relevantes del mundo árabe y también declarado Patrimonio de la Humanidad. Las autoridades libanesas temen que bajo los terrenos bombardeados haya restos históricos aún sin catalogar que estén siendo destruidos sin que nadie lo sepa.

El responsable de Antigüedades reconoce que la capacidad de respuesta de Líbano es "muy humilde" frente a la escala de los ataques, y plantea una pregunta sin respuesta fácil: qué puede hacer un país cuando las explosiones no solo matan personas y derriban edificios, sino que literalmente cambian la geografía. La comunidad internacional, a través de organismos como la Unesco, dispone de mecanismos de denuncia y presión diplomática, pero su capacidad para detener los bombardeos en tiempo real es, hasta ahora, prácticamente nula.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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