Ángel Simón celebra este martes su primer consejo de administración ordinario como presidente de Indra, la empresa tecnológica española en la que el Estado, a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), acumula el 28% del capital. La sesión llega cargada de preguntas sin respuesta: qué ocurrirá con la fallida operación con Escribano Mechanical and Engineering (EM&E), cómo se articulará el consejo en los próximos meses y si la compañía tiene músculo suficiente para cumplir con los contratos de defensa que ya tiene firmados.
Simón fue elegido presidente por una ajustada mayoría, lo que ya de entrada marcó el tono de un mandato que arranca con tensiones internas. A diferencia de su antecesor, Ángel Escribano, el nuevo presidente no tiene funciones ejecutivas: esas competencias recaen en el consejero delegado, José Vicente de los Mozos. Se trata de un modelo de gobernanza diferente, que separa la representación institucional de la gestión operativa del día a día.
Aunque el orden del día de la reunión no ha trascendido oficialmente, fuentes conocedoras del asunto apuntan a que se analizarán los resultados del primer trimestre, que la propia compañía tiene previsto presentar el próximo 30 de abril. El consejo se convierte así en una toma de temperatura interna antes de esa presentación pública, en un momento en el que los inversores tienen los ojos puestos en la capacidad de Indra para ejecutar lo que ya tiene comprometido.
La sombra de EM&E y la salida de Escribano
El contexto inmediato no puede entenderse sin repasar los últimos meses. Ángel Escribano dimitió el Miércoles Santo después de que la SEPI exigiera a Indra que resolviera el conflicto de interés generado por la posible operación entre la tecnológica y EM&E, empresa propiedad del propio Escribano y de su hermano Javier, que sigue siendo consejero dominical en el consejo. La SEPI consideraba que negociar una adquisición con una empresa del presidente suponía una situación incompatible con el buen gobierno corporativo.
Los hermanos Escribano intentaron inicialmente salvar la situación renunciando a la operación, pero finalmente Ángel Escribano optó por dimitir. Eso no cierra el asunto: ahora flota en el aire si la operación podría retomarse con Simón al frente, y también si EM&E, que controla el 14% del capital de Indra, reclamará un segundo representante en el consejo de administración, algo que por porcentaje le correspondería. La compañía no ha aclarado este punto.
Capacidad industrial y contratos de defensa, el foco del mercado
Más allá de la política interna, los analistas tienen puesta la atención en una pregunta muy concreta: ¿puede Indra asumir los compromisos adquiridos en el sector de la defensa? Antonio Castelo, analista de iBroker, señala que lo más relevante ahora mismo es si la compañía dispone de capacidad industrial real para entregar el material comprometido en los contratos ya firmados. En un contexto de rearme europeo y de aumento del gasto en defensa entre los socios de la OTAN, Indra ha acumulado contratos. El reto ahora es la ejecución.
Esta cuestión conecta directamente con el debate estratégico que Simón está tratando de ordenar antes de la reunión. Según informó La Vanguardia, el nuevo presidente se ha reunido individualmente con cada consejero para escuchar sus prioridades antes del consejo del martes. Las posiciones no son uniformes: hay consejeros que apuestan por el crecimiento inorgánico, es decir, comprar otras empresas para ganar tamaño y capacidades; otros prefieren apostar por identificar tecnologías clave donde Indra pueda competir por contratos en la Unión Europea y en otros países de la OTAN. El debate, según esas mismas fuentes, sigue abierto.
El plan estratégico, aplazado hasta octubre
Uno de los asuntos pendientes más relevantes es la segunda fase del plan estratégico de Indra, denominado 'Leading the Future'. Estaba previsto que se presentara en la primera mitad de 2025, pero finalmente ha sido aplazado hasta octubre. El cambio de presidencia y la convulsión interna de las últimas semanas explican buena parte de ese retraso. Simón y De los Mozos ya se han reunido con toda la plantilla para explicar las líneas generales de la estrategia, una señal de que quieren proyectar estabilidad interna antes de lanzar mensajes al exterior.
El consejo de administración cuenta actualmente con 15 miembros, siete de ellos independientes. Uno de los puestos previstos en la última junta ordinaria quedó sin cubrir por una incompatibilidad del candidato. La próxima junta de accionistas, que inicialmente figuraba para el 24 de junio en el calendario del inversor, ha desaparecido de esa agenda sin que se haya anunciado una nueva fecha. La SEPI, como principal accionista, seguirá siendo una pieza clave en cualquier decisión de calado que tome el órgano de gobierno en los próximos meses.
En definitiva, Simón llega a su primera sesión ordinaria con una agenda informal que va mucho más allá de los resultados trimestrales: necesita consolidar su posición, cerrar los flecos dejados por su antecesor y marcar una hoja de ruta creíble en un sector, el de la defensa tecnológica, que no admite dilaciones.