Uno de los locales más singulares de Madrid vuelve a abrir sus puertas. Los Gabrieles, el establecimiento de la calle Echegaray que llegó a congregar entre sus paredes a toreros, escritores, políticos y artistas de la talla de Valle-Inclán o Ava Gardner, regresa tras veintiún años de cierre con un proyecto ambicioso que mezcla taberna, restaurante, bodega y sala de música en vivo. Detrás de la reapertura está Coke Riera, productor audiovisual y fotógrafo, que asume la dirección del espacio.
La historia de este local arranca en 1907, cuando abrió sus puertas en la calle Visitación —hoy rebautizada como Manuel Fernández y González— con una propuesta que en aquel momento resultaba casi revolucionaria: comida elaborada en cazuelas de gran tamaño cocinadas en hornos de gas, desde cocido hasta callos, para llevar. Lo que hoy llamaríamos take away funcionaba entonces bajo una lógica de cocina popular accesible. En 1910 el negocio se trasladó a su ubicación actual en Echegaray y cambió de concepto, adoptando el formato de restaurante de cocina andaluza y tomando el nombre de Los Gabrieles.
Fue poco después cuando el local adquirió el aspecto que le dio fama. Andrés Quijano, que gestionaba el negocio por aquel entonces, llegó a acuerdos con distintas bodegas de Jerez para decorar la totalidad del espacio interior con azulejos pintados. El resultado fue un recubrimiento cerámico excepcional, ejecutado por ceramistas y pintores de la época, con referencias visuales a marcas de vino y nombres de bodegas jerezanas. Con los años se incorporó también la denominación de colmado flamenco, consolidando al local como punto de encuentro de la vida cultural y social madrileña de la primera mitad del siglo XX. Alfonso XIII y Primo de Rivera figuran entre los nombres que pisaron sus suelos.
Ese patrimonio artístico es precisamente lo que convirtió la reapertura en un proceso largo y complicado. Los Gabrieles está catalogado con el grado máximo de protección patrimonial y es conocido popularmente como la Capilla Sixtina del Azulejo, una distinción que impone restricciones rigurosas sobre cualquier intervención en el espacio. La restauración fue llevada a cabo por ECRA, una empresa certificada por Patrimonio, que tuvo que afrontar un estado de conservación delicado: algunos azulejos habían sido tapados durante reformas anteriores y la gran mayoría necesitaban trabajo de restauración tanto en el interior como en la fachada exterior, que ha recuperado el aspecto que tenía en 1910. El proyecto también encontró trabas burocráticas y judiciales que retrasaron el proceso durante años.
"Ha sido un proyecto muy complicado de sacar adelante, que siempre ha buscado poner en valor la joya que es este lugar", explicó Riera en la presentación del nuevo local. La frase resume bien el espíritu de una reapertura que no busca reinventar el espacio, sino devolverle la dignidad que el tiempo y el abandono le habían ido quitando. El resultado es un establecimiento distribuido en tres plantas con usos diferenciados pero conectados por la misma identidad visual y cultural.
En la planta de calle se sitúa la taberna principal, con mesas altas y bajas dispuestas en torno a una barra. Es el espacio más dinámico y accesible, pensado para el consumo informal y el tapeo. En el sótano se desarrolla el restaurante formal, con varias estancias, reservados y la bodega, un entorno más recogido donde los azulejos cobran especial protagonismo al enmarcar la experiencia gastronómica. La planta superior albergará la Sala de las Provincias, destinada a actuaciones en directo con programación de flamenco y otros géneros como el jazz, recuperando así parte del espíritu de colmado flamenco que tuvo el local en sus mejores épocas.
Al frente de la cocina está Ander Galdeano, un cocinero con experiencia en proyectos como TriCiclo o el Grupo Monio, dos referencias consolidadas dentro de la escena gastronómica madrileña. Su propuesta deberá estar a la altura de un entorno que impone, y el propio Riera lo ha sintetizado con claridad: "El objetivo es tener una buena oferta para comer y beber que haga justicia a las paredes que nos rodean". Una declaración que, en este caso, no es metáfora sino una descripción casi literal del reto.
La reapertura de Los Gabrieles llega en un momento en el que Madrid vive un ciclo de recuperación de espacios históricos con valor patrimonial, un fenómeno que combina la presión del turismo cultural con un interés creciente por la hostelería con identidad propia. El local se encuentra en pleno Barrio de las Letras, una de las zonas con mayor densidad de oferta gastronómica y cultural de la capital, lo que le da una posición privilegiada pero también muy competida. Con más de un siglo de historia a sus espaldas y una restauración que ha costado años de trabajo, Los Gabrieles vuelve con la intención de ser algo más que un restaurante: un argumento cultural en sí mismo.