La cumbre informal de presidentes celebrada en Ayia Napa, Chipre, iba a ser una cita centrada en Oriente Medio y en el nuevo marco presupuestario europeo para 2028-2034. Sin embargo, Ucrania volvió a acaparar el protagonismo. Al término de una reunión previa al encuentro principal, Ursula von der Leyen, António Costa y Volodímir Zelenski comparecieron juntos para anunciar que ha llegado el momento de abrir formalmente el proceso de adhesión de Ucrania a la Unión Europea.
El cambio político en Budapest es el factor que lo hace posible. La derrota de Viktor Orbán en las elecciones húngaras elimina el principal obstáculo que durante años bloqueó cualquier avance serio en este asunto. Las decisiones en materia de política exterior y ampliación requieren unanimidad en el Consejo Europeo, y Hungría ejercía ese veto de forma sistemática. Con Orbán ya de salida, su país delegó en un embajador su representación en Ayia Napa, y los líderes pudieron hablar con una libertad que hasta ahora no tenían.
"Tenemos nuevas circunstancias, así que quizás podamos avanzar con cosas que antes estaban bloqueadas", señaló Kaja Kallas, alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, en declaraciones recogidas durante el encuentro. La frase resume con precisión el nuevo escenario: la aritmética del Consejo ha cambiado, y con ella las posibilidades reales de actuación del bloque comunitario en uno de los expedientes más sensibles de la última década.
Zelenski llegó a Chipre con dos buenas noticias bajo el brazo. Los líderes le confirmaron la aprobación definitiva del préstamo de 90.000 millones de euros destinado a sostener financieramente a Ucrania durante este año y el próximo. A eso se sumó el respaldo al vigésimo paquete de sanciones contra Rusia, una medida orientada a limitar la capacidad del Kremlin de mantener la maquinaria de guerra en marcha. "Queremos ser parte de la Unión Europea lo más rápido posible", respondió el presidente ucraniano ante unos líderes que, esta vez, escucharon sin excepciones.
Costa fue explícito en cuanto al siguiente paso: abrir formalmente los primeros grupos de capítulos de negociación para la adhesión. Von der Leyen, por su parte, señaló que los esfuerzos reformistas realizados por Kiev no admiten más dilaciones. El primer ministro estonio, Kristen Michal, fue más directo aún al afirmar que durante demasiado tiempo el bloque había sido "rehén" de Orbán, y que la incorporación de Ucrania a la UE debe ser ahora el siguiente punto en la agenda. Macron, más cauto en las formas, confió en que la Comisión Europea presente en las próximas semanas un calendario claro con las condiciones que Ucrania y Moldavia deben cumplir para abrir los capítulos pendientes.
Un proceso que no será ni rápido ni sencillo
Incluso en el escenario más optimista, la adhesión de Ucrania llevará años. El proceso de ampliación de la UE es técnicamente complejo y políticamente delicado. La incorporación de un país del tamaño y la situación de Ucrania tendría implicaciones directas en áreas como la Política Agraria Común, uno de los mayores capítulos de gasto del presupuesto europeo, o en el equilibrio de poder dentro de las instituciones comunitarias.
Además, existe una brecha visible entre los propios líderes sobre cómo debe gestionarse este proceso. Países como Estonia o Chipre defienden un procedimiento acelerado y extraordinario dada la situación de guerra. Otros, como Luxemburgo o Bélgica, advierten de que no deben tomarse atajos y que las reformas en materia de estado de derecho, lucha contra la corrupción y transparencia son innegociables. La pertenencia al club europeo implica cumplir estándares que, si se relajan en la entrada, pueden generar problemas de gobernanza interna en el futuro.
Francia y Alemania han puesto sobre la mesa una tercera vía: un modelo de adhesión gradual o parcial que permita a Ucrania acceder a los beneficios de la UE en aquellos ámbitos en los que ya cumpla los requisitos, dejando el resto en espera hasta que se alcancen los hitos reformistas marcados por la Comisión. Esta fórmula busca equilibrar la urgencia política con la exigencia técnica, aunque su viabilidad jurídica dentro del marco europeo actual es un debate aún abierto.
Qué viene ahora
Tras la discusión sobre Ucrania, los presidentes retomaron durante la noche los temas originalmente previstos: la situación en Oriente Medio, el impacto energético sobre Europa y el arranque del debate sobre el Marco Financiero Plurianual. Para la jornada siguiente estaba prevista la participación de líderes de Líbano, Siria y Jordania, países directamente afectados por el conflicto regional. El debate sobre los nuevos presupuestos europeos, aplazado ya en dos ocasiones anteriores, también debía abordarse.
Lo que ha quedado claro en Ayia Napa es que el tablero europeo ha cambiado de forma estructural. El fin del veto húngaro no resuelve todos los problemas, pero sí abre una ventana de posibilidades que llevaba años cerrada. El ritmo y la forma en que se aproveche esa ventana marcarán uno de los capítulos más importantes de la historia reciente de la Unión Europea.